jueves, 11 de agosto de 2016

LA CARTILLA ESCANDALOSA

En Colombia cambiamos de escándalo cada semana, así que cada quien lo aprovecha para su propio beneficio, particularmente la clase política con sus fervientes seguidores de ideología o de partido.

Esta semana el escándalo corrió por cuenta de una cartilla –herramienta pedagógica, entre otros mecanismos sugeridos, para hablar de sexualidad- castigada por la opinión pública que sigue a sus líderes religiosos,  políticos, sociales o cívicos, sin mucho enterarse de qué fin se persigue,  rechazada por la dirigencia religiosa, tanto católica  como de otras creencias.

A la Iglesia Católica, todavía, le sigue molestando el tema de la sexualidad, salpicado ademàs por los grandes pecados que se les ha destapado; de manera que, sin entrar tal vez a informarse en detalle para tomar la vocería del asunto y orientar debidamente, procedieron a satanizar “la cartilla”.

Antes de escribir esta columna, me puse en la tarea de sondear el tema preguntando a distintas personas, de distintas edades ¿Qué es la cosa de la cartilla del Ministerio de Educación? Y obviamente la confusión es total, mejor dicho, peor que la relacionada con los acuerdos para la paz.

En principio circuló una cartilla que no se trataba, de ninguna manera, de la herramienta pedagógica que hace parte del acompañamiento de expertos solicitado por el Ministerio para cumplir con lo ordenado por la Corte, con el fin de empezar a  instruir sobre la diversidad de géneros e ir logrando la convivencia escolar que parte del conocimiento y evita el matoneo o bullying. La cartilla que prendió el alboroto era una publicación pornográfica, y hasta la misma Ministra Parody se enredó con el tema.

Mientras Gina Parody defendía en los medios la cartilla entregada a los rectores para su discernimiento –que es otra- y que hace parte del trabajo pedagógico contratado -en el que intervienen  la Unicef, el  Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la CISP (ong italiana  que trabaja igualmente en temas de derechos sexuales) y Colombia Diversa, otra ONG que promueve la igualdad de la comunidad lgbti-  la opinión pública, “orientada” por sectores opositores del gobierno colombiano, pusieron en marcha el dicho aquel de los oportunistas: “En río revuelto, ganancia de pescadores”. Y desde luego los orientadores religiosos de la línea más conservadora,  les siguieron el juego.

¿Quiénes ganan (como con el No por la paz) con estas oposiciones que son puramente amañadas en la medida en que no son objetivas? Sale victoriosa la clase política que tilda de traicionera y acomodada a la Ministra Gina, y no aceptan que habiendo sido furibunda uribista, como Santos, ambos cambiaron de opinión al no identificarse con posturas de su anterior jefe. (Me uno al club).
¿Quiénes pierden con una opinión pública desinformada, engañada, manipulada por intereses particulares? En este caso los niños y jóvenes victimas del más cruel matoneo escolar y luego expuestos ante una sociedad ignorante que los rotula, en muchos casos,  al amparo de sus creencias religiosas.
 Bajo tales absurdas posiciones, sacan a relucir en carteles y marchas expresiones  discriminatorias,  donde la inmensa mayoría ni idea tiene de lo que significa diversidad sexual, cohonestando, a veces sin darse cuenta, con la homofobia violenta. Hasta comprensible tales actitudes pues pertenecen a generaciones como las que seguirán formando en ambientes cerrados, porque dizque “hay que seguir los designios divinos”. Pues eso no es precisamente lo que predicó Jesús. Si habíamos avanzado en igualdad y respeto, retrocedió esta semana por el afán de unos cuantos.
Ante los temas normales del ser humano, que deberían ser tratados sin tapujos ridículos, los gazmoños se rasgan las vestiduras, mientras en su intimidad muchos de ellos cometen abusos en niños y jóvenes a los que precisamente no se les permitió el discernimiento sano para saber defenderse de los verdaderos demonios.

Al  escándalo de la cartilla tal vez no se habría llegado si Gina Parody no fuera lesbiana, y mucho menos hubiera prosperado una marcha si se tratara de un ministro hombre y heterosexual. Hasta me atrevo a decir que en otro gobierno se hubiera aplaudido el cumplimiento del deber del Ministerio, al implementar mecanismos para  el acompañamiento pedagógico y la revisión de los manuales  de convivencia escolar, en busca de evitar el acoso o bullying, lo que  fue ordenado hace un año por la Corte Constitucional, así que no es un invento de la Ministra.