Por: Claudia Posada
Fadela
Amara, defensora de la igualdad, la fraternidad y el derecho a la diferencia, mujer
de mucho reconocimiento en Francia, publicó en 2004 el libro “Ni putas ni
sumisas”, inspirado en el movimiento cuyo lema es este mismo título.
El
empoderamiento frente al tema que defiende la libertad de las mujeres y sus
derechos, el que arrancó en el 2002 después de la muerte de Sohane, una chica de
18 años que se negaba a ser sumisa, asesinada por quien se creía dueño de su
cuerpo así que la quemó viva, creció rápidamente.
Con
ese lema tan sugestivo, se quiso visibilizar el problema que hoy es evidente en
todo el mundo; para que políticos, medios e intelectuales, empezaran a mirar
con seriedad y respeto, los temores de las mujeres y las consecuencias de
padecer el machísimo que es expresado de distintas maneras, todas muy
perjudiciales y crecientes, pues van desde los celos y la violencia
intrafamiliar, hasta el feminicidio.
De
Fadela Amara se asegura en Francia, España y en casi toda Europa, que ella no
representa un “feminismo de urgencia o popular denunciando el
machismo y la violencia masculina” y que, si bien el detonante de su liderazgo
fue el asesinato de Sohane, Amara “no quiere ser,
ni puta ni sumisa”.
Ahora
cabe preguntarnos ¿Son las mujeres sumisas de hoy, similares a las sumisas de
ayer, si es que todavía quedan? Si consideramos la sumisión a sus parejas como
mansedumbre, obediencia y sometimiento, es posible que las haya, pero no será
por convicción sino por miedo.
Los
machistas confunden libertad e independencia con “mal comportamiento”, así que
esclavizan a sus mujeres; y, en consecuencia, si estas se revelan, son
violentadas.
Pero
está la contraparte. Mujeres que consideran la independencia y libertad, como
la practica del descontrol sexual, la trasgresión de los principios, el
exhibicionismo, y finalmente la “cosificación” voluntaria del ser mujer.
¿Cuándo
una mujer se “cosifica” de buena gana? Cuando su cuerpo y sometimiento se
compran al igual que “cualquier cosa”.
Valores
como el respeto mutuo, amor propio, dignidad, generosidad compartida en las
buenas y en las malas, e integridad para ser sinceros en pareja: “ni se compra
ni se vende”.
¿Que si
los hombres las prefieren “zorras” o sumisas? Dicen los que saben, que los
millonarios prefieren las que pueden “comprar” para exhibirlas; que en cambio
los pobres las quieren sumisas para esclavizarlas; pero que, a la hora de la
verdad, son hechizados por quien menos lo esperaban. Los sensatos e inteligentes las prefieren,
decimos nosotras, “ni putas ni sumisas”. Aunque también los hay que caen
enredados en el presumible “amor” que compran con altos “intereses”.
(Publicado en El Reverbero de Juan Paz, el domingo 27 de enero de 2019)