Por: Claudia Posada
Si algo preocupa cuando se piensa en el futuro de los jóvenes de hoy, es, en qué se ocuparán para ser laboralmente bien aceptados y remunerados. Hablar de experiencias digitales, a la vez que de innovación, emprendimiento y creatividad, no puede seguir viéndose como un discurso que, en Colombia, suena a palabras bonitas, modernas, pero vacías. Tampoco creerse que todo aquel que “domina” el manejo de su tableta, ya está preparado para competir en la sociedad de la revolución digital 4.0
En nuestro medio, apenas sí estamos empezando a oír sobre la cuarta revolución industrial, dado que Medellín tendrá el primer centro que nos pondrá al día en Globalización 4.0; todo un inmenso reto para trabajar con las herramientas tecnológicas que se usarán en la resolución de problemas. El Centro para la Cuarta Revolución Industrial será de tanta importancia, que en este aspecto nos podremos equiparar muy pronto, con ciudades como San Francisco (Estados Unidos), Tokio (Japón), Beijing (China) y Mumbai (India) primeras en los que existen centros como el que operará desde la capital antioqueña; ahora, junto con la asignación de Colombia, también se le concedió tal privilegio a Israel, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y Noruega.
“Colombia será el primer país de Hispanoamérica en tener un Centro para la Cuarta Revolución Industrial. Desde Medellín potenciaremos la competitividad y reduciremos la desigualdad de la región”, señaló el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, al enterarse de la designación que se nos hizo en Davos (Suiza), en el marco del Foro Económico Mundial 2019.
Con el experto en sociedades digitales y, particularmente, en lo que respeta a la Educación para la era de la Industria 4.0, Sebastián Barrientos, pudimos confirmar que, definitivamente, nos quedamos atrás en formar desde los talentos y habilidades, para propiciar el desarrollo de competencias.
Las universidades en Colombia deberían, dice el doctor Barrientos, formar para el desarrollo del talento. Las carreras profesionales al igual que las tecnológicas, requieren preparar en programas como Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, Blockchain, Desarrollo de Programación, Desarrollo de Apps.
Las nuevas tecnologías evolucionan rápidamente, y como la industria debe adaptarse a los cambios lo antes posible para generar ventajas competitivas, la digitalización de la industria es una revolución que ya cambió paradigmas. La tecnología, esto es inminente, cambiará los entornos de trabajo y la forma de relacionarse tanto con proveedores como con clientes; sus empleados entonces tendrán que ser muy competentes, y ello lo dirá su formación profesional.
Colombia enfrenta obstáculos que nacen en nuestro atraso educativo. Un ingeniero, por ejemplo, y en general todas las empresas, enfrentarán dificultadas por la falta de cultura digital, resistencias al cambio, también por el desconocimiento de los beneficios económicos de invertir en tecnologías digitales, igualmente por talento insuficientemente desarrollado, y especialmente por la desconfianza en la seguridad digital.
Pero no solamente para los ingenieros es evidente la incertidumbre, la era digital remplazará con apps a muchos abogados u otro tipo de profesionales que resuelven con “formulas” o con “formatos”, las necesidades de sus clientes. Los robots, por su parte, que por lo demás no hace pausas para comer, conversar o descansar, entrarán a sustituir operarios en infinidad de tareas, ya en varios países lo hacen.
En resumen, parece que las profesiones del aérea social serán las menos afectadas, así que les llegó la hora de “reinar”; por lo tanto, es difícil pensar que un psicólogo, un trabajador social, un sociólogo, o un estratega comunicacional, sea remplazado por un robot que se siente con comunidades, grupos vulnerables, clientes, o pacientes, interactúe profesionalmente y converse con ellos tal vez durante largas jornadas para ayudar a resolver dificultades individuales de personalidad, afectaciones a su salud mental, o necesidades colectivas por un problema de corrupción o violencia, por ejemplo.
Quizá para interactuar sobre intereses grupales, o tal vez acerca de conflictos de pareja, convivencia barrial, o alteraciones emocionales, podremos seguir mirándonos a los ojos con un profesional de las áreas sociales que trabaja desde el conocimiento, sin ignorar los sentimientos.
(Publicado en El Reverbero de Juan Paz, domingo 17 de marzo de 2019)