martes, 11 de noviembre de 2025

No más burlarse del electorado

 


Por Claudia Posada

Los escenarios políticos no son muy limpios que digamos. ¡Nada qué hacer! En

las luchas por el poder tal parece que la consigna es “Todo se vale”. Y no

solamente es por conquistar el poder que no se ha tenido, también por

reconquistar el que se tuvo, o por permanecer en él. Como estamos en una de las

etapas de proselitismo previas a elecciones legislativas y a escasos meses de

tener nombres definitivos para disputar la presidencia de Colombia, el ruido de las

campañas sucias confunde y en consecuencia aturde. Somos los potenciales

electores quienes más nos quejamos de cómo nos agobian los rifirrafes que no

nos dejan ponderar sensatamente considerando que en particular, quienes no

pertenecemos a ninguna rama del poder público, es decir, no trabajamos con el

Estado, no tenemos interés distinto a ejercer un derecho ciudadano para contribuir

en democracia, con el ánimo de depositar un voto que sume para llevar al poder a

los mejores que de verdad busquen el bienestar del país; aunque a veces

quisiéramos ser como aquellos que no se dañan el día viendo o leyendo la

ordinariez de propaganda que inunda las redes sociales contra opositores, y

olvidarnos de campañas políticas.

Desde las acciones de campaña hasta el ejercicio del poder, una gran mayoría de

políticos mienten, simulan, disfrazan. Se burlan de los ciudadanos. ¿A quiénes

están dirigidas las campañas? Generalmente a grupos segmentados por edades,

estratos socioeconómicos (según necesidades básicas insatisfechas en unos y ya

satisfechas en otros) características geográficas, demográficas … pero a partir de

algunos años hacia acá, buscan emocionar a ciudadanos de supuestas tendencias

ideológicas con las que dicen entusiasmarse simplemente repitiendo lo reiterativo

en los discursos de los candidatos que les gustan, sin escudriñar. En anteriores

campañas, los electores decían ser liberales o conservadores, en ese sentido

optaban por el candidato oficial de su partido; ahora, según estudios de análisis

electoral, el comportamiento político del elector es muy distinto y como tal, la

estructura de campañas sí que lo es. Por ejemplo, Gustavo Petro fundamentó su

campaña en las promesas que se asocian a igualdad de oportunidades y el

rescate de una vida digna que disminuyera la desigualdad social tan gravemente

acentuada en el país; no importó a sus electores que los candidatos de derecha

aseguraran que un candidato de izquierda llevaría a Colombia a convertirse en un

Estado según el modelo venezolano. En cambio, la explicación del porqué

obreros y trabajadores de menores ingresos votaron (y volverán a hacerlo) por el

candidato de la derecha (en ese momento Rodolfo Hernández) fue cómo caló en

ellos el decir, por ejemplo, que con un gobierno de izquierda la inversión

escasearía y con ello los empleos. La izquierda populista del “kirchnerismo” en


Argentina, por ejemplo, prometía un Estado defensor de los pobres y enemigo del

neoliberalismo. Juzguen ustedes si hubo o no engaños. Eso es ponderar y sacar

conclusiones. Hagámoslo con respecto a legisladores y gobierno actuales.

¿Por qué decir que los políticos en campaña (y estando elegidos también) se

burlan de los ciudadanos? Pues porque las redes sociales facilitan la legitimación

de contenidos concebidos para engañar o mentir, para desprestigiar y confundir. Y

ellos lo aceptan. Es por la desconfianza creada por la misma clase política y

tantísima confrontación entre las extremas, que los potenciales electores están

pensando en el centro como alternativa electoral. Se vio en la encuesta reciente

que Sergio Fajardo arrastra simpatías, sin aspavientos, lejos de las garroteras

marca preferencias; lo mismo parece atraer de Iván Cepeda, inclusive dijo que no

quiere ir a debates que se perciban como camorristas, no quiere provocaciones

hirientes. En cambio, para los candidatos y precandidatos de la derecha las cosas

no andan bien, las preferencias están muy repartidas, y entre ellos hay duras

hostilidades incluso al interior de colectividades que fueron sólidas se ve tirantez.

Acuerdos que no cuajan, alianzas que no pelechan. Les va a tocar volverse serios,

no más burlarse del electorado como lo vemos en representantes de la izquierda y

de la derecha.

