En
Colombia cambiamos de escándalo cada semana, así que cada quien lo aprovecha
para su propio beneficio, particularmente la clase política con sus fervientes
seguidores de ideología o de partido.
Esta
semana el escándalo corrió por cuenta de una cartilla –herramienta pedagógica, entre
otros mecanismos sugeridos, para hablar de sexualidad- castigada por la opinión
pública que sigue a sus líderes religiosos, políticos, sociales o cívicos, sin mucho
enterarse de qué fin se persigue, rechazada
por la dirigencia religiosa, tanto católica como de otras creencias.
A
la Iglesia Católica, todavía, le sigue molestando el tema de la sexualidad, salpicado
ademàs por los grandes pecados que se les ha destapado; de manera que, sin
entrar tal vez a informarse en detalle para tomar la vocería del asunto y
orientar debidamente, procedieron a satanizar “la cartilla”.
Antes
de escribir esta columna, me puse en la tarea de sondear el tema preguntando a
distintas personas, de distintas edades ¿Qué es la cosa de la cartilla del Ministerio
de Educación? Y obviamente la confusión es total, mejor dicho, peor que la
relacionada con los acuerdos para la paz.
En
principio circuló una cartilla que no se trataba, de ninguna manera, de la herramienta
pedagógica que hace parte del acompañamiento de expertos solicitado por el
Ministerio para cumplir con lo ordenado por la Corte, con el fin de empezar a instruir sobre la diversidad de géneros e ir
logrando la convivencia escolar que parte del conocimiento y evita el matoneo o
bullying. La cartilla que prendió el alboroto era una publicación pornográfica,
y hasta la misma Ministra Parody se enredó con el tema.
Mientras
Gina Parody defendía en los medios la cartilla entregada a los rectores para su
discernimiento –que es otra- y que hace parte del trabajo pedagógico contratado -en el que
intervienen la Unicef, el Fondo de Población de las Naciones Unidas
(UNFPA), la CISP (ong italiana que trabaja igualmente en temas de
derechos sexuales) y Colombia Diversa, otra ONG que promueve la igualdad de la
comunidad lgbti- la opinión pública, “orientada”
por sectores opositores del gobierno colombiano, pusieron en marcha el dicho
aquel de los oportunistas: “En río revuelto, ganancia de pescadores”. Y desde
luego los orientadores religiosos de la línea más conservadora, les siguieron el juego.
¿Quiénes
ganan (como con el No por la paz) con estas oposiciones que son puramente amañadas
en la medida en que no son objetivas? Sale victoriosa la clase política que tilda
de traicionera y acomodada a la Ministra Gina, y no aceptan que habiendo sido furibunda
uribista, como Santos, ambos cambiaron de opinión al no identificarse con
posturas de su anterior jefe. (Me uno al club).
¿Quiénes
pierden con una opinión pública desinformada, engañada, manipulada por
intereses particulares? En este caso los niños y jóvenes victimas del más cruel
matoneo escolar y luego expuestos ante una sociedad ignorante que los rotula,
en muchos casos, al amparo de sus
creencias religiosas.
Bajo tales absurdas posiciones, sacan a
relucir en carteles y marchas expresiones
discriminatorias, donde la
inmensa mayoría ni idea tiene de lo que significa diversidad sexual,
cohonestando, a veces sin darse cuenta, con la homofobia violenta. Hasta
comprensible tales actitudes pues pertenecen a generaciones como las que seguirán
formando en ambientes cerrados, porque dizque “hay que seguir los designios
divinos”. Pues eso no es precisamente lo que predicó Jesús. Si habíamos avanzado
en igualdad y respeto, retrocedió esta semana por el afán de unos cuantos.
Ante
los temas normales del ser humano, que deberían ser tratados sin tapujos ridículos,
los gazmoños se rasgan las vestiduras, mientras en su intimidad muchos de ellos
cometen abusos en niños y jóvenes a los que precisamente no se les permitió el discernimiento
sano para saber defenderse de los verdaderos demonios.
Al
escándalo de la cartilla tal vez no se habría
llegado si Gina Parody no fuera lesbiana, y mucho menos hubiera prosperado una
marcha si se tratara de un ministro hombre y heterosexual. Hasta me atrevo a
decir que en otro gobierno se hubiera aplaudido el cumplimiento del deber del
Ministerio, al implementar mecanismos para el acompañamiento pedagógico y la revisión de
los manuales de convivencia escolar, en
busca de evitar el acoso o bullying, lo que fue ordenado hace un año por la Corte
Constitucional, así que no es un invento de la Ministra.