Una colega muy querida, que
admiro además por sus habilidades artísticas, particularmente en la pintura,
comentó a mi último artículo “Si, acepto”, escrito sobre lo acordado entre el
gobierno colombiano y las FARC que, “soñar es gratis”. Pues resulta que ahora
tengo más para agradecerle que su amistad y la obra tan linda de su autoría que poseo: Me puso a soñar.
Sí, soñar es
gratis y es grato. Con las canciones interpretadas por el grandioso Juan Gabriel
(Q.E.P.D.) de fondo, me puse a soñar. (Y es que viéndolo bien, gratis no hay
nada, apenas soñar, entonces soñemos).
Soñé con sectores rurales de
Colombia, algunos de ellos muy lejos de Medellín. Zonas inmensas que fueron oprimidas, maltratadas, abusadas por la
guerrilla, en mi sueño recobran su valor y su verdor.
Campos en los que se abren
las flores sin ser pisoteadas y un bello amanecer, enmarcan la ventana por la que
me asomo para seguir soñando.
Soñé con pueblos colombianos
muy alegres. A esos que estuvieron
tristes y recelosos por más de 50 años
llorando muertos propios y ajenos, mientras recogían hilachas del alma
envueltas en lágrimas de rabia y rencor, los vi cantando y conquistando amores
para plantar familia.
Soñé con mujeres hermosas con
atrevidas modas, lucen coquetas sus
cuerpos. Antes los escondían con los mismos camuflados que tantas veces les
fueron arrancados a la brava.
Soñé con jóvenes
inteligentes de rasgos combinados. Llegan a un colegio urbano cargando morrales
repletos de ilusiones, están felices porque saben que no se les quedarán
abandonados en un matorral de la selva.
Soñé con hombres rudos
sembrando semillas que van a convertirse
en generosas hortalizas. No hay miedo, no hay minas quiebra patas.
Soñé con muchachos fuertes
que, a pesar de todo, aman el monte; allí nacieron y aprendieron sus secretos
ancestrales; siguen en la manigua, están
hurgando la tierra para seleccionar
sabiamente los frutos dulces del Creador.
Soñé con capataces curtidos
que por fin trabajan para regalar cariñitos a las buenas madres, no para
satisfacer mezquindades. Dicen que antes cuidaban a los secuestrados y los
encadenaban según las ordenes.
Soñé con soldados que
exploran caminos orgullosos de servir a su patria. ¿Quién lo creyera? Son los mismos que antes renegaban y maldecían.
No exigen nada, sus armas están serenas pero
atentas; comparten sonrisas,
reciben agua de panela y bendiciones.
Soñé con un montón de niños
en recreo, están en un gran patio de una escuela pintoresca, corren y gritan cual
ágiles robots de la más moderna ciencia-ficción, los más pequeños parecen vivaces muñecos de
cuerda; son perseguidos por niñas
coloradas y graciosas. Ninguno de ellos se esconde asustado, ya no están
merodeando los lobos hambrientos de otra época, aquellos que se los llevaban.
Soñé con familias empacando
de nuevo, pero esta vez viajan de la ciudad al campo. Su amado pueblo ha
renacido. Hablan de gallinas, vacas y caballos.
Soñar es gratis, votar
también. Cuando no se venden y compran consciencias.