Cómo nos gustaría mayor compromiso de los medios con uno de los principios del

periodismo: equilibrio informativo. Pero si de asuntos políticos se trata es en donde

menos se están respetando principios éticos.

(Publicado en El Reverbero de Juan Paz)

Confrontemos discursos con hechos antes de decidir

 

Por Claudia Posada

Estamos a siete meses de la llamada primera vuelta para elegir al presidente de

Colombia que a partir del 7 de agosto del 2026 entre a ocupar la Casa de Nariño.

La jornada electoral para ese fin es el 31 de mayo del próximo año, fecha en la

cual elegiremos presidente y vicepresidente, siendo posible que de no tener

alguno de los candidatos la mayoría, habrá un mes después la segunda vuelta

para decidir definitivamente entre los dos primeros que es definido por la mayoría

de votos. En este momento estamos en la etapa en la que se van decantando

nombres, depuración que hacen las colectividades bajo distintos mecanismos. La

izquierda, con su consulta partidista ya determinó por la participación de los

ciudadanos seguidores de sus tesis, su preferencia, y es así como será Iván

Cepeda el político que se prepara para enfrentar la campaña que termina en mayo

pero que en el momento apenas sí tiene en conversaciones a los dirigentes que

buscan concretar nombres con los que competirán por el poder del gobierno

nacional. La tarea no está fácil. Cuando los aspirantes son tantísimos, cuando no

hay firmeza de convicciones y lo que se mira estratégicamente desde

conveniencias circunstanciales, no se enmarca en afinidades conceptuales,

ideológicas y mucho menos en propósitos que rigen los principios inspiradores del

ejercicio político, aparecen más reclamos que buenas alianzas.

Mientras tanto, en las bases de los partidos y en la ciudadanía en general, las

conjeturas se fundamentan en la credibilidad o no que se percibe cuando hay

interés en mirar posturas, declaraciones y, desde luego, comentarios, entrevistas y

en las inevitables redes sociales, con su seriedad y objetividad, algunas veces, o

acomodos a libretos (inclusive en medios tradicionales) más de lo creemos. Entre

comunidades organizadas, familias y grupos pensantes y participativos que se

prestan a los análisis sin apasionamientos, y fuertes e influyentes posiciones de

contratistas de profesión; también entre sectores con interés legítimos y otros no

tanto, se da más desconcierto y desconfianza que certezas. Ser capaces de

analizar, por ejemplo, las grandes diferencias entre los discursos de Gustavo Petro

e Iván Cepeda, siendo ambos representantes auténticos de la izquierda

colombiana (no aparecidos oportunistas) testimonia la incapacidad de definir

cuándo entre tantos aspirantes, que dicen ser de derecha, centro o izquierda, hay

congruencia entre lo que se dice, se siente y se manifiesta. Traducir a lo que se

espera a la hora de gobernar, con respecto al discurso de campaña, requiere la

juiciosa interpretación que sin duda no está aún posicionada en las mentes del

potencial votante. Confrontemos discursos con hechos antes de decidir a quien le

damos nuestro valioso voto.


Empecemos por aceptar que, los valores y principios de las distintas

características de quienes se postulan como representantes de una u otra

ideología, con hechos contradicen lo que predican. Si, por ejemplo, la derecha,

propende por la preservación de la identidad cultural, y, entre otras, la defensa de

la soberanía, pero las acciones de sus representantes no se compadecen con ese

principio, no podemos decir que son consecuentes con sus posturas. Si los de la

izquierda se quedan en el discurso porque a la hora del té confieren prioridades a

sus contrarios, ameritan cuestionamientos. Y si los que se dicen de centro, es

decir, ajenos a componendas de extremas, quizás no están equilibrando la libertad

económica con la justicia social, o acaso no promueven un cambio social gradual

fundamentado en las realidades del país, o ignoran el mercado con regulación,

ponen en duda sus auténticas determinaciones.

Miremos como provechoso el amplio abanico de candidatos, aunque será la

dirigencia política (con sus grupos de presión) la que defina nombres para entrar

en la contienda, entre tantos hay figuras conocidas que ya han mostrado su

talante, otras no tanto, pero estos deberán identificar sus apoyos pues de quiénes

se rodean cuenta mucho.

