martes, 2 de agosto de 2016

NI TANTO QUE QUEME AL SANTOS…


Estoy tratando hace  varias semanas, de abstraerme de la polarización que padece  nuestro país en vísperas de la firma de los acuerdos con las FARC , pero me ha sido muy difícil. El bombardeo mediático y la agresividad de mensajes distractores que, inclusive, se suben a las redes con montajes engañosos, me incomodan e irritan.  Sí,  me indignan,   debería ignorarlos  pero no puedo.

Hemos llegado al extremo de señalar como ratas despreciables  a los amigos “enmermelados” o no,  del Presidente Santos, y a él mismo de agredirlo con  epítetos pasados de tono; pero lo que es peor, muchas veces sin fundamento para ello. ¿Si no estamos de acuerdo con alguien lo tenemos que insultar? ¿Si será esa la forma de convencer?

Parece como si agredir al Presidente  de los colombianos nos representara réditos importantes a nivel individual o agregara valor a nuestro país. Particularmente voy a respaldarlo en su afán por lograr un acuerdo con la guerrilla de las FARC. Si en este o en  otros ámbitos de su mandato ha sido el perverso y mentiroso que dicen es, no llega hasta allá mi capacidad de discernimiento, y no  he estado tan cerca de él como para formarme mi propia opinión en ese sentido,  por lo tanto, no  puedo asegurar que actúa  de mala fe. Quienes sí lo saben,  están en el deber  de  señalarlo y el pueblo en el derecho de saberlo.

¿Qué Santos quiere pasar a la historia por recuperar para Colombia una parte muy decisiva para la paz? Alguno tendría que ser.

Desde que la formación académica me dio algunos elementos para analizar el entorno político y social colombiano, entendí que no hemos tenido, ni tendremos, un mandatario perfecto. Los ha habido buenos y regulares, pero  absolutamente pésimos o  extraordinariamente buenos, ninguno. Recuerdo como el mejor al estadista a Carlos Lleras Restrepo. A los demás, con sus más y sus menos, con sus errores y equivocaciones, y también con sus acciones reprochables demostradas en juicio, igual  les sé reconocer lo suyo a favor.

Estamos mal comprometiendo el futuro de las generaciones que empiezan a crecer y de las venideras, terciando sin mucho análisis y juicio en una pelea que no es la nuestra. Centrémonos con sensatez en lo que nos corresponde como ciudadanos con derechos y deberes; confiemos en nuestro sentido común y raciocinio propio. Si hay tantos arrepentidos porque no tuvieron criterio personal para votar en el pasado reciente a favor de este o en contra de aquel, ténganlo ahora, no acumulen arrepentimientos.