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Cuando las cosas cogen
ventaja hasta convertirse en problemas de extrema gravedad entonces ahí si se
pronuncian los supuestos líderes de distintos sectores de la sociedad; algunos
hasta se rasgan las vestiduras hipócritamente, se echan culpas unos a
otros y, ay! del que se atreva a denunciar acontecimientos que hablan por
sí solos de los aspectos negativos que nos golpean a los ciudadanos del común;
peor aún si se trata de publicaciones en el extranjero.
Sucedió con el tema de seguridad en
Medellín: la prensa y los enemigos políticos aseguraban que lo que nos estaba
pasando era única y exclusivamente culpa de Alonso Salazar, Alcalde en ese
entonces de la capital antioqueña, y claro, tales posiciones lo único que hacen
es distorsionar la realidad y retrasar decisiones ya de por sí bien complejas
pues lo que estamos soportando viene de tiempo atrás.
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Un artículo que publicamos
por este mismo medio el domingo 28 de octubre de 2012 “Requiem por otro Ciclista” lo escribimos con mucho dolor, el
mismo que sentimos hoy cuando leemos en El Colombiano que “El 21 de febrero
murió el joven universitario Francisco Gaviria cuando se
transportaba en su bicicleta”.
Y señala además la publicación de este
sábado 16 de marzo: “Para recordarlo a él y a tres ciclistas más que han
perdido la vida este año en Medellín, se gestan iniciativas en la web y en las
calles, que llaman la atención sobre la seguridad de quienes utilizan la
bicicleta como medio de transporte”.
Señala el artículo además: “Utilizando Google Maps, Luis Fernando Pérez ha comenzado a construir un mapa donde ubica el lugar exacto en el que muere un ciclista y lo marca con su nombre, edad y hora del suceso”. ¿Si será que las autoridades municipales encargadas de la movilidad harán algo frente a lo que está pasando y que podrá empeorar si no toman medidas cuanto antes?
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De los niños asesinados
hemos hablado en repetidas ocasiones y observamos con profunda tristeza que las
cifras siguen en aumento; hemos escrito sobre la irresponsabilidad de los
motociclistas que no respetan las señales de transito ni cumplen con las normas
de movilidad y para ellos no hay sanciones drásticas; hemos manifestado con
indignación la molestia que nos causan declaraciones airadas apoyando a los
hombres que les pegan a las mujeres; llamamos la atención sobre legisladores
que son muy obstinados y persistentes en asuntos que les comprometen su
bolsillo pero no actúan con esa misma diligencia si se trata de temas que
buscan mejorar a las mayorías.
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Cuando hemos expresado
preocupación frente a las consecuencias que acarrean diagnósticos faltos de
idoneidad médica debido a que en muchos casos pesa más el criterio
mercantilista que el científico, poco eco tienen tales denuncias que buscan prevenir
más casos fatales y para algunos medios cuenta más lo farandulero que lo humano.
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Como las cosas siguen igual
o peores, no nos cansaremos de decir que somos muy pasivos como ciudadanos pues
no exigimos lo suficiente a las autoridades de todo orden o estamos muy
atemorizados porque sabemos que tras fuerzas oscuras se ocultan corruptos
capaces de cualquier cosa con tal de seguir gozando de su “tajada”;
cohonestamos con los malos políticos y sus pésimos prácticas pues seguimos
votando neciamente.
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Tenemos que decir, una vez
más, que hay medios de comunicación genuflexos, algunos otros que se acomodan a
su conveniencia a la hora de informar, y no faltan los que con sus
zalamerías o con sus silencios buscan privilegios personales; por lo tanto, no cumplen
la misión social que nos corresponde. Quienes así obran deben tener su
conciencia muy intranquila.