La insolidaridad, la indiferencia con los ciudadanos y la corrupción son los tres “monstruos” que destruirían la institución policial en cualquier país del mundo.
La insolidaridad se percibe cuando la Policía no ayuda al ciudadano, no
se siente parte de este, y, por el contrario, se presenta con arrogancia o
indolencia.
La indiferencia
aparece cuando a la Policía la embarga la displicencia y la frialdad, que
incluso la lleva a ejercer sus funciones con desdén o desafecto, de alto
impacto negativo para el ciudadano.
La corrupción
se evidencia al vulnerar el interés general en función del particular, o cuando
se usan los bienes y recursos de la Institución en provecho de un tercero y no
del interés ciudadano.
Así lo explica
el ingeniero Jorge Hernán Cárdenas, director de la firma Oportunidad
Estratégica y ex vicerrector de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),
quien recuerda que las funciones de la Policía van desde proteger a los
residentes hasta prevenir la comisión de hechos punibles, fortalecer las
relaciones entre los ciudadanos y las instituciones, y vigilar y proteger los
recursos naturales.
La Policía
Nacional de Colombia, una institución que nació hace 130 años (en 1891), tiene
a la fecha cerca de 158.000 miembros uniformados –137.000 hombres y 21.000
mujeres– y 4.202 no uniformados.
La
Constitución Política de Colombia, en su artículo 218, deja claro que la
Policía Nacional es un cuerpo armado, pero que es de naturaleza civil, a cargo
de la nación.
Así mismo, en
la ley 62 de 1993 determina que la Institución está destinada a “proteger los
derechos fundamentales tal como está contenido en la Constitución Política”.
Así, sus servicios se prestarán según “los principios de igualdad,
imparcialidad y control ciudadano”, y en “asegurar la paz ciudadana”. En ese
sentido, sus servidores deberán “recibir una formación académica integral, de
tal forma que les permita una promoción profesional, cultural y social, con
acento en los derechos humanos, la instrucción ética, ecológica, de liderazgo y
servicio comunitario”.
Humanismo policial
Durante la
Cátedra Nacional “Sentidos plurales de la paz, historia, educación y enfoque
diferencial” el ingeniero Cárdenas apuntó que para evitar que estos “monstruos”
destruyan la Institución es clave trabajar en la cultura organizacional y la
formación policial.
“La ciudadanía
demanda una participación plena de todos en las definiciones públicas del
Gobierno y una activa participación en la sociedad; la ciudadanía también demanda
respeto e igualdad ante la ley para todos”, agrega.
A partir de
2007 la Policía Nacional se orientó al humanismo y a incluirlo en sus programas
de formación y cultura organizacional, entendiendo ese concepto como el respeto
al ser humano, a su libertad, sus derechos, obligaciones, ideas y proyecto de
vida.
Aunque hay
importantes avances conceptuales, el investigador Cárdenas considera necesario
analizar qué tanto se aplica en las prácticas institucionales, a pesar de que
la idea del humanismo policial está en libros de la Institución como
Lineamientos generales de política para la Policía Nacional de Colombia.
Tanto los
patrulleros como el personal que desarrolla labores ejecutivas reciben
formación de la Dirección Nacional de Escuelas, con más de 20 de ellas en el
país. La Dirección se enfoca en tres campos de formación: jurídica; policial y
humanística; y administrativa, en la cual se imparten cursos de derechos
humanos, Derecho Internacional Humanitario y formación en principios y valores.
“Los retos para
la formación de policías, en calidad de ‘ciudadanos en uniforme’ obliga a un
fortalecimiento institucional, en que se amplíen los tiempos de formación para
garantizar que sea una educación integral de las competencias para ejercer sus
funciones, incluso aprovechar la educación virtual y mixta en sus Escuelas”,
comentó el ex vicerrector Cárdenas.
Otros desafíos
incluyen: incrementar los escuerzos en la formación de derechos humanos,
especialmente en la comprensión y el respeto hacia la igualdad jurídica y
material, que respondería a la pluralidad y diversidad cultural; tener
herramientas para la reflexión ética y evitar la pérdida de integridad; e
incluir la perspectiva de género y el respeto por los derechos de la población
LGBTI.
(Fuente:
Prensa de la Universidad Nacional de Colombia)
La insoli