(Publicado en el Reverbero de Juan Paz)

domingo, 26 de octubre de 2025

“Fanatismo estructural”

Por Claudia Posada 

Sobre el festival de brujería que organizó Comfama y que se llevó a cabo en Medellín este 16 y el 17 de octubre, la caja de compensación en su página refirió así al certamen: “Brujería hace un llamado a celebrar, entender y valorar la otredad y las experiencias espirituales diversas (negrilla del original) en sus distintas manifestaciones y celebraciones rituales y materiales. Durante los dos días se presentarán demostraciones rituales colombianas como la Yonna guajira o los alabaos interpretados por cantaoras del Pacífico. También celebraremos los 50 años del icónico primer Congreso Mundial de Brujería, con charlas sobre historia, feminismo, arte y espiritualidad. Exploraremos la conexión de la cocina con los saberes ancestrales, como primer laboratorio de alquimia. Miraremos a las estrellas no para predecir un destino, sino para comprender el presente. Además, podremos cantar y bailar con Amanrouge y su romanticismo gótico, Bella Álvarez y Gabriela Poncese”. ¡Qué novedoso! O sea que, culturalmente y desde el punto de vista de vivencias que siguen existiendo entre algunas comunidades milenarias y en sentires comunes en nuestros propios ancestros no tan lejanos, u otros aún entre nosotros, los asistentes comprendieron -o se “encarretaron” tal vez- con testimonios de la esencia, o esencial, de mitos y rituales que se remontan a civilizaciones antiguas, aunque no faltarían las narrativas más nuevas cargadas de figuras como las adivinas; muchos recordaron seguramente textos literarios o las tradiciones orales que hablan de creencias y prácticas mágicas y es muy posible que supieran de supersticiones que sobreviven a la modernidad. En todo caso, fueron dos días para los que programaron “charlas, exposiciones, rituales, mercado y conciertos”, anunciaba Comfama en la promoción que hizo de su Feria Popular de Brujería. 

Creo que no haya ninguna otra caja de compensación en el país, como la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama. Es completísima en todo lo que respecta a ofrecer cursos y talleres dirigidos a distintos grupos por edades, necesidades y gustos, tienen actividades de formación en escritura, idiomas y tecnología; programas de vacaciones, adiestramiento deportivo, recreación, y hasta planes de vivienda; la entidad señala que a sus afiliados y a la población en general, con trifas diferenciadas, brinda “clases de yoga, danza, cocina y arte, además de planes de gimnasio, asesoría en salud mental, terapias y programas para reducir el estrés, mejorar la memoria y la autoestima. Vive experiencias que nutren cuerpo, mente y espíritu, mientras alcanzas tus metas de salud y felicidad”. Es decir, yo me quedo corta en enunciar su oferta, pero lo que quiero significar es que hablar a la ligera por convencimiento o para dárselas de muy cristianos, religiosos o temerosos de Dios, satanizando la feria popular con el nombre “Brujería”, rasgándose las vestiduras, es ignorancia, o hipocresía. A los espantados con el nombre de certamen, les hubiera convenido darse una pasadita por alguna charla evitando prejuicios. Deberíamos pensar si acaso Colombia está pasando por otra crisis grave: “Fanatismo estructural”. Éste se manifiesta en lo religioso (como ocurrió a raíz de la feria popular brujería) pero marcadamente en lo político, aunque no falta en uno que otro episodio deportivo; sin olvidar que hay fanáticos religiosos que llevan sus creencias radicales al campo político y lo amalgaman fundiendo juicios y credos. 

Fue así como hubo épocas de la violencia colombiana en la que desde algunos púlpitos se predicaba con odio en contra de idearios liberales. Ahora son los discursos incendiarios de las extremas los que mezclan fe con doctrinas, ideología y supersticiones. Candidatos presidenciales que antes de su aspiración se declaraban ateos, ya resultaron fieles seguidores de Cristo por conveniencia electoral. El mismo fanatismo estructural hace que una sociedad se enferme. Así sentimos el país, enfermo. Se alteró la salud colectiva por razones de distinta naturaleza, y entre tales orígenes está la polarización política. La clases dirigentes, económicas y políticas perdieron la noción de bienestar común. Desde las instituciones que contemplan sus deberes como mera disculpa para defender lo que llaman “independencia de poderes”, salen voces descompuestas que atizan las hogueras, con sus enfrentamientos interminables. Pero no es solamente en las altas esferas, ni únicamente en los escenarios de poder y decisión en donde se olvidó la sensatez, el buen juicio, la sabia ponderación para sanar el clima enrarecido que nos agobia; no, otros espacios son invadidos también por el accionar irreflexivo, la imprudencia, e intolerancia demostrada con agresiones, o con amenazas bate en mano como la actitud beligerante del concejal de Medellín que vociferó sandeces en una reciente marcha en la que muchos hicieron pacíficamente uso del derecho a la protesta, mientras otros, cubriendo con capuchas sus malas intenciones, fueron violentos. 

