Sonaba mejor “las mieles del
poder”, para referirse a esa dulce
situación –y tentación- de la que han
disfrutado sin excepción todos los que pertenecen o han pertenecido a las
esferas de mando de una u otra naturaleza,
bien sea en cargos de elección popular, en corporaciones o entidades, o bien en
los altos puestos de la burocracia. La “enmermelada” en cambio se pronuncia como con amargura o rabia, y ha polarizado
mucho las fuerzas deseosas, de lado y lado, de embadurnarse empalagosamente.
Será por lo anterior por lo me
gusta oír al precandidato conservador a la gobernación de Antioquia César
Eugenio Martínez; sus posturas conciliadoras, su lenguaje incluyente, sus
frases positivas; esa actitud de amigable componedor es la que necesitamos y
queremos en nuestra sociedad tan enferma y aterradoramente violenta, en la que
atizar el fuego con la insistencia en lo mismo, a nada bueno nos está llevando.
El liderazgo para aportar al bienestar colectivo es una misión admirable; por
el contrario, liderar enfrentamientos
para ahondar en rencores, no puede ser
el objetivo que prevalezca.
Y para meterme de una vez en las conjeturas del acontecer
político parroquial, ya que arranque con Martínez, sigo con los otros dos
conservadores que como él aspiran ganarse el favor de los jefes de su Partido
para quedar en definitiva candidato al primer cargo de Antioquia: Carlos Mario
Montoya y Marta Cecilia Ramírez. Indudablemente más habilidoso políticamente,
con más trayectoria y sobre todo sin “pelos en la lengua”, nada que ver son la
diplomacia de César Eugenio o la delicadeza – que no es falta de carácter- de
la Dra. Marta Cecilia, es Carlos Mario Montoya, y todo eso cuenta a la hora de
las decisiones.
Por el lado del Centro
Democrático se va como desinflando un poco, no digo de manera alarmante, la
precandidatura de Liliana Rendón, las adhesiones al precandidato Andrés Guerra
y su discurso bien argumentado le están significando puntos a favor. Por el
derecho a pelearse la Alcaldía de Medellín en nombre del CD están Juan Carlos Vélez
y Juan Fernando Jaramillo, el último muy activo y trabajándole a lo que le falta
al primero: “gracia”. (Pero como no es un concurso de simpatía, es posible que la
estrategia no le resulte. En todo caso el que manda, manda, aunque mande mal, dicen).
En el CD es evidente hoy, como se
da en todos las colectividades políticas, fraccionamientos (así se les llama a las vertientes cuando
están en peleas, matices cuando juegan a conciliar armónicamente) Tales
fracturas, para el caso del uribismo, tienen
desencantada a la opinión pública que los creía más disciplinaditos; sin
embargo no hay de qué preocuparse porque cuando
Uribe tome una decisión con respecto a candidatos definitivos, los pone en
fila y nadie se le sale de la rayita.
El Partido Liberal está en las
mismas del Conservador, esperando a ver cómo se pone la corrida para decidir cambio de tercio. Los precandidatos están
mostrando desespero, es lógico, mientras corre el tiempo los candidatos que no
esperan avales sino que van por firmas avanzan con paso sereno pero persistente
y en el camino van conquistando adhesiones que los fortalece.
Alonso Salazar en su aspiración a
repetir alcaldía está tranquilo con su
aval conseguido fácilmente pues los directivos de la ASI se lo quitaron al médico Luis Bernardo Vélez
para reglárselo al exalcalde, sin ambages; y él no lo despreció porque más sabe
el diablo por viejo que por diablo.
Salazar no es viejo pero ya pasó por suficientes pruebas como para entender que esto de la “vocación de
poder” de los partidos está bien lejos
de las sutilezas.
Los “federicos” siguen junticos, Restrepo con la directriz clara del
continuismo, apelando a la estrategia del reconocimiento a una gestión, la de
Fajardo, que en las subregiones por fuera del área metropolitana es muy fuerte.
En cambio Gutiérrez, el gustador, está un poco jugando en terreno movedizo y
puede hundirse, así y todo con sus buenas intenciones y la claridad de su
estrategia política muy bien llevada al discurso.
Falta Luis Pérez por salir al
ruedo, está resguardado mirando desde la barrera pues la verdad no es tanto el
afán si entendemos que el potencial elector, en un alto porcentaje, se decide a
última hora y mientras tanto no están interesados en discrepancias al interior
de las colectividades.
Los candidatos para Medellín y
Antioquia que en los últimos meses de campaña exhiban la mejor casta ciudadana,
presentando acertadamente su mensaje político,
con talla de mandatarios, ganarán
la contienda de octubre. Fajardo demostró con creces que ya en Antioquia no cuentan
las maquinarias. Y en su momento Salazar, para quien hoy el escenario político no
es idéntico al que teníamos cuando él ganó, Medellín hoy es uribista puro.
Los triunfadores el 25 de octubre,
en lo que respecta a Gobernación de Antioquia y Alcaldía de Medellín
específicamente, serán aquellos que mejor
toquen los sentimientos ciudadanos con un discurso convincente, ajeno a la
burda demagogia, y sincero. La clase política acabó con la ideología de los
partidos, así que las tácticas comunicacionales para llegar hoy al elector, tienen que diseñarse
con altas dosis de emociones, en sintonía con el potencial votante.