Limar asperezas o controvertir en
profundidad, es decir, ir desde lo más simple por conciliar, hasta
lo más complejo por subsanar cuando hay dos posiciones en confrontación, es
posible siempre y cuando se esté tratando entre personas inteligentes, de lo contrario
es poco factible. ¿Con Nicolás Maduro cómo se quiere llegar a soluciones
razonables?
Discrepo de lo que muchos
piensan con relación a la Ministra de Relaciones Exteriores María Ángela
Holguín. En mi sentir, nuestra Canciller posee las cualidades y trayectoria
necesarias para su cargo; considero que sus posturas son sensatas y
acordes con el protocolo exigente de las relaciones internacionales, máxime si
se trata de superar conflictos bilaterales.
Muy distinto podemos pensar de su
homóloga en Venezuela, Delcy Rodríguez, que si bien no se trata de una
mujer de escasa inteligencia, si es, sin lugar a dudas, una leal escudera de su
Presidente y no exhibe las mejores condiciones de prudencia, ponderación
y seriedad. Eso de salir a manifestar que en su país se respetan
los derechos humanos y lo evidente en la frontera es simplemente “mentiras de
los medios” es el colmo de la insensatez.
Pretender que la Canciller
Holguín se pronuncie en términos acalorados, incendiarios, enardecidos, hace
parte del desconocimiento diplomático. Entendibles tales reacciones desde
luego, pues el dolor de Patria que nos producen las indignantes imágenes,
reveladoras a todas luces de los atropellos a los colombianos en la
frontera con Venezuela, ofenden y duelen profundamente.
Los asuntos políticos, económicos
y sociales que se pulsan de lado y lado son temas que para nada autorizan
la violación de los derechos humanos.
La señora María Ángela Holguín
debería inspirarnos total confianza en el desempeño de su competencia.
Nuestra Canciller ostenta en su hoja de vida responsabilidades muy
importantes, para mencionar sólo algunas: Asesora del Presidente Uribe
y su representante en Argentina entre 2008 y 2010 ( Este fue su
último cargo antes de ser designada por el Presidente Juan Manuel Santos como
Canciller de la República) Holguín también ha sido Jefe de Gabinete del
Vicepresidente de la República (2006 – 2008), Coordinadora del Comité de
Asuntos Internacionales en la Campaña Presidencial de Álvaro Uribe Vélez (2001
– 2002), Subdirectora del Departamento Administrativo de la Presidencia de la
República (1996), Secretaria Privada de la Procuraduría General de la Nación
(1991) y Directora del Programa de Fortalecimiento de la Democracia de la
Universidad de Los Andes, en 1988.
Luego de la reunión con la señora
Rodríguez en Cartagena, la Dra. María Ángela pidió a Venezuela “trabajar los
protocolos de deportación” y, sobre la crisis en la frontera, dijo que el
cierre no es el camino para combatir los flagelos del contrabando y
narcotráfico. Igualmente manifestó que mucha gente que vive en un lado de la
frontera o en el otro requiere seguir movilizándose y por eso insistió en
trabajar conjuntamente por una frontera de paz y digna. “Una
frontera nueva, productiva, a la que saquemos provecho y no tengamos temores”,
fueron sus palabras.
Tan absurdo como igualar a las
dos cancilleres, es afirmar que Maduro y Santos son semejantes. El Presidente
de los colombianos no será la octava maravilla (Y así en alguna
columna recién iniciado su primer mandato lo afirmé: “no es santo de mi
devoción”. Y por él no voté pues en materia electoral obedezco a mi parecer y
no a la fe ciega) pero creer que en sus manos vamos a terminar igual que los
venezolanos con Maduro, es de lo más irracional dicho en estos tiempos de
inconformidad y desazón lógicas.
· “Colombianadas”:
Se remata rápidamente la novela basada en la obra de la santa colombiana Laura
Montoya, mujer incomparable para aquella época; revolucionaria, vituperada,
obstinada en su misión y muy resuelta. En cambio se sigue estirando la serie
que replica la vida de Diomedes Días. A todos nos van dando gusto las
programadoras de televisión, proporcionalmente y según la cantidad
de afectos. No sé si desde la idea de la producción por parte de Caracol se
definió que serían apenas 25 capítulos o si las demandas de las religiosas de
Belencito influyeron en la determinación. En todo caso, las monjitas de hoy
resultaron más conservadoras que los ultra godos que tanto
atormentaron a la líder católica de aquellos tiempos. “Santa Laura
Montoya, dame siquiera una milésima parte de tu serenidad y paciencia”.