Hoy termina el exitoso Foro Mundial Urbano que se llevó a cabo en Medellín, el cual, en medio de tantos halagos deja, “entre líneas”, mensajes contundentes que ojalá la clase dirigente asuma con la responsabilidad que le corresponde.
A las esferas de poder y decisión, pertenece todo aquel que en razón de su cargo o por el rango que ocupa en alguno de los poderes públicos, tiene en sus manos el deber de tomar determinaciones que sean justas, equitativas, sabias, juiciosas y objetivas. Semejante responsabilidad no es fácil, pero sí es posible.
Los medios de comunicación locales hicieron su tarea en el cubrimiento del Foro, pero voy a mencionar dos en particular (aunque me nutrí de varios) pues gracias a ellos, su trabajo periodístico e invitados, pude sacar mis propias conclusiones: “Colombia Opina”, debates con personajes de muy diversos puntos de vista y corrientes ideológicas, que dirige katherine Granados apoyada por el colega Jorge González, en Radio Red (de RCN). Y el radio-periódico “Clarín” en Claridad de Todelar, dirigido por Fernando Vera Ángel con la codirección de Andrés Felipe Vera Ramírez y el apoyo de Johan Arenas en la coordinación periodística.
Mis conclusiones hoy, con respecto a las reflexiones que por este mismo medio he manifestado en distintas ocasiones desde la creación de mi portal, se fortalecen a partir del Foro Mundial Urbano por su riqueza de contenidos y el inmenso aporte de lo expuesto por expertos invitados al mismo.
Lamentablemente, para mí, el Foro no me deja para nada optimista. Linda Medellín, adorada su gente, admirables su progreso y cómo se destaca por encima de la gran mayoría de ciudades de Colombia, e incluso superando a la capital colombiana en algunos aspectos, pero hasta ahí.
Y digo que mis conclusiones después del Foro es lamentable solo para mí, porque a los que tienen en sus manos el poder para cambiarle el rumbo a la capital antioqueña, les importa un bledo lo que pensemos un puñado de periodistas, académicos y técnicos quienes, como yo, estamos seguros de que no nos está yendo tan bien como ciudad, pues no estamos creciendo como sociedad incluyente, pensada para el ser humano - más que para la “venta internacional”- y menos estamos siendo respetuosos con el ambiente.
A la inmensa mayoría de los personajes que hacen parte en Colombia –y tal vez en todos los países del mundo, con escasas excepciones- no les gusta o no les interesa, consultar –y menos acoger- las opiniones de los técnicos y los académicos; y eso lo comprobamos en los medios de comunicación a raíz del Foro Mundial, pues son absolutamente opuestas las posiciones de expertos estudiosos, frente a lo que opinan –y hacen- los miembros de la clase política, quienes son finalmente los que toman las decisiones de ciudad. Estos últimos deciden –en infinidad de casos- fundamentados en caprichos, relaciones políticas, o conveniencia personal.
Estoy segura de que si a la clase dirigente pertenecieran más profesionales de las áreas sociales: sociólogos, antropólogos, historiadores, trabajadores sociales, comunicadores sociales, etc. cambiaría totalmente el rumbo de las ciudades.
Y hablando de comunicadores sociales hay que felicitar a Gabriel Jaime Rico, gerente de Plaza Mayor, indudablemente excelente su desempeño con respecto a la preparación y ejecución del Foro Mundial, pero es que él, por lo demás, es un profesional íntegro, preparado, estudioso.
Y hablando de antropólogos, hay que mencionar a Santiago Uribe Rocha, nombrado primer jefe de la recién creada Oficina de Resiliencia de Medellín. Mención que hago además porque si la capital antioqueña está clasificada entre las 33 ciudades resilientes del mundo, Colombia debería estar entre los tres primeros países resilientes del Planeta.
Pero ¿qué es resiliencia? Los países, ciudades y personas, capaces de superar la adversidad y adaptarse a los cambios, son resilientes. El antropólogo Uribe Rocha, como líder del proceso sobreviniente a las circunstancias catastróficas padecidas a raíz del derrumbe de la torre 6 de la Unidad Residencial Spaice, y sus consecuencias, se ganó, con todo mérito, el cargo.
Lo que hemos padecido los colombianos en los últimos 50 años es aterrador, y sin embargo no nos hemos metido debajo de la cama, seguimos adelante adaptándonos a las circunstancias; es más, a mi modo de ver, nos hemos acomodado tanto a las situaciones adversas, que le ponemos problema al proceso de paz, no vemos la magnitud y positivo alcance de un posible acuerdo, ni analizamos los verdaderos por qué de la oposición tan radical que evidencian los líderes enemigos del mismo. Y no creo que hasta allá lleguen las bondades de la resiliencia.
Ojalá del importante Foro Mundial Urbano y sus ilustres visitantes, quede mucho más que la foto; esperemos con optimismo que en algunos representantes de la clase dirigente, en cuyas manos está la planificación territorial, haya calado de los expertos expositores, por lo menos la afirmación en la que todos coinciden: Las mejores ciudades son aquellas en las que se prioriza al ser humano y se crean sociedades incluyentes.