lunes, 23 de febrero de 2015

CONCEJALES DE MEDELLÌN, NO JUEGUEN CON LOS CIUDADANOS



No puede ser que algunos concejales de Medellín crean que seamos tan bobos como para creerles que el Alcalde Aníbal Gaviria les presentó un proyecto de acuerdo para que le permitan privatizar a EPM. Ni el Alcalde va a cometer semejante despropósito, ni eso es así de fácil; menos pesar que a los concejales lo único que les queda es negarlo o aprobarlo tal cual y después gritarse entre ellos porque a falta de argumentos serios, objetivos y bien intencionados es más fácil armar una guachafita o salir a los medios a decir que los que defendieron o defienden ese proyecto mienten y que lo que buscan es darle atribuciones al Dr. Gaviria para entregarle EPM a los privados.




No veo a ningún alcalde de Medellín auto-crucificándose, ni a nadie de mediana inteligencia con esa ocurrencia, menos al actual que ha demostrado inteligencia y dotes gerenciales, que también algunas veces se ha equivocado sí, pero no por bruto.




Los electores estamos aterrados con tales manipulaciones, son vergonzosas las salidas destempladas, irrespetuosas y desde luego mal intencionadas (porque no creo que algún concejal de Medellín sea tan ignorante para interpretar el proyecto de manera tan absurda). Concejales con amplia trayectoria de honestidad, coherencia y seriedad -particularmente muy admirados por mí- así como otros más nuevos pero igualmente con interesantes posturas, lo mismo que otros quienes no sobresalen en igual sentido, se enfrentaron con sus homólogos. Fue una disputa entre seguidores del Alcalde y contradictores del mandatario local.




Lo anterior es evidente y da pesar que una ciudad tan importante, que afronta conflictos tan complejos, admirada y también vituperada, sea manejada con criterios a todas luces amañados, tendenciosos.




Se le puede cuestionar al Alcalde de la capital antioqueña el querer nuevamente que se le den facultades especiales para restructurar el Municipio, eso es discutible, analizable; pero de ahí a que algunos concejales aseguren panda y horondamente (o acaloradamente) que él quiere gracias a esas facultades privatizar a EPM y afirmarlo a los cuatro vientos sin fundamentos sòlidos, hay una gran diferencia.




Quiero creer que otros personajes de la vida pública muy connotados, que se han pronunciado en contra del proyecto no lo han leído juiciosamente, pienso que cayeron apresuradamente en la corriente que arrastra posiciones con eco en la opinión pública; no quiero creer que algunos de quienes aspiran a ganarse el favor del elector el 25 de octubre entren en ese juego.




Si bien es cierto que el proyecto de acuerdo apunta a la reestructuración de empresas oficiales del orden municipal, también es cierto que señala expresamente que en esa reestructuración no entran ni EPM ni EMVARIAS de ninguna manera.




Los concejales todos, creo, saben que reestructurar a EPM, por ejemplo, no es así de simple como que al alcalde de turno se le antojó y listo, hay una junta y otros estamentos que no se pueden ignorar, se tienen que tener en cuenta, oír y respetar. De ahí que no les podemos creer que es real su preocupación.



Una cosa es decir que se van a estudiar las 50 y tantas empresas públicas que están adscritas al Municipio de Medellín para analizar sus posibilidades organizacionales ubicándolas en otro contexto corporativo, el que puede incluir inclusive privatizar, y otra totalmente distinta abrir la posibilidad de que el Alcalde privatice a Empresas Públicas de Medellín a la luz del proyecto de acuerdo 300.




Por eso es por lo que algunos concejales dicen hoy una cosa y mañana otra; porque cuando leen debidamente y aterrizan en su error, o se sienten descubiertos en su patraña, y hasta cundo sucede cualquier otra cosa de esas que se han dado y se seguirán dando entre miembros de los poderes públicos, corporaciones y mandatarios, se echan para atrás y siguen muy campantes.

miércoles, 18 de febrero de 2015

MIELES Y MERMELADA

Sonaba mejor “las mieles del poder”, para referirse a  esa dulce situación –y tentación-  de la que han disfrutado sin excepción todos los que pertenecen o han pertenecido a las esferas de  mando de una u otra naturaleza, bien sea en cargos de elección popular, en corporaciones o entidades, o bien en los altos puestos de la burocracia. La “enmermelada” en cambio se pronuncia  como con amargura o rabia, y ha polarizado mucho las fuerzas deseosas, de lado y lado,  de embadurnarse empalagosamente.