Es difícil para nosotros los ciudadanos del común, entender el porqué del descontrol que impide lo que esperamos de la fuerza pública, individualizar a los vándalos. Pero volviendo al tema de la “brujería”, sorprende que se alcen voces de figuras públicas, y salgan con pancartas ciudadanos en distintas ciudades, muy enfadados por ese tipo de certámenes que duró dos días, reclamando el supuesto malgasto de los recursos de Comfama; y en cambio, los pronunciamientos de alcaldes como el de Medellín, casi a diario, insistiendo en polarizar, sin duda con tono arrogante y pendenciero, no produce malestar público, siendo evidente que sus posturas manifiestas, lo mismo que las del presidente Petro por el enfrentamiento que mantienen, agudizan el fanatismo estructural ideológico que ambos alimentan con sus rabias personales.

martes, 14 de octubre de 2025

No cualquiera es un líder político

Por Claudia Posada Teniendo claro que la clase política, con sus figuras más representativas o visibles, los supuestos lideres que ante la opinión pública son más escuchados o al menos creemos que nos representan como ciudadanos en la democracia ( no participativa sino representativa) colombiana; hartos de manipulaciones mediáticas y estrategias que nos tienen en una polarización engañosa que no pertenece solamente a Colombia pues se padece en muchísimos países del mundo de hoy, voy a dejar de lado mis opiniones y les presentaré lo que absolutamente todo encontré en la IA , partiendo de mis preguntas a la tecnología que nos rodea sin manera de zafarnos ya de ella, alimentada por algoritmos (variables de entrada que le entregan los “Programadores, científicos de datos, lingüistas, diseñadores y especialistas en ética colaboran desde la fase de diseño hasta la implementación de los sistemas”) de los que se nutre IA: Arranqué preguntando a IA cuáles son las características de un líder político y esto me respondió: “Un excelente líder político reúne una combinación de valores, habilidades y actitudes que le permiten servir al bien común y mantener la confianza de la ciudadanía. Algunas características clave son”: 1. Visión clara y estratégica o Tiene un proyecto de país o comunidad a largo plazo. o Sabe comunicar esa visión y motivar a otros a trabajar en ella. 2. Integridad y ética o Actúa con honestidad, transparencia y coherencia. o No utiliza el poder en beneficio propio, sino para el bien colectivo. 3. Capacidad de comunicación o Expresa ideas con claridad, empatía y convicción. o Escucha activamente a la gente, no solo habla. 4. Empatía y cercanía con la ciudadanía o Comprende las necesidades reales de la población. o Se mantiene accesible y sensible a las diferentes realidades sociales. 5. Toma de decisiones responsable o Sabe analizar información compleja y tomar decisiones firmes, aunque sean difíciles. o Evalúa riesgos y consecuencias antes de actuar. 6. Liderazgo inspirador y capacidad de unir o Promueve la cooperación entre distintos sectores e ideologías. o Busca puntos en común más que divisiones. 7. Conocimiento y preparación o Domina temas de política, economía, historia y contexto internacional. o Se asesora de expertos y valora la evidencia científica. 8. Valentía y resiliencia o Afronta crisis y presiones con serenidad. o Se recupera rápido de los fracasos o ataques, sin perder la dirección. 9. Compromiso con la justicia social o Defiende la igualdad de oportunidades y protege a los sectores más vulnerables. o Promueve políticas inclusivas y sostenibles. 