martes, 24 de diciembre de 2019

"La verdadera historia de ..."




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“La verdadera historia de…”
Posted on 19 Diciembre, 2019 by juanpaz in Edición 897

Por Claudia Posada

Es difícil establecer qué es más grave -entre otras vergüenzas de nuestro país- si la osamenta y despojos humanos que se están encontrando arrinconados, esparcidos, o enterrados en fosas comunes de cementerios cuasi abandonados, o la indiferencia de buena parte de la dirigencia política, al igual que de algunos sectores de la sociedad. Informaciones que dicen ser la “verdadera historia de…” esconden, en muchos casos, sentimientos ruines. Ante los hechos que presumiblemente dieron origen a los macabros procedimientos, cruelmente se ponen en contexto escenarios, que como si el tema fuera una nimiedad, no obedecen a declaraciones emitidas desde las fuentes técnicas del caso, sino a parábolas astutamente construidas (algunas) a las que dan crédito aquellos ciudadanos que coinciden con las suposiciones enquistadas mañosamente en la mente de medio pueblo colombiano, por parte de los que ya reconocemos como manipuladores avezados cuya estrategia es el maquiavélico principio “Divide y reinarás”.

Describir en una columna de opinión, el asombro que nace de observar esta confrontación inaudita, es sumamente difícil. Por un lado, salen a la luz pública cada vez peores horrores, sus perversos móviles y algunos autores; mientras desde otro frente, tergiversan tales acciones desalmadas y de la peor crueldad, para empañar de alguna manera lo que se está haciendo cada vez más evidente gracias a procedimientos coordinados desde instancias a las que no pocas veces han juzgado como de dudosa reputación para bajarles credibilidad pública. Quisiéramos tener aquella habilidad admirable, de los genios de la caricatura, capaces de interpretar un intenso sentimiento colectivo para convertirlo en la claridad de unas pocas frases que ilustran trazos – muy particulares en cada uno de los caricaturistas, con la agudeza mental que les es característica- para presentar un testimonio gráfico excelente, de un momento histórico preciso.

Cuando las redes sociales llegaron para lograr en menos tiempo más receptores simultáneamente, se da el cubrimiento que no es posible para los medios de comunicación tradicionales; a la vez, se está sintiendo el daño social que es consecuencia de la subjetividad disfrazada de información veraz. Si es difícil, en el marco del profesionalismo, la responsabilidad y la ética periodística, conseguir el grado deseable de objetividad, qué decir de los mensajes anónimos, los textos con autores conocidos y desconocidos, y los relatos de buena y de mala fe que desprevenidamente leemos, oímos y creemos, y nos tragamos enteritos.

Polarizar asuntos tan funestos como los desplazamientos forzosos, las desapariciones y los llamados “falsos positivos” – cuya denominación correcta es la de ejecuciones extrajudiciales- es condenarnos al país y todos nosotros, a seguir padeciendo una agonía lenta (a veces se acelera) y permanente, que impide el disfrute pleno de las garantías democráticas. Las graves acciones, presumiblemente por parte de organismos del Estado, recientes algunas y otras no tanto, generadoras de conflictos según la historia política colombiana de los últimos veinte años, se están manejando con posturas radicales e inflexibles -y hasta irracionales- que filan para el infierno a los del Sí, a los que marchan, a los antiuribistas, a los petristas, a los de izquierda, a los santistas; mejor dicho, a todo aquel que quiera justicia restaurativa, perdón (aunque no olvido) reconciliación, y el anhelado desarrollo de los acuerdos (penalizando, de alguna manera eso sí, a los criminales de un lado y del otro), como paso fundamental para cambiarle el corazón al país.

