sábado, 23 de abril de 2016

“LATINOAMÉRICA A DEBATE”


PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL DE ENSAYO Y CORTOMETRAJE
EN LA CONMEMORACIÓN DE LOS 50 AÑOS DE UNAULA

La Universidad Autónoma Latinoamericana lanzó recientemente el PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL DE ENSAYO Y CORTOMETRAJE, como una de las principales actividades programadas para conmemorar la fundación, hace 50 años, del centro de educación superior cuya acta de nacimiento se suscribió el 16 de septiembre de 1966.

La historia de  la Autónoma en Medellín es bastante notoria dadas las circunstancias que precedieron la concreción de una idea que venía gestándose, entre profesores y estudiantes,  descontentos con la formación superior de ese momento en Antioquia, deseosos de un nuevo enfoque para la orientación de los estudios universitarios, concebida en  un claustro que fuera escenario protegido de restricciones al libre pensamiento.

Animados por estos intereses, no es raro entonces que, un movimiento estudiantil y profesoral, terminara consolidando un aporte tan valioso a la historia y desarrollo de la formación universitaria antioqueña, hoy notable en toda Colombia.

Su actual rector, Rodrigo Flórez Ruiz, presentó a la prensa la información sobre los concursos de Ensayo y Cortometraje, la misma que se puede consultar en:

Teléfono (057) (4) 511 21 99 ext. 192, 480, 470, 408
Correo electrónico: concurso50@unaula.edu.co
Universidad Autónoma Latinoamericana –Unaula, Carrera 55 A No. 49-50, Tel. (057) (4) 511 21 99, Medellín-Colombia-Suramérica


servicios.unaula.edu.co/unaula50/node/2

sábado, 16 de abril de 2016

¿EN MANOS DE QUIÉNES ESTAMOS?

Qué sensación tan maluca la que nos invade a los colombianos. Nos sentimos metidos en una nube oscura en la que se mezclan  el desasosiego, la desconfianza, la incredulidad, el temor y la desesperanza. Los colombianos,  por cierto tan condescendientes y dados a “buscarle la comba al palo” parece que por fin estamos aceptando que han abusado de nosotros y hemos sido pusilánimes ante la realidad.
Estamos siendo manipulados desde muchos frentes, nos sentimos engañados por los dueños de las decisiones y el poder, nos vemos amenazados en todas las esquinas, de día y de noche; no confiamos en quienes deberían ofrecernos seguridad; vemos enemigos en todas partes y no es por paranoia sino porque estamos entendiendo que los malos no son tan poquitos sino que además de ser muchos se agazapan y camuflan.
La corrupción llegó a tal grado de permisividad y aceptación que  repugna. Observamos con angustia que la agresividad se convirtió en arma de uso cotidiano, como respuesta a cualquier insignificante  mal entendido o frente a una posición que no coincide con la nuestra. Es el mecanismo de defensa que precede a la violencia declarada de todos contra todos.
Reaccionamos contra quienes deberían recibir especial atención y cariño: los niños. La niñez colombiana es abusada por sus propios padres, en las guarderías no los cuidan debidamente y hasta suceden casos aterradoras que, a pesar de la gravedad, no despiertan ni siquiera la intención de liderar  como mínimo una marcha; no, ese no es motivo para levantar las voces estrepitosas defendiendo deseos individuales, que poco benefician al gran colectivo que es Colombia, así sean legítimas y necesarias.
Por la corrupción los niños sufren hambre, por “mandato cultural” los pequeños indígenas son retirados de los lugares en los que les están prestando atención urgente, por capricho de unos cuantos poderosos se hacen reformas “a conveniencia”  y se dejan de hacer las fundamentales.
Los honorables miembros del congreso colombiano, tanto de la cámara alta como de la baja, se motivan, en su gran mayoría, solamente frente a debates que les signifiquen más gabelas y beneficios excesivos para ellos en particular o para sus protegidos y parentela. No son legisladores pulcros, son más bien negociantes  para que siga la guerra ignorada, esa que mata familias, jóvenes y ancianos, caídos en desgracia por la desigualdad.
Nos sentimos muy confundidos. No tenemos certeza de quiénes son, entre aquellos que   dizque nos representan, los que, amalgamados con organizaciones vandálicas y guerrillas maliciosas,   se olvidaron hace rato de su deber. Somos un pueblo burlado, atropellado, deseoso de un respiro que nos aliente para seguir en la lucha, así sea  desigual y dolorosa, pero que permita recobrar un poco la esperanza que nutre la  sobrevivencia decente y la formación en valores.
“En manos de la clase dirigente y  la clase política, están el presente y el futuro de Colombia” Cómo suena de aterradoramente  hueca esta manida frase. En estos momentos nos vence la desconfianza que nace de las actuaciones infames de aquellos que hacen parte de los privilegiados. ¿Acaso su arrogancia y apetitos personales, les impide ver que existen altas posibilidades de que el pueblo explote violentamente, harto de tantas payasadas, burlas y necesidades mínimas  no satisfechas? Es evidente que   a tales personajes no les interesa el pueblo sino para reclamar el voto que los mantiene en su posición de privilegio.
Aunque también hay que decirlo, no solamente a los personajes que desde las altas esferas de poder y decisión pisotean al pueblo, les cabe toda la culpa del caos que padece Colombia, a los electores también nos cabe mucha culpa. Mantenemos en sus zonas de confort a los mismos que desde su ideología de izquierda, derecha o dizque moderada y democrática, construyen discursos almibarados y populistas,  o  “libretos” acomodados según el momento y lugar, piezas teatrales  de tal creación que escapan  al  mejor olfato adiestrado para descubrir engaños.
Estoy desconcertada como muchos colombianos, porque me siento totalmente desinformada, dudo de todo lo que oigo, me horrorizan las noticias locales y nacionales, pero sigo alimentando la credibilidad en ciertos actores de la vida pública. Nuestro Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, me inspira confianza pues creo que es sincero y de buenas intenciones, creo en su gabinete aunque reconozco su inexperiencia, pero es bueno pensar que el cambio y al renovación política nos traerán buenos vientos.
A la vez tengo profundos temores. Siento que en Medellín se cuecen alianzas malignas amparadas en actuaciones perversas de quienes tienen tambaleando la institucionalidad.
Gutiérrez, el mandatario local, nombró para la gerencia del centro a una mujer sin duda inteligente, que gestiona y sabe por dónde meterse, de trayectoria: Pilar Velilla Moreno. No dudo de su compromiso porque sé que no es  la burócrata que calienta silla,  es diligente y arriesgada. ¿Pero cuando hay interesados en mantener el caos, y hay precisamente elementos sospechosos en las instituciones  que más se necesitan para restablecer el orden, serán suficientes los inmensos deseos de servir que acompañan a Pilar Velilla?
Seguiré aferrada a mi optimismo y voy a confiar en que van a dejar que Federico Gutiérrez pueda sacar adelante sus más importantes anhelos,  y que a Pilar  -brillante mujer y destacada profesional que nos hace sentir orgullosas colegas suyas, a las comunicadoras sociales-  le van a colaborar para el éxito de su labor e iniciativas. Estoy segura de que su proyecto con respecto al centro de Medellín es ambicioso pero realizable, siempre y cuando no se lo vayan a torpedear, soterrada o abiertamente.

Nuestro Alcalde y su buena gerente para el centro, necesitan inmenso apoyo de la ciudadanía, de las instituciones y de las fuerzas vivas de la ciudad.