sábado, 14 de octubre de 2017

LA CULPA NO ES DE LOS PARTIDOS

En mayo de 2018 tendremos elecciones para el sucesor de Santos, en cambio en marzo del mismo año, son las que dirán en qué queda el nuevo Congreso, si acaso si será tan “nuevo” o seguirán los mismos con las mismas. Siendo entonces un poco antes la recta final para el momento de elegir Cámara y Senado, ya deberíamos estar los ciudadanos colombianos, leyendo, observando y analizando, aspiraciones que se concretan finalmente a la hora de inscribir los nombres que compondrán las listas.

Así las cosas podríamos decir que las candidaturas para Presidente de la Republica están más bien biches pues falta que suceda lo esperado, pero sobre todo, que nos sorprendan con lo inesperado en materia de estrategias mostrables, además de las ocultas, para impresionar al electorado grata o ingratamente.

En cuanto a las aspiraciones para la composición del Congreso que arrancará el 20 de julio de 2018, el horizonte no está claro. Los acontecimientos de las últimas semanas -y los que ha habido siempre, más no tan escandalosos pues ahora las redes ayudan- empujan a la desconfianza y apatía en el potencial elector.

Sentimos un maremágnum mental originado en el bombardeo de información que, sin duda, nos crea total confusión entre verdades y mentiras, haciendo que los ciudadanos consideremos seriamente la abstención; y peor aún, no se quiere oír, leer, ver o conversar, cuando se trata de aspiraciones y candidaturas.

Particularmente, apenas quienes de alguna manera están involucrados con el tema político por relaciones de trabajo, porque han vivido de contratos oficiales, o bien porque rodean las campañas directa o indirectamente, se detienen a mirar cómo va el proceso pre-electoral, el mismo que a un grueso de los ciudadanos los tiene saturados de información y muy desconfiado.

Lamentable este panorama. El ambiente de la política colombiana está más enrarecido que nunca. Al interior de los partidos las zancadillas, marrullas y componendas, acabaron con la razón de ser de algo tan importante para una democracia como es la ideología política y su defensa a la luz de idearios respetables.

La clase política en general no sabe de ética y valores. Aquellos aspirantes a formar parte de los partidos, empiezan sus pinitos de dos maneras: Una, cohonestando con los manejos chuecos para “crecer” adentro como miembro activo y “valioso”; o dos, exponiendo su casta y valores prioritarios. Ya sabemos cómo les va a unos y otros. ¿Ha habido quién crezca dentro de un partido político tradicional honesta y limpiamente? Sí, no muchos, pero los ha habido. Luis Carlos Galán fue uno de ellos. Álvaro Gómez Hurtado, también lo fue.

En las corporaciones públicas, de igual forma, se han distinguido congresistas, diputados y concejales que, además de brillantes miembros de uno u otro partido, han permanecido incólumes. Para estos no ha sido fácil nadar en aguas tan borrascosas y pútridas.

Ingrid Betancourt, siendo congresista, un 8 de marzo “Día Internacional de los Derechos de las Mujeres” al preguntársele el porqué de la participación tan escasa de las mujeres en la política, dijo que entre otros factores, para las mujeres es difícil estar en un entorno en el que son comunes ciertos manejos que impiden acceder o mantenerse con éxito en el mundo de la vida pública, la que indefectiblemente es manipulada por la clase política.

Se refería la excandidata a la Presidencia de Colombia, precisamente a las astucias recurrentes en la clase política, entre ellos y en sus relaciones con otros sectores. Infortunadamente vemos que a la par con los señores, va creciendo el número de mujeres enredadas en malas mañas para enriquecerse de la peor forma: traicionando la confianza de los electores. Aunque es claro que de todo hay en la Viña del Señor.

Estamos a tiempo de empezar a empoderarnos del papel que nos corresponde como ciudadanos en ejercicio de nuestros derechos. Si no queremos hacer parte de la clase política, bien podemos convertirnos en electores enterados, comprometidos con el país, conscientes de que debemos votar y elegir a los mejores –si los buscamos los encontramos- porque aunque estemos suturados de información “basura”, la responsabilidad de tener buenos, malos o pésimos representantes de los intereses ciudadanos, es nuestra.

Un elector consciente de la importancia individual a la hora de votar, sabe cuánto vale ese voto dentro de la suma para elegir. Así que dejemos atrás la “pereza electoral”. A empeorar la sinvergüenzada y conchudez de la dirigencia política en Colombia - esa que hace y deshace como lápiz con borrador- ayuda la apatía.
Entendamos que la política no es un tema despreciable, ni los partidos políticos son los culpables de su desprestigio, son las costumbres inescrupulosas de una gran mayoría de sus principales actores -electores, beneficiados sin merecerlo y elegidos- los que la hacen repugnante.