Mientras nos sigan dividiendo, entre tanto no haya voluntad de conciliar y fomentar el dialogo para las oportunidades; cuando el interés soterrado de una de las fuerzas en conflicto mantenga cerrada la puerta de la reconciliación para salvar el país – pues sus prioridades son otras muy particulares- Colombia seguirá como “corcho en remolino”; y el pueblo, así como las víctimas y algunos victimarios, tratando de sobrevivir para no ahogarnos en los espacios que hoy son vulnerados, amenazando la aparición de nuevos y muy peligrosos conflictos.

lunes, 9 de diciembre de 2019

"FUEGO" Y "VENENO" EN EL CONGRESO

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“Fuego” y “veneno” en el Congreso
Posted on 3 Diciembre, 2019 by juanpaz in Edición 885

Si más colombianos quieren convencerse por sí mismos de cómo en el Congreso pierden el tiempo en cháchara y en discrepancias subidas de tono para esquivar el deber que les es propio, no necesitan más que el esfuerzo de ver, de cuando en cuando, por ejemplo, las transmisiones de sesiones plenarias del Senado. La de la noche de este martes 2 de diciembre, evidenció, como tantas otras de esta corporación al igual que de la Cámara, que no es solamente en las redes sociales en donde se incendia con la palabra; en este Recinto de la Democracia, a punta de ardides y arabescos idiomáticos, pasaron del lenguaje engañabobos a elaborados malabares dialecticos para dejar que corra el tiempo sin concentrarse en el tema o asunto para el que son convocados; más bien lo aprovechan en apostarle a fortalecer lazos de rencor finamente tejidos con veneno mordaz para dirigirse a otros con igual curul, sentados frente a ellos.

Pero no todos los congresistas son virulentos, no todos usan el sarcasmo para defender sus posiciones; si nos tomamos el trabajo de revisar cómo trascurrió la plenaria de referencia, entenderemos el porqué de la “pena ajena” del Senador Juan Felipe Lemos, quien intervino para hacer un llamado de atención sumamente pertinente; con la ponderación y respeto que le son característicos, les dijo, palabras más palabras menos, cómo es de vergonzoso que se dediquen a discusiones totalmente ajenas a lo que debería tratarse, refiriéndose a esa manera afrentosa de dirigirse unos a otros.

Por su parte, desde la bancada del Partido Verde, los Senadores Antonio Sanguino y Juan Luis Castro en consonancia con Lemos, Senador de la U, también y de manera igualmente mesurada, hicieron alusión a cómo algunos de sus colegas utilizan el tiempo de sus intervenciones para derrochar improperios, mientras urge en el Congreso deliberar sobre la dificilísima situación originada en el Paro y cumplir con la responsabilidad que les toca para ayudar a resolverla. “No es un asunto de partidos o posiciones ideológicas sino un delicado asunto de País”, lo dijo el Senador Castro con toda razón, ahí es donde está la sensatez que les falta a las bancadas que expelen odio en la mirada que es complemento a sus discursos incendiarios. En el reinado de la incoherencia, lo ilógico señala a sus contrarios de moverse inspirados por el resentimiento.

“Vencer el odio, el rencor y la desigualdad” decía alguno de ellos, cuando la expresión de su rostro comunicaba el aborrecimiento que les es imposible ocultar. En cambio, muy bien expuestas sus razones para disentir, al igual que los motivos históricos para salir a protestar; así fueron las intervenciones de congresistas que representan la izquierda colombiana en el Congreso, a la verdadera izquierda que, aunque sea minoría en el “recinto de la democracia” tiene los mismos derechos de quienes piensan distinto, sean de centro o de derecha.

Cuando se cierra la mente a la sana percepción, es imposible la cordura. Es lamentable concluir que, mientras se generalice con rabia a los ciudadanos que han participado en las movilizaciones del momento en Colombia, señalándolos por igual de vándalos, están desconociendo que los merecedores de este rotulo son unos cuantos antisociales que por obedecer a otros, más perversos que ellos mismos o por su propia iniciativa, se ocultan en capuchas para destruir; e ignoran las expresiones de inconformidad manifestadas pacíficamente por personas de todas las edades, social, geográfica y culturalmente diversas. Definitivamente no esperemos que el malestar ciudadano pueda ser comprendido por aquellos quienes, en vez de buscar y lograr pactos ajenos a la polarización y afines a la pacificación del país, sacan a relucir en sus intervenciones desde el Congreso, los votos que los subieron al poder como argumento para seguir botando fuego y llamando a los opositores incendiarios.

Por Claudia Posada