martes, 5 de mayo de 2026

El poderío de las ilegalidades

 El país está confundido y apesadumbrado por culpa del terrorismo, su perversa ventaja es atacar sorpresivamente en dónde y cuándo menos se espera generando muchísimos daños, dolor y desconcierto, mientras de manera simultánea, al desatar pánico y arrojar cifras tan altas de muertes, están desafiando el Estado. El gobierno del presidente Petro, además, enfrenta las críticas más mordaces de sus opositores y los sesgos evidentes en la información de los medios de comunicación masivos. Las instituciones parecieran en sintonía bajo la consigna de mantenerse en contra de todo lo que él diga o haga, con la consecuencia lógica de una población en permanente zozobra, desesperanzada, e intranquila por donde vaya o esté. Independiente del desprecio por los espacios, discurso, posiciones y hechos que se enmarcan en el gobierno actual tratando de posicionar su proyecto  político, los sectores de la clase empresarial, la dirigencia en distintos escenarios del día a día, los  políticos en ejercicio y sus seguidores, podrían aportar sus liderazgos en aras del bienestar común; pero no, es evidente que se priorizan intereses completamente ajenos al sentimiento que compromete a individuos y conglomerados con un propósito que supere egoísmos y ambiciones particulares. No es necesario llegar a la complacencia con protagonismos que no nos sean gratos, que no compartamos, pero sí es imperativo testimoniar con actitudes y acciones propositivas, las reiteradas frases que no pasan de un decir: ¡Amo a mi país! ¡Tenemos que salvar el país que amamos! Imposible salvar un país a punta de mensajes hostiles contra un gobierno que atraviesa situaciones demasiado criticas para enfrentarlas solo. Nos guste o no, hasta el 7 de agosto de este año, ese es el mandato elegido hace cuatro años, el mismo que enfrenta con el pueblo impotente, feroces practicas terroristas golpeando a la población inerme. Tenemos un ministro de Defensa profundamente comprometido con sus deberes, sin embargo, por parte del Congreso colombiano no ha sido llamado más que a exigirle y hostigarlo, no a ofrecer la colaboración que les obliga, pero desconocen. Las instituciones que tanto se pronuncian para reclamar respeto, ignoran juramentos que deben ser sus prioridades, aunque el gobierno de turno no les guste.

Y mientras el país se desvela por la zozobra y la incertidumbre provocadas como respuesta del terrorismo a los intentos fallidos que claman todo cese infernal, se agudiza la infame insensatez de voceros afanados en el objetivo de sembrar aquel miedo que convierte a los ciudadanos buenos en seres vulnerables que se dejan llevar por tácticas maquiavélicas de sabedores como lo son los deseosos de poder, aprovechando las ventajas a su favor cuando hay caos o crisis. Si hasta las comunidades indígenas -supuestamente afines con las políticas del actual gobierno- proceden a sus reclamaciones sin los diálogos pertinentes, sino por el contrario, perjudicando el diario vivir necesario para la libre movilidad de los ciudadanos, acudiendo a modalidades que riñen con los derechos colectivos (el derecho a la protesta no se les limita, pero los derechos también tienen límites) ¡qué esperanzas! Entre tanto, y como para empeorar el cuadro aparece otra crisis; ésta, a escala “domestica”, está al interior de la Casa de Nariño. Cuando más se necesita plena armonía para impedir o sofocar crisis y desasosiegos -que hasta cierto punto pueden ser normales en la repartición de burocracia- cuando urge la eficiencia en un entorno de entendimiento y buenas relaciones colaborativas, el ambiente laboral se tiñe de conflictos inundados de quejas y reclamos. El presidente Gustavo Petro es muy confiado, muy permisivo, o delega demasiados asuntos que no deberían escapar de sus manos. Con razón entre sus funcionarios más cercanos no solamente hay desavenencias, sino que algunos han ido más allá, es vergonzoso el descubrírseles graves hechos de corrupción. No conocemos de ningún gobierno anterior, en el que trasciendan tantas reservas que deberían permanecer en el ámbito de la prudencia, atender y resolver. Desde cuando la señora Laura Sarabia allá en palacio, hasta hoy,  el chismorreo va y viene, es comidilla mediática,  y las carpetas marcadas con etiquetas que dicen “Documentos para  denuncia en Fiscalía”,  se mueven y comentan  más que los informes de gestión gubernamental eficaces, que no son pocos,  los también abundantes fracasos sumados en este gobierno; en ninguno otro tantas  “devoluciones” que por una u otra razón, o simplemente por falta de voluntad  política, encierran contenidos sumamente importantes,  los mismos que ni siquiera son leídos y analizados con la responsabilidad debida.