Para votar, dejémonos llevar del sentido común y el olfato electoral; pero estos dos elementos no van solos, también otras herramientas son fundamentales: la observación y el análisis que hagamos de los discursos, promesas, programas y prioridades de los candidatos; sin olvidar la impresión que nos causa su imagen, y teniendo presente, desde luego, quiénes lo acompañan. Ahí tenemos los ingredientes para no dejarnos engañar fácilmente.

martes, 10 de octubre de 2017

¿EN QUÉ VA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?


Por: Claudia Elena Posada

Nuestro planeta está realmente amenazado por factores medioambientales, y la humanidad apenas sí empieza a tomar conciencia del grave asunto; reconozcamos que nos faltan conocimientos básicos para entenderlo y enfrentarlo. Somos ignorantes en el tema.

¿Tenemos funcionarios en los diferentes ámbitos del territorio nacional, conocedores y comprometidos con la Ley 1549 de 2012, por medio de la cual se fortalece la institucionalización de la Política Nacional de Educación Ambiental y su incorporación efectiva en el desarrollo territorial?

Según advierte Greenpeace, entre los impactos del cambio climático están: El derretimiento de los glaciares con sus consecuencias en las reservas de agua dulce y el crecimiento del nivel del mar. La destrucción de los ecosistemas cuya función vital es mantener sanos el aire, el suelo y las aguas. Las olas de calor, sequías e inundaciones, derivadas de los fenómenos que conocemos como el del Niño y el de la Niña.

Entonces, queremos proteger la Tierra, pero ¿entendemos qué nos quieren decir cuando nos hablan de modelos energéticos sostenibles? ¿Sabemos acaso por qué nos piden reducir las emisiones de CO2? ¿Tenemos clara la importancia de generar proyectos sobre bases de tecnologías limpias? ¿Somos conscientes de cómo nos manipulan según intereses políticos o económicos que en nada benefician a las comunidades para su progreso o su bienestar?

Además, nos insisten en proteger los páramos, y particularmente en nuestro entorno -con tierras ricas en aguas, minerales, flora y fauna- todos los días por una u otra razón, nos piden igualmente apostarle al desarrollo pero con responsabilidad ambiental. ¿Y eso cómo? Salimos a las calles para protestar a favor o en contra de un proyecto y ni siquiera hemos evaluado los alcances del mismo.

Urge instaurar el conocimiento medioambiental desde la casa y la escuela; infundir saberes que alerten sobre las prácticas agrícolas inconvenientes y los daños al ambiente por irresponsabilidad empresarial, cultural, o labores ancestrales sin tecnificar debidamente, que destruyen los ecosistemas.
Por fortuna, corporaciones, ONGs, entidades y algunas instituciones educativas, han iniciado programas ecológicos, particularmente dirigidos a niños, y ese es un gran paso hacia la conciencia ambientalista del futuro.

Es reconfortante comprobar que existe una mayor apertura al conocimiento de este tema entre los jóvenes de hoy, con respecto a las anteriores generaciones, lo que redundará en los próximos años, en posiciones responsables para la conservación del planeta.

Para no parecer ignorantes en materia medioambiental, somos muy atrevidos al argumentar sin tener conocimientos. Confundimos términos, desconocemos cifras, ignoramos procesos, descalificamos; y lo peor, asumimos posturas frente a competencias relacionadas con el medio ambiente, totalmente equivocadas.

Es paradójico, por ejemplo, que no se acojan los llamados de atención a las comunidades con respecto a los desafueros en contra de ríos y quebradas (en ellos se arrojan todo tipo de desechos) mientras nos quejamos de la contaminación atmosférica. Bueno, eso es señal de ignorancia. Para cambiar tales actitudes, necesitamos divulgar los porqués de los daños al aire, las aguas y los suelos, y sus consecuencias para la vida de todas las especies.

Necesitamos mucha educación ambiental, teórica y práctica, permanente. Trascender lo emotivo, lo del momento, la conmemoración de una fecha. Las campañas motivan, bienvenidas; pero el efecto a largo plazo se consigue si son sostenidas en el tiempo y como complemento a la formación académica, en donde se puede profundizar y experimentar.

Mejor si nos concentramos en mentes abiertas, sea cual sea su edad cronológica, pues parece imposible convencer a ciertos sectores -cuyo signo pesos ocupa todo su horizonte- de que es necesario cambiar algunas prácticas y prioridades, ya que están haciéndole mucho daño al planeta de todos.

¿Será que en los entes territoriales del país, sí se le está metiendo el diente al fortalecimiento de las estrategias planteadas en la Política Nacional de Educación Ambiental, apoyando decididamente los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEA) y los Proyectos Comunitarios y Ciudadanos de Educación Ambiental (PROCEDA)?

¿Administraciones municipales y concejos conocen la Política Nacional de Educación Ambiental y sus deberes frente a ella? ¿O como tantas otras políticas en Colombia, se quedó en letra muerta?