10. Capacidad de formar equipos o No gobierna solo: sabe delegar, rodearse de gente competente y motivar a su equipo. “En resumen: un gran líder político no se mide solo por el poder que alcanza, sino por la confianza que genera, la justicia de sus decisiones y el legado positivo que deja en su sociedad”. Muy colaborativa, la IA me sugirió ¿Quieres que te arme un cuadro comparativo entre un líder político excelente y uno deficiente, para ver mejor las diferencias? Obviamente le dije que sí: “Perfecto. Aquí tienes un cuadro comparativo claro entre un líder político excelente y uno deficiente”: Aspecto Líder político excelente Líder político deficiente Visión Tiene un proyecto claro y a largo plazo para el bien común. Carece de plan; improvisa o gobierna solo para intereses inmediatos. Ética e integridad Actúa con honestidad, transparencia y coherencia. Usa el poder para su beneficio personal o el de su círculo cercano. Comunicación Escucha, dialoga y transmite ideas con claridad y empatía. Manipula, miente o evita responder; no escucha a la ciudadanía. Relación con la gente Se mantiene cercano, entiende las necesidades reales y gobierna para todos. Se aleja de la ciudadanía, gobierna para unos pocos o crea divisiones. Toma de decisiones Analiza, consulta y decide con responsabilidad, aunque implique costos políticos. Decide de manera impulsiva, populista o sin considerar consecuencias. Trabajo en equipo Se rodea de expertos, delega y reconoce el mérito. Se rodea de incondicionales, no acepta críticas ni comparte responsabilidades. Justicia social Promueve igualdad de oportunidades e inclusión. Favorece a grupos privilegiados y margina a sectores vulnerables. Gestión de crisis Enfrenta los problemas con valentía, serenidad y soluciones. Evita responsabilidades, culpar a otros o minimiza los problemas. Sí, ahí tenemos el ideal de los lideres políticos que quisiéramos y aunque no podemos esperar tener muchos entre nosotros, sí desearíamos encontrar unos que se acerquen a las esferas de poder y decisiones con la intención de tener y conservar al menos algunas de las características cercanas a la excelencia. Infortunadamente cada vez nos decepcionamos más. La lista de políticos deficientes es larga, y lo peor es que tiende a crecer; todos los días de descubren chanchullos, embuchados, y se destapan ollas podridas en donde menos se cree. Si bien no perdemos la esperanza de encontrarnos a los realmente buenos, por escasos que sean, como ciudadanos observando el inicio de campañas electorales para el próximo Congreso, lo mismo que para presidente de los colombianos en momentos que se avecinan decisivos para el país dadas las condiciones tanto internas como en el entorno internacional, nos vendría bien hacer lo máximo que podemos: votar, y está en nuestras manos, analizar nombres y figuras que al menos por sus posturas, lenguaje y capacidad de escucha nos genere mayor confianza, credibilidad y empatía. Afortunadamente hemos aprendido algo por la experiencia en decepciones acumuladas, aprendimos a desconfiar de los discursos maliciosos que tienen sentados en las curules del Congreso a un montón de repitentes, y también a nuevos que “favorecen a grupos privilegiados y marginan a sectores vulnerables”, como lo señala IA en las características, entre otras, de los lideres deficientes. Ah, y para elegir al próximo presidente de Colombia sí que vamos a tener que abrir los ojos y serenar la mente. A la IA le faltó una característica muy importante de observar en candidatos para repetir: Cuidado con los que trabajan para los lobistas. “Un lobista es un profesional que busca influir en las decisiones de las autoridades públicas y en la formulación de políticas, leyes y programas, representando los intereses específicos de una empresa, organización o colectivo. Esta actividad, también llamada lobby o cabildeo, implica una negociación y una persuasión para que los legisladores o funcionarios apoyen o rechacen determinadas iniciativas”. A la hora de apoyar, reformar o enterrar leyes, se conoce a los que les sirven a los lobistas.