Será por lo anterior por lo me gusta oír al precandidato conservador a la gobernación de Antioquia César Eugenio Martínez; sus posturas conciliadoras, su lenguaje incluyente, sus frases positivas; esa actitud de amigable componedor es la que necesitamos y queremos en nuestra sociedad tan enferma y aterradoramente violenta, en la que atizar el fuego con la insistencia en lo mismo, a nada bueno nos está llevando. El liderazgo para aportar al bienestar colectivo es una misión admirable; por el contrario,  liderar enfrentamientos para ahondar en rencores,  no puede ser el objetivo que prevalezca.

Y para meterme  de una vez en las conjeturas del acontecer político parroquial, ya que arranque con Martínez, sigo con los otros dos conservadores que como él aspiran ganarse el favor de los jefes de su Partido para quedar en definitiva candidato al primer cargo de Antioquia: Carlos Mario Montoya y Marta Cecilia Ramírez. Indudablemente más habilidoso políticamente, con más trayectoria y sobre todo sin “pelos en la lengua”, nada que ver son la diplomacia de César Eugenio o la delicadeza – que no es falta de carácter- de la Dra. Marta Cecilia, es Carlos Mario Montoya, y todo eso cuenta a la hora de las decisiones.

Por el lado del Centro Democrático se va como desinflando un poco, no digo de manera alarmante, la precandidatura de Liliana Rendón, las adhesiones al precandidato Andrés Guerra y su discurso bien argumentado le están significando puntos a favor. Por el derecho a pelearse la Alcaldía de Medellín en nombre del CD están Juan Carlos Vélez y Juan Fernando Jaramillo, el último muy activo y trabajándole a lo que le falta al primero: “gracia”. (Pero como no es un concurso de simpatía, es posible que la estrategia no le resulte. En todo caso el que manda, manda,  aunque mande mal, dicen).

En el CD es evidente hoy, como se da en todos las colectividades políticas, fraccionamientos  (así se les llama a las vertientes cuando están en peleas, matices cuando juegan a conciliar armónicamente) Tales fracturas, para el caso del uribismo,   tienen desencantada a la opinión pública que los creía más disciplinaditos; sin embargo no hay de qué preocuparse porque cuando  Uribe tome una decisión con respecto a candidatos definitivos, los pone en fila  y nadie se le sale de la rayita.

El Partido Liberal está en las mismas del Conservador, esperando a ver cómo se pone la corrida  para decidir  cambio de tercio. Los precandidatos están mostrando desespero, es lógico, mientras corre el tiempo los candidatos que no esperan avales sino que van por firmas avanzan con paso sereno pero persistente y en el camino van conquistando adhesiones que los fortalece.

Alonso Salazar en su aspiración a repetir alcaldía  está tranquilo con su aval conseguido fácilmente pues los directivos de la ASI  se lo quitaron al médico Luis Bernardo Vélez para reglárselo al exalcalde, sin ambages; y él no lo despreció porque más sabe el diablo por viejo que por diablo.  Salazar no es viejo pero ya pasó por suficientes pruebas como  para entender que esto de la “vocación de poder”  de los partidos está bien lejos de las sutilezas.

Los “federicos” siguen junticos,  Restrepo con la directriz clara del continuismo, apelando a la estrategia del reconocimiento a una gestión, la de Fajardo, que en las subregiones por fuera del área metropolitana es muy fuerte. En cambio Gutiérrez, el gustador, está un poco jugando en terreno movedizo y puede hundirse, así y todo con sus buenas intenciones y la claridad de su estrategia política muy bien llevada al discurso.

Falta Luis Pérez por salir al ruedo, está resguardado mirando desde la barrera pues la verdad no es tanto el afán si entendemos que el potencial elector, en un alto porcentaje, se decide a última hora y mientras tanto no están interesados en discrepancias al interior de las colectividades.

Los candidatos para Medellín y Antioquia que en los últimos meses de campaña exhiban la mejor casta ciudadana, presentando acertadamente su mensaje político,  con talla de  mandatarios, ganarán la contienda de octubre. Fajardo demostró con creces que ya en Antioquia no cuentan las maquinarias. Y en su momento Salazar, para quien hoy el escenario político no es idéntico al que teníamos cuando él ganó, Medellín hoy es uribista puro.

Los triunfadores el 25 de octubre, en lo que respecta a Gobernación de Antioquia y Alcaldía de Medellín específicamente, serán aquellos que mejor  toquen los sentimientos ciudadanos con un discurso convincente, ajeno a la burda demagogia, y sincero. La clase política acabó con la ideología de los partidos, así que las tácticas comunicacionales para  llegar hoy al elector, tienen que diseñarse con altas dosis de emociones, en sintonía con el potencial votante.