Increíble cómo, en un país que ha soportado las violencias de toda naturaleza por más de siete décadas, que a diferencia de otros países con los que nos quieren comparar los “futurologos” negacionistas, aquellos y nosotros tenemos diferentes características, historia y problemas. Ahora tenemos que padecer y enfrentar los efectos gravísimos del narcotráfico enraizado y con fuertes tentáculos en organizaciones que antes eran guerrillas; ahora, al parecer, no tenemos guerrillas sino simplemente narcoguerrillas, además de grupos criminales en economías ilegales que desangran al país con actividades en las que participan sectores inimaginables.  El Estado colombiano entonces, no es un aparato cohesionado que esté soportado en una estructura de fuertes convicciones con sentido del deber patriótico, no pasan de ser básicamente tres ramas del poder público reclamando por el respeto de su independencia, pero haciendo de lado la misión institucional de cada una con integridad incondicional, entendiendo que a la hora de contener los frentes que atacan la estabilidad de la Nación, no es criticando desde sentimientos de rencor, soberbia y egoísmo, como  se consolidan fuerzas para la protección ciudadana.

En esta confusión y el caos consecuente, sus peores causantes fructifican. Si chocaran con una sociedad integrada por organismos, sectores y ciudadanos realmente conscientes del poder que entraña la unión de voluntades -reitero, independiente de idearios o propósitos individuales o colectivos sectarios que apuntan a otras ordenaciones de poder o régimen gubernamental- podríamos, tal vez, canalizar estrategias que enfrenten el poderío de las ilegalidades que nos golpean tan duramente.

domingo, 22 de febrero de 2026

Nos urge educación ambiental

 


Por Claudia Posada

La situación que enfrentan comunidades y autoridades, tanto locales como subregionales, debido a los percances que se vienen sucediendo como consecuencia de los desbordamientos e inundaciones en varias zonas de algunos departamentos de Colombia, es mucho más grave de lo que vemos -muy, muy triste - a través de imágenes e informes de noticieros y redes sociales. Las causas de la tragedia, que apenas sí percibimos desde la comodidad de quienes no la estamos padeciendo, han sido expuestas por entendidos en asuntos semejantes. Hemos oído a los analistas y estudiosos quienes, en su gran mayoría, de manera muy objetiva hablan fundamentados en el conocimiento. Casi todos coinciden en que la principal causa identificada se concentra en las lluvias precipitadas muy por encima del promedio histórico, y se atribuye a frentes fríos (fenómeno meteorológico que arrastra “aire polar” a zonas cálidas, trastornando los climas) viajando desde el hemisferio norte; esto llevó a la acumulación de humedad en los suelos y a sistemas fluviales insuficientes para absorber o recibir tal cantidad de agua. A raíz de lo anterior, el exceso de lluvia elevó los niveles de los ríos, y, en consecuencia, el Sinú y el San Jorge se desbordaron causando inundaciones en las llanuras alcanzando zonas urbanas y rurales. Los afluentes se han mantenido tan altos que saturan los terrenos y se extienden por superficies ganaderas, agrícolas y además áreas pobladas.

Sabido -aunque algunos no lo aceptan- es lo dicho por científicos y autoridades meteorológicas que concuerdan en cómo el cambio climático está alterando los patrones, tanto de lluvias como de sequías.  En Colombia, los frentes fríos generaron lluvias intensas y prolongadas, las cuales, obviamente sin manera de prever, incrementaron las consecuencias de aguaceros no esperados. Hoy lo lamentamos y la realidad nos convoca a ser solidarios.  Por su parte el presidente Gustavo Petro, lógicamente preocupado con la situación aquejando a pobladores de Córdoba, Sucre, Antioquia, Guajira, Chocó y Magdalena; manifestó que el embalse Urrá, en Córdoba, podría haber influido en la inclemencia de las inundaciones, lo cual, no puede interpretarse como un despropósito del señor presidente, ni tampoco como descuido de los operadores del embalse; es posible que haya influido si es que allí se superaba el nivel de los limites de seguridad, lo cual no significa descuido al momento de la tragedia  sino que pudo darse fluidez natural de agua en un sistema ya sobrecargado, lo que pudo sumar volumen y velocidad a la trayectoria descontrolada. Se supo que la Central Hidroeléctrica Urrá I tomó medidas operativas luego de lo acontecido como fueron, por ejemplo, el apagar sus turbinas de generación de energía para disminuir descargas al Sinú, lo mismo que hacer uso exclusivo del vertedero, de manera que el agua saliera solamente por el denominado, también, rebosadero.  

De otro lado, se dijo que la Autoridad de Licencias Ambientales, ANLA, inició un proceso sancionatorio dado que el embalse, sistemáticamente, ha excedido los niveles de seguridad. Será su tarea averiguarlo. Por lo demás, lo cierto es que, en los desastres que llamamos naturales (Y no me refiero a este sucedido en Colombia) intervienen no pocas veces, además de la naturaleza, acciones irresponsables por desconocimiento, también de mala fe algunas veces, y muchas otras en razón de prioridades: Ambiciones desbocadas por encima del raciocinio.  Son muchísimas las prácticas que atentan contra el equilibrio ambiental. Bien vale la pena recordar que cometemos “crímenes ambientales” que nos perjudican a nosotros mismos, pero por igual, a infinidad de seres humanos y a seres sintientes que sufren las consecuencias por hechos o costumbres de arrogantes e insensibles.  A los habitantes de nuestro generoso planeta, bellamente nombrado por el Papa Francisco como “la casa común”, nos urge empaparnos más de su Encíclica Laudato Si, cuyo objetivo fue -según él mismo- “Proteger nuestra casa común por el bien de todos, abordando de forma equitativa la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la sostenibilidad ecológica”. Y si tal encíclica no fuera tomada simplemente como “material de la Iglesia Católica” sino como texto inspirado en principios de la convivencia humana en la “casa común”, podríamos entenderlo y aplicarlo a manera de guía para la educación ambiental.

martes, 11 de noviembre de 2025

No más burlarse del electorado

 


Por Claudia Posada

Los escenarios políticos no son muy limpios que digamos. ¡Nada qué hacer! En

las luchas por el poder tal parece que la consigna es “Todo se vale”. Y no

solamente es por conquistar el poder que no se ha tenido, también por

reconquistar el que se tuvo, o por permanecer en él. Como estamos en una de las

etapas de proselitismo previas a elecciones legislativas y a escasos meses de

tener nombres definitivos para disputar la presidencia de Colombia, el ruido de las

campañas sucias confunde y en consecuencia aturde. Somos los potenciales

electores quienes más nos quejamos de cómo nos agobian los rifirrafes que no

nos dejan ponderar sensatamente considerando que en particular, quienes no

pertenecemos a ninguna rama del poder público, es decir, no trabajamos con el

Estado, no tenemos interés distinto a ejercer un derecho ciudadano para contribuir

en democracia, con el ánimo de depositar un voto que sume para llevar al poder a

los mejores que de verdad busquen el bienestar del país; aunque a veces

quisiéramos ser como aquellos que no se dañan el día viendo o leyendo la

ordinariez de propaganda que inunda las redes sociales contra opositores, y

olvidarnos de campañas políticas.

Desde las acciones de campaña hasta el ejercicio del poder, una gran mayoría de

políticos mienten, simulan, disfrazan. Se burlan de los ciudadanos. ¿A quiénes

están dirigidas las campañas? Generalmente a grupos segmentados por edades,

estratos socioeconómicos (según necesidades básicas insatisfechas en unos y ya

satisfechas en otros) características geográficas, demográficas … pero a partir de

algunos años hacia acá, buscan emocionar a ciudadanos de supuestas tendencias

ideológicas con las que dicen entusiasmarse simplemente repitiendo lo reiterativo

en los discursos de los candidatos que les gustan, sin escudriñar. En anteriores

campañas, los electores decían ser liberales o conservadores, en ese sentido

optaban por el candidato oficial de su partido; ahora, según estudios de análisis

electoral, el comportamiento político del elector es muy distinto y como tal, la

estructura de campañas sí que lo es. Por ejemplo, Gustavo Petro fundamentó su

campaña en las promesas que se asocian a igualdad de oportunidades y el

rescate de una vida digna que disminuyera la desigualdad social tan gravemente

acentuada en el país; no importó a sus electores que los candidatos de derecha

aseguraran que un candidato de izquierda llevaría a Colombia a convertirse en un

Estado según el modelo venezolano. En cambio, la explicación del porqué

obreros y trabajadores de menores ingresos votaron (y volverán a hacerlo) por el

candidato de la derecha (en ese momento Rodolfo Hernández) fue cómo caló en

ellos el decir, por ejemplo, que con un gobierno de izquierda la inversión

escasearía y con ello los empleos. La izquierda populista del “kirchnerismo” en


Argentina, por ejemplo, prometía un Estado defensor de los pobres y enemigo del

neoliberalismo. Juzguen ustedes si hubo o no engaños. Eso es ponderar y sacar

conclusiones. Hagámoslo con respecto a legisladores y gobierno actuales.

¿Por qué decir que los políticos en campaña (y estando elegidos también) se

burlan de los ciudadanos? Pues porque las redes sociales facilitan la legitimación

de contenidos concebidos para engañar o mentir, para desprestigiar y confundir. Y

ellos lo aceptan. Es por la desconfianza creada por la misma clase política y

tantísima confrontación entre las extremas, que los potenciales electores están

pensando en el centro como alternativa electoral. Se vio en la encuesta reciente

que Sergio Fajardo arrastra simpatías, sin aspavientos, lejos de las garroteras

marca preferencias; lo mismo parece atraer de Iván Cepeda, inclusive dijo que no

quiere ir a debates que se perciban como camorristas, no quiere provocaciones

hirientes. En cambio, para los candidatos y precandidatos de la derecha las cosas

no andan bien, las preferencias están muy repartidas, y entre ellos hay duras

hostilidades incluso al interior de colectividades que fueron sólidas se ve tirantez.