martes, 12 de agosto de 2025

A propósito de la V Cumbre de Presidentes Amazónicos

Por Claudia Posada
Mirar otros territorios colombianos, entender sus dinámicas, saber más de sus gentes y dificultades, admirar sus fortalezas lo mismo que asombrarnos por sus bellezas y riquezas naturales, nos hace falta aquí en las ciudades y pueblos de los departamentos que gozamos de mayor divulgación. Por una u otra razón, los acontecimientos de las costas pacífica y atlántica, el centro del país, la región cafetera, los Santanderes, la región sur occidental y sus importantes departamentos, siempre están en el radar informativo. En cambio, poco miramos -y poco nos cuentan en los medios nacionales- de lo que pasa más hacia el sur y suroriente del país para poder enterarnos de cómo y de qué viven nuestros compatriotas cerca a poblaciones limítrofes con países como Ecuador y Perú al sur, o en Brasil al suroriente. Por estos días subió al ámbito noticioso el tema Perú, la conmemoración del 7 de agosto fuera de lo usual, puso al Amazonas en primeras páginas y por ahí derecho en el mismo plano el asunto de la reclamación al Perú por parte del mandatario de los colombianos, Gustavo Petro, quien hizo público el conflicto territorial entre Perú y Colombia por la isla Santa Rosa. Sin embargo, para algunos políticos de esos que reciben del Estado sueldos superiores a los 50 millones mensuales fuera de privilegios sustanciosos, el tema no pasó de ser tratado en sus cuentas X más que para burlas y sarcasmos dirigidos al gobernante de la Nación; en cambio, los científicos advirtieron de nuevo -como desde años anteriores- sobre la sedimentación en las inmediaciones de la capital amazónica cuya situación ambiental se constituye hoy en amenaza que podría dejar al puerto colombiano de Leticia sin conexión al río Amazonas. Asuntos así, de tanta trascendencia, no son del interés de la clase política colombiana en general, su tiempo, es mayormente ocupado en dimes y diretes, criticas sin argumentación, y defensas que satisfagan sus intereses personales. Y de los grandes medios, mejor ni hablemos. A propósito, rescatando novedades buenas ignoradas en los medios informativos, según la Agencia de Noticias UNAL (Universidad Nacional), la Declaración de Leticia “llevará la voz de la educación amazónica” a la V Cumbre de Presidentes Amazónicos; documento que nació en el Encuentro de Educación Amazónica en Leticia, convocado por la Cancillería y organizado juntamente con la UNAL con el apoyo de los Ministerios de Salud y Protección Social, y Educación, el que tuvo en cuenta particularmente el sentir de pueblos indígenas, las voces de comunidades locales y el sector educativo en pleno; su contenido se presentará el 22 de agosto en la V Cumbre de Presidentes de los Estados Parte del Tratado de Cooperación Amazónica (TCA) que se celebrará en Bogotá: “La Declaración de Leticia, construida colectivamente en Leticia con participación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), plantea mandatos y recomendaciones para proteger la Amazonia, garantizar una educación intercultural, frenar la pérdida de biodiversidad y enfrentar la crisis climática”. En Colombia hay que redimir logros cuyo objetivo ha sido el fortalecer la participación del sector educativo en las decisiones regionales sobre la Amazonia; lo anterior, desde luego, en coherencia con la Declaración de Belém do Pará (2023) “y con miras a la COP30, el evento de negociación más importante sobre cambio climático en el mundo, que este año se centrará en temas como la reducción de emisiones, la adaptación al cambio climático, la financiación climática y la preservación de los bosques, y que se realizará en Brasil en noviembre del presente año”. Precisamente en esto de temas ambientales, se presentan conflictos originados por posiciones encontradas cuando no se busca concertar intereses sanos para el bienestar de todos, sino que, al radicalizar posturas, nacen problemas en donde no los hay desviando el foco de lo verdaderamente importante. Por estos días, el gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, tuvo un rol protagónico en medios cuando en el marco de paros y bloqueos de vías, pero particularmente en las negociaciones relacionadas con la Federación de Campesinos Parameros, el político del Partido Verde -tendencia centro izquierda- salió en defensa del representante de esa organización, Roberto Arango Torres. Amaya se ha distinguido por posturas ponderadas, inclusive, al deslindarse de algunas decisiones del presidente Petro, mientras otras las apoya; precisando unas y otras con juiciosos argumentos. El tema de los páramos es claro ejemplo de cómo hay posiciones opuestas, tan disímiles que parece no encontrarse puntos en común. Trascendió cómo, por ejemplo, colectivos ambientales -a los que también hay que oír- se sintieron estigmatizados por el gobernador Amaya, mientras él defendía al que es visto, no como campesino, sino como el hacendado Arango Torres, que es, dicen: “cuestionado por sus argumentos contrarios a las normas que delimitaron el páramo El Cocuy, y puntualmente por varias advertencias a la ministra encargada de ambiente, Irene Vélez, y a la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, en relación con las decisiones previstas en la Ley para regular las actividades agropecuarias y otras que prohíben la minería”. Ganadería, minería, quema de combustibles fósiles, industria energética, agricultura (por el uso de fertilizantes y pesticidas), deforestación (la tala de bosques afecta principalmente la Amazonía colombiana), eliminación inapropiada de dispositivos electrónicos… son temas controversiales que no deberían tratarse desde posturas radicales en las que pesan intereses personales que impiden ver la importancia de analizarlos, objetivamente, desde el conocimiento técnico y científico. Y mucho menos desde el punto de vista de intereses políticos. ¡Éste sí qué es el peor contrasentido!

