lunes, 9 de abril de 2018
¿SERÁ QUE A MÍ YA ME PASÓ?
La verdad no veo "pecado" en la compra de un apartamento de 448 millones de pesos, tratándose de una persona de familia "pudiente" y con cargos seguramente muy bien remunerados. Ahora resulta que, un apartamento en EEUU, que compró el candidato a la presidencia de Colombia, Iván Duque, se está relacionando con dineros que presumiblemente le entraron, cuando por invitación de Oscar Iván Zuluaga, conoció a directivos de Odebrecht. Si de la noche a la mañana, un obrero de salario mínimo y familia desposeída, pasa de vivir en un estrato dos a un apartamento propio, de 450 millones, puede, tal vez ahí sí, parecer sospechoso.
Por lo demás, también se sabe que decenas de personajes de la clase política colombiana, a los que se les conocen sus ancestros, familia y el entorno en el que nacieron, crecieron y vivieron su juventud, al igual que no es desconocido cómo empezaron su "pasión por servir", resultan con haciendas, apartamentos y mansiones que triplican y cuadriplican aquella cifra de 448 millones de pesos.
Ese afán de conseguir dinero rápido, de cualquier manera, venga de donde venga y haga el daño que sea con tal de llenarse los bolsillos y ostentar, tampoco es que sea exclusivamente de quienes vivieron la pobreza, ni está enquistado solamente en la clase política; es de gentes sin valores morales y éticos, y los hay en todos los estratos sociales; de manera que no todo carente de recursos es deshonesto, ni todo “platudo” es honrado.
Los candidatos actuales a la presidencia de Colombia, azotan y son azotados, aunque todos no lo hacen con la misma intensidad, ni con iguales látigos. Hay estrategias perversas que están siendo aplicadas, en buena parte tal vez, por los equipos de trabajo proselitista con anuencia del candidato, o por admiradores del común que disfrutan el sentirse partícipes de las campañas sucias. En todo caso, son aportes negativos que resultan siendo efectivos para los avances de campaña, pero muy inconvenientes para el país.
Independiente de cómo sea su campaña o de quién la orqueste, no creo, ni por un segundo, que el hijo del exgobernador de Antioquia, Iván Duque Escobar, es decir, Iván Duque Márquez, sea parecido a ese tipo de rufianes que se enriquecen con dineros mal habidos.
Observamos cómo abundan prácticas (dependiendo del "status") desde las ilícitas, transgresoras e infractoras, hasta las delictivas; estas y muchas otras, repudiables. Cada día son más los que pertenecen al club de la corruptela, el que parece tiene como consigna taparse entre ellos “a tornapunta”. Pero hay un club nuevo, abierto, con fans y seguidores de todas las edades: el de las artimañas y mentiras por redes sociales. Estos canales de divulgación, son los preferidos para engañar, meter miedo, enlodar y sembrar cizaña. Con ellas se divierten las mentes manipuladoras, y se confunde a los ingenuos.
¿Será que a mí ya me pasó?
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