Acuerdos que no cuajan, alianzas que no pelechan. Les va a tocar volverse serios,

no más burlarse del electorado como lo vemos en representantes de la izquierda y

de la derecha.

Cómo nos gustaría mayor compromiso de los medios con uno de los principios del

periodismo: equilibrio informativo. Pero si de asuntos políticos se trata es en donde

menos se están respetando principios éticos.

(Publicado en El Reverbero de Juan Paz)

Confrontemos discursos con hechos antes de decidir

 

Por Claudia Posada

Estamos a siete meses de la llamada primera vuelta para elegir al presidente de

Colombia que a partir del 7 de agosto del 2026 entre a ocupar la Casa de Nariño.

La jornada electoral para ese fin es el 31 de mayo del próximo año, fecha en la

cual elegiremos presidente y vicepresidente, siendo posible que de no tener

alguno de los candidatos la mayoría, habrá un mes después la segunda vuelta

para decidir definitivamente entre los dos primeros que es definido por la mayoría

de votos. En este momento estamos en la etapa en la que se van decantando

nombres, depuración que hacen las colectividades bajo distintos mecanismos. La

izquierda, con su consulta partidista ya determinó por la participación de los

ciudadanos seguidores de sus tesis, su preferencia, y es así como será Iván

Cepeda el político que se prepara para enfrentar la campaña que termina en mayo

pero que en el momento apenas sí tiene en conversaciones a los dirigentes que

buscan concretar nombres con los que competirán por el poder del gobierno

nacional. La tarea no está fácil. Cuando los aspirantes son tantísimos, cuando no

hay firmeza de convicciones y lo que se mira estratégicamente desde

conveniencias circunstanciales, no se enmarca en afinidades conceptuales,

ideológicas y mucho menos en propósitos que rigen los principios inspiradores del

ejercicio político, aparecen más reclamos que buenas alianzas.

Mientras tanto, en las bases de los partidos y en la ciudadanía en general, las

conjeturas se fundamentan en la credibilidad o no que se percibe cuando hay

interés en mirar posturas, declaraciones y, desde luego, comentarios, entrevistas y

en las inevitables redes sociales, con su seriedad y objetividad, algunas veces, o

acomodos a libretos (inclusive en medios tradicionales) más de lo creemos. Entre

comunidades organizadas, familias y grupos pensantes y participativos que se

prestan a los análisis sin apasionamientos, y fuertes e influyentes posiciones de

contratistas de profesión; también entre sectores con interés legítimos y otros no

tanto, se da más desconcierto y desconfianza que certezas. Ser capaces de

analizar, por ejemplo, las grandes diferencias entre los discursos de Gustavo Petro

e Iván Cepeda, siendo ambos representantes auténticos de la izquierda

colombiana (no aparecidos oportunistas) testimonia la incapacidad de definir

cuándo entre tantos aspirantes, que dicen ser de derecha, centro o izquierda, hay

congruencia entre lo que se dice, se siente y se manifiesta. Traducir a lo que se

espera a la hora de gobernar, con respecto al discurso de campaña, requiere la

juiciosa interpretación que sin duda no está aún posicionada en las mentes del

potencial votante. Confrontemos discursos con hechos antes de decidir a quien le

damos nuestro valioso voto.


Empecemos por aceptar que, los valores y principios de las distintas

características de quienes se postulan como representantes de una u otra

ideología, con hechos contradicen lo que predican. Si, por ejemplo, la derecha,

propende por la preservación de la identidad cultural, y, entre otras, la defensa de

la soberanía, pero las acciones de sus representantes no se compadecen con ese

principio, no podemos decir que son consecuentes con sus posturas. Si los de la

izquierda se quedan en el discurso porque a la hora del té confieren prioridades a

sus contrarios, ameritan cuestionamientos. Y si los que se dicen de centro, es

decir, ajenos a componendas de extremas, quizás no están equilibrando la libertad

económica con la justicia social, o acaso no promueven un cambio social gradual

fundamentado en las realidades del país, o ignoran el mercado con regulación,

ponen en duda sus auténticas determinaciones.

Miremos como provechoso el amplio abanico de candidatos, aunque será la

dirigencia política (con sus grupos de presión) la que defina nombres para entrar

en la contienda, entre tantos hay figuras conocidas que ya han mostrado su

talante, otras no tanto, pero estos deberán identificar sus apoyos pues de quiénes

se rodean cuenta mucho.

(Publicado en el Reverbero de Juan Paz)