sábado, 24 de mayo de 2025

Las marrullerías no son nada nuevo

No es necesario entrar en detalles específicos sobre la pelotera del 14 de mayo reciente, cuando se esperaba el resultado de la votación que finalmente restó la posibilidad -por ahora- de llevar a cabo la consulta popular como herramienta de inicio para el proceso, hace poco archivado en la Comisión séptima del Senado, que daría paso a las etapas de consolidación para la reforma laboral propuesta por el actual gobierno. Las pantallas instaladas en el recinto del Congreso mostraban un número de votantes no coincidente -para el Si o el No- confrontando con los que resultaron; aparentemente, fueron distintos al ajustarlos con respecto a los votos que fueron anunciados como manuales, no electrónicos. En todo caso, aquella transmisión en directo fue comentada según cada medio presente allí, daba cuenta del enfrentamiento originado en la falta de transparencia que argumentaron algunos de los presentes, y, desde percepciones distintas. O tal vez, oyendo a otros, por las maniobras que son de los juegos engañosos que hace rato son parte de las mañas de políticos que están en el Congreso para hacerse a casi cincuenta millones de pesos mensuales trabajando, sin estricto cumplimiento, tres días a la semana, no siempre permaneciendo en toda la jornada mientras están en sesiones, si no es que en los momentos clave para votar todo lo trascendente para el país, sufren algún percance o dolor síntoma de enfermedad que les obliga apartarse del reciento; o como en otras ocasiones, retirándose muy orondos con el fin de desbaratar el cuórum necesario para poder continuar con el orden del día previamente acordado. Las marrullerías no son nada nuevo, y poco o nada les importa que los ciudadanos estemos enterados de sus verdaderos intereses. Lo nuevo en la historia del Congreso colombiano es la presencia de bancadas afines al gobierno actual que dicen pertenecer a la tendencia ideológica de izquierda, estos son los llamados por los más fastidiosos de la oposición “mamertos”, siendo éste el epíteto menos hiriente de los preferidos para señalar a los que piensan distinto a la derecha. Ya pasaron, unos y otros, del enfrentamiento verbal respetuoso a los gritos y estrujones. Al lenguaje incendiario -sin que necesariamente sea vulgar- ese del cinismo engreído, escandaloso, presuntuoso, que se puso de moda, ahora lo sobrepasa el empujón, el manotazo, los gritos para expresar discrepancias; el mismo que se impuso para hacer referencia a los contrarios. ¿Tocará acostumbrarnos? ¡Qué pesar! desapareció el manejo agudo e inteligente, sagaz, pero en todo caso decente que observábamos antes en las figuras públicas para expresar discrepancias a la hora de disentir. Y ni hablar de otra modita bien fea: A falta de los ya de por sí malucos mensajes en redes sociales en los que ventilan asuntos concernientes al manejo interno de los asuntos públicos, aparecieron las cartas tamaño pastoral en las que descalifican destilando ira y rencores cumulados, tal vez, por no conversar oportuna y serenamente con quienes, no siendo infalibles, pudieron cometer errores. También es de pésimo gusto el que se estén cruzando vainas que son del resorte interno de los equipos de trabajo gubernamentales, sacando carpetas y trapitos al Sol para “echarle codo” a quienes bien podrían ignorar, o demandar si es del caso, pero sin tanta pantomima. Tales espectáculos públicos desdicen mucho de coequiperos. Por lo demás, tan sabido es el uso de mañas desde siempre, hoy y será por siempre, en el “arte” de hacer política, que el cansancio ciudadano superó todo interés genuino por descubrir a quiénes hay que creerles y a quienes hay que echar en los costales mal olientes de la corrupción, las mentiras, engaños o manipulaciones. En esos costales caben nombres pertenecientes a toldas azules, rojas, verdes y amarillas; es decir, por igual de los llamados partidos tradicionales como de los conformados más recientemente. Y mientras tanto el presidente Gustavo Petro en su viaje a la China consiguiendo y consolidando acuerdos comerciales que se ajusten a sus políticas de relaciones internacionales. Como en todo, hay críticos de dicha gestión como los ha habido con respecto a casi toda decisión que toman los gobiernos de turno; con mayor razón en cuanto a esta posición que significa otro ingrediente modificador de lo establecido tácita o explícitamente en los mandatos anteriores al guardar la máxima “compostura” para no soltar el freno de mano, temiendo disgustar a los gobiernos de los Estados Unidos. Por los registros que dan cuenta sobre países de Latinoamérica que encabezan el rubro de exportaciones hacia China, según la Administración de Aduanas de la República Popular China, la CEPAL y otras fuentes de información, se conoce lo siguiente: Brasil es el principal socio comercial de China en América Latina; entre los principales productos que exporta hacia ese país se encuentran la soja (35,4%), hierro (20,2%), petróleo (18,6%), carne de vacuno congelada (8,82%) y pasta de celulosa (3,36%), de acuerdo con datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés). Le sigue Chile cuyo principal producto que exporta a China es el cobre (en bruto y refinado). Chile también es el segundo en la lista de los que tienen un mayor superávit comercial. “Otro producto destacado son las frutas sin hueso, de las cuales Chile es el principal exportador del mundo, y China la mayor importadora. También son notables las cifras de exportaciones chilenas de sustancias químicas inorgánicas, compuestos de metales preciosos e isótopos”. En 2005 Chile fue el primer país de América Latina en firmar un acuerdo de libre comercio con China según Robert Evan Ellis, profesor de investigación de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos; Chile debe gran parte de sus buenos resultados en las negociaciones con la China a su estrategia de mercadeo. “El éxito de Chile se debe en parte a la promoción de su “marca nacional” en la República Popular China. Chile ha comercializado con éxito sus uvas, cerezas y arándanos en China como “bienes de lujo”, señaló Ellis en un artículo publicado en diciembre del 2023. (Colombia también tiene marcas nacionales muy buenas, muy sugestivas como para promocionar nuestros potenciales productos de exportación a la China). Perú, por su parte, se ubica en el tercer puesto en la lista de países latinoamericanos que más venden al país asiático y entre los que alcanzan un mayor superávit comercial, son más de US$13.000 millones. A partir del 2009, cuando suscribieron un acuerdo de libre comercio, la potencia asiática se convirtió en el principal socio comercial del Perú. Los principales productos que exporta nuestro vecino en el sur de Colombia hacia China son minerales, así como alimentos para animales. Sergio Cabrera, el director de cine que nació en Medellín hace 74 años, es el embajador de Colombia en China, domina el idioma pues vivió y estudio varios años de su vida en un colegio en Beijing, y estudió filosofía en la Universidad de Pekín; es hijo del actor y director de teatro Fausto Cabrera. Precisamente por actividades de su padre viajó con él a la China y muy seguramente fue allí en donde se hizo militante de la izquierda, creció en un ambiente muy político y fue guerrillero en Colombia. Su nombramiento en el cargo actual, en agosto del 2022 por Gustavo Petro, posiblemente se dio por afinidad ideológica, se colige, aclaro, por lo que se sabe de su vida en el mundo de los intelectuales y personajes de la cultura bogotana, de su experiencia en China con sus padres, en cambio, poco se supo. Así las cosas, creo entendible la desautorización del mandatario Petro a las gestiones de la Canciller Laura Sarabia de quien se dice estuvo averiguando con personalidades de alta figuración política en Colombia pertenecientes a otros sectores distintos a ideologías de este gobierno, las opiniones de ellos acerca de buscar o no la firma con el gobierno chino uniéndose a la ruta de la seda, lo que según Petro a la vez lleva a fortalecer lazos económicos y comerciales. El sentido común le dice a cualquier desprevenido, máxime a quien ha estado tan sumamente cerca del presidente desde el comienzo de su gobierno hasta hace muy poco, que las proyecciones del gobernante de los colombianos están en plena sintonía con su embajador en China, así que opiniones ajenas a los dos (Petro/Cabrera) tal vez sobraban. Se comenta que las marrullas de algunos políticos nacen con su personalidad, mientras otros las aprenden rápidamente. (Publicada el 18 de mayo del 2025 en El Reverbero de Juan Paz)