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Si
tenemos diputados que en sus reuniones se
mientan la madre y se dan trompadas, si vemos concejales quebrando vidrios en pleno recinto de sesiones, y los congresistas –con algunas destacables excepciones- se tapan entre sí pecados de todos los
tamaños ¡ qué esperanzas! Creer entonces que entre gente sin empleo, sin oportunidades, en la miseria,
puede haber tolerancia y respeto, es ser muy ilusos. Hambre y rabia es una
mezcla tan peligrosa como alcohol y gasolina. “Amor con amor se
paga, desdén con desdén devuelvo…”.
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Nuestros
niños siguen siendo maltratados, violentados y asesinados; menores de edad
sufren las atrocidades de una sociedad cruel y despiadada que no recibe
merecidos castigos por falta de leyes duras, y en muchos casos por la impunidad.
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Válery
Domínguez es una mujer desprevenida,
sincera, querida, que se dejó llevar ingenuamente de un “vivo”.
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En
la reciente Consulta participaron,
casualmente, (no, eso no es casual) los partidos políticos con el mayor
número de integrantes decentes, juiciosos, defensores de los intereses de las
mayorías, coherentes con los principios éticos y democráticos: Partido Verde, MIRA
y POLO. En estos Partidos figuran hombres de respeto y las mujeres más
interesantes del Congreso, aquellas mejores defensoras de causas colectivas en
busca de grandes beneficios para los colombianos.
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El
Senador Juan Manuel Galán es un político tan honesto, tan correcto, que nos hace
preguntar ¿cómo ha hecho para no contaminarse? Sus sólidos principios morales y
el ejemplo vivido al lado de su papá Luís Carlos Galán, sumado a la formación recibida
de su mamá, lo blindaron. ¡Es impecable!
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Y
nos sigue gustando el trabajo y la decencia del Representante a la Cámara Simón
Gaviria, así no haya aprendido a leer toooodo lo que pase por sus manos pues no
se puede confiar en sus coleguitas; está bueno para que se junte con Válery Domínguez.
¡Qué par de sanos!
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Definitivamente
los “vivos” son un peligro para la sociedad.
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Medellín
es una ciudad muy linda pero con graves signos de deterioro. Pareciera que va
en aumento la cultura perversa que venimos padeciendo desde el nacimiento de la
mafia criolla de la droga, engendrada principalmente por la reina de la coca y
Pablo Escobar. Griselda Blanco –recientemente
asesinada en una calle de la capital antioqueña- quien pagó cerca de 20 años de
prisión en EEUU, en tanto aquí no se le juzgó
por delito alguno, es con Escobar la pareja diabólica que parió la
descomposición moral y social horrorosa que
hoy nos sigue azotando.
Sumada
a tal herencia, persiste la corrupción enraizada en instancias inimaginables, se agudizan las consecuencias de la injusticia
social y, para empeorar el panorama, con los
desplazamientos voluntarios y los obligados demandando servicios para llenar
necesidades básicas insatisfechas, se va saturando cualquier capacidad de
respuesta eficaz en la capital antioqueña.
Población
cada vez más numerosa afronta carencias que impiden permanecer en las
subregiones por fuera del área metropolitana; llegan gentes desde todos los
rincones de Antioquia que fueron abandonados
por la clase política -preocupada más por conseguir para sus bolsillos que para
sus municipios- y los gobiernos locales
en el Valle del Aburrá no tienen cómo atender todos sus requerimientos en materia
de empleo, seguridad social, vivienda y
educación, plenamente; así que persistiendo tales condiciones no puede haber
tranquilidad individual, familiar ni colectiva.
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El deterioro social e institucional es causa principalísima
de empobrecimiento y violencia; los centros educativos sufren males gravísimos, el entorno familiar
ya no ofrece experiencias gratificantes
a sus miembros, los niños no están creciendo rodeados de afecto y protección;
la clase dirigente dejó de serlo para convertirse en clase dominante y el
desarrollo económico privilegia a los poderosos.
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Lo
dijo Su Santidad Juan Pablo II cuando
estuvo en Medellín en julio de 1986: “A los responsables colombianos en la política,
la economía, la cultura, dirijo un apremiante llamado: Las paz, tan necesaria,
es obra de todos, y una paz verdadera será realidad sólo cuando se hayan
eliminado las causas de la injusticia.
Poned todo vuestro empeño para que se creen estructuras renovadoras que
permitan a los colombianos vivir en paz y armonía”. Con el Sumo
Pontífice se tomaron la foto pero sus palabras las ignoraron por completo.