PERIODISTAS Y RELACIONISTAS PERTENECEN A DOS CARAS DISTINTAS DE LA INFORMACIÓN




Periodista que esté defendiendo a los poderosos, no está en función del ejercicio periodístico, es un "relacionista"; y no es que las relaciones publicas sean cuestionables, no, simplemente ser periodista implica comprometer su labor informativa con toda responsabilidad frente a la sociedad; el relacionista, en cambio, tiene otro tipo de misión profesional, trabaja para una empresa u organización que necesita comunicarse con sus públicos y encontrar en ellos aceptación. Ambas actividades exigen ética profesional.

El periodista Jorge Ramos recién galardonado con el Premio a la Excelencia Gabriel García Márquez, dice en entrevista publicada este 29 de septiembre en el periódico El Mundo de Medellín: “…si nadie cree en lo que hacemos no sirve de nada nuestra profesión como periodistas”. Y en otro aparte señala expresamente que los periodistas nunca debemos estar del lado de los poderosos.

El mejicano Ramos, reconocido por su trabajo en Univisión por más de 30 años, es también calificado como un periodista estrictamente ceñido a principios éticos, y conciencia moral de la profesión.

Por otra parte, cada 26 de septiembre se exalta en el ámbito interamericano la labor relacionista, es decir, por estos días, precisamente, los comunicadores que trabajan en el área de las Relaciones Públicas, seguramente, y como es costumbre en nuestro medio, celebraron esta fecha con distintas actividades académicas y sociales.

En el marco de estos dos acontecimientos, es importante precisar aspectos relevantes en la formación académica de comunicadores preparados para ejercer el periodismo, o bien trabajar en el área de las relaciones públicas; a la vez que vale la pena diferenciar lo que parece confundirse.

Los conocimientos que nos da la academia para ejercer el periodismo, se concentran en las técnicas para el manejo de la información con todas sus exigencias de acuerdo con las características del canal o medio por el que difundimos. De igual manera nos preparan para ser idóneos en la utilización de los distintos géneros periodísticos, y desde luego en lo concerniente a los elementos indispensables para tener en cuenta según cada actividad periodística en particular. Esto así, grosso modo.

En lo que respecta a las Relaciones Públicas, en la universidad aprendemos que esta herramienta comunicacional, nos permite ejercer con profesionalismo, la tarea importantísima, para la empresa privada o para las entidades del estado, de establecer acercamientos amistosos e imperativos con los distintos públicos involucrados de alguna manera, directa o indirectamente, con la entidad, organización o empresa.

Para el ejercicio de las Relaciones Públicas, (confundidas no pocas veces con las relaciones humanas) se requiere saber cómo emplear las estrategias y tácticas para cada caso en particular, siempre enmarcadas en la ética. Estos conocimientos y principios también nos los da la academia.

Una y otra actividad -el periodismo y las relaciones públicas- al igual que otras labores en la sociedad, son practicadas también por quienes en razón de sus habilidades, gustos, u otras circunstancias, llegaron a estos campos de la comunicación sin formación académica universitaria, son los llamados empíricos, y los hay, como entre los profesionales, buenos, regulares y malos.

Relacionistas y periodistas como profesionales de la comunicación, hayamos obtenido el título que permite ejercer en ambas áreas, o bien quienes se prepararon solamente en el campo de la comunicación organizacional (así se le denomina en algunas universidades) o para los que ahora se forman en el periodismo exclusivamente, debe ser claro que, como lo afirma el periodista Jorge Ramos, en el trabajo informativo no se puede estar del lado de los poderosos.

Los relacionistas sirven de alguna manera a quienes están investidos de poder -público o privado- pero ello no significa que pueden mentir o engañar a sus públicos (entre estos los medios informativos) para obtener aceptación; ahí está el sentido ético de un profesional, y no es fácil, pero debe ser así, y se puede perfectamente pues no todo “poderoso” exige que su relacionista mienta. Las Relaciones Públicas bien ejercidas, son muy útiles a la sociedad pues aportan a los balances sociales.

Existen “poderosos circunstanciales” en razón del cargo que ocupan o por las funciones que desempeñan en determinado momento; con este tipo de personajes algunos periodistas son muy dados a tener “consideración”, por lo que esconden o enmascaran información que los pueda afectar. Reprochable sin lugar a dudas tal actitud, y es a eso a lo que se refiere Jorge Ramos.

Igualmente censurable la conducta del periodista que por “falta de empatía” con un personaje de reconocimiento público, exagere en calificativos afrentosos u ofensivos que responden a sentimientos personales y por lo tanto ajenos a la información pues obedecen a complacer rumores o rencores, y son lejanos a la verdad.

En resumen, ¿por qué se pierde credibilidad en los periodistas? Porque algunos no se limitan a informar, hacen de “relacionistas" pero indecorosos, hablan de los dueños del poder queriendo conseguir simpatía hacia ellos. Ni agraviar, ni alabar, es el papel del periodista íntegro.