“El periodista político en
Colombia, en lugar de orientar su partido y corregirle sus demasías, aplaude
todo lo de los suyos, aunque sea malo, y censura acerbamente todo lo de los
adversarios aunque sea bueno; cuando más, guarda culpable silencio ante el mal
obrado por los amigos y ante el bien realizado por los antagonistas. Los actos
del adversarios son pésimos, injustos y despóticos, en tanto que los del
partido, sea gobierno u oposición, son la última palabra de la legalidad, de la
pureza y del genio; atacan personas,
cuando bastaría precisar hechos y, al contrario, fulminan sistemas, cuando el mal reside en los hombres encargados
de aplicarlos”.
Lo escribió Rafael Uribe Uribe en
1910, y es un enunciado que traé la obra publicada por la Universidad Autónoma Latinoamericana,
UNAULA, titulada Rafael Uribe Uribe Por la América del Sur.
Particularmente lo retomo aquí,
porque me llama la atención que se convierta en documento periodístico, una grabación
que parece ser fue hecha clandestinamente, y suministrada, según lo dijeron quienes la
utilizaron, por un periodista de nuestro medio al espacio periodístico y de opinión
que la divulgó usándola de manera tendenciosa,
pues es una conversación privada entre unas personas de la clase política regional,
familiares de estos y un funcionario contratista.
No sé en donde fue dicha conversación,
lo evidente es que fue grabada sin que los protagonistas se dieran cuenta y no
fue en el sitio de trabajo del funcionario, quien evidencia alicoramiento. Así que hay dos actos reprochables a mi modo
de ver: Uno, el que sea grabada por un periodista al servicio de un medio
oficial (o por cualquiera, pero en este caso no es cualquiera) una conversación
privada que nada, seguramente, tiene que ver con sus labores puesto que se la mandó
a otro medio para que la explotara; y segundo ¿es material para utilización periodística
las conversaciones privadas? ¿Qué tal que a los periodistas que nos relacionamos
con políticos nos dé por publicar asuntos privados grabados clandestinamente, para
enlodar a ciertos personajes pues pertenecen a grupos políticos distintos a los
de nuestros afectos? Una cosa bien distinta es grabar actos condenables y públicos, buscando con su divulgación cumplir
con el deber profesional o ciudadano, notas
periodísticas que no las hacemos ni las manejamos
anónimamente.
También hago referencia aquí a lo escrito por Uribe Uribe, (entre todo lo
que podría señalarse de su extensa y rica pluma) porque incluyo en lo que él
pensaba de algunos periodistas, a muchos políticos que exactamente se comportan
como lo descrito por el General antioqueño. Son hasta muy graciosos cuando hacen precisamente
lo mismo que critican de los demás.
Un aspirante a curul en la
Asamblea de Antioquia, quien por cierto habló de disciplina de partido alguna
vez y criticó a los “torcidos”, y ahora apoya a un candidato a la gobernación que
no es el oficial de su colectividad, decía que es reprochable que se trate de manera
irrespetuosa a quienes no están de la misma orilla nuestra, sin embargo, a punto de
infarto, dijo: “…ese sinvergüenza intelectualoide…”
refiriéndose a Alonso Salazar; o sea que, los agravios de este personaje si son buenos, pero los de los otros son
malos.
“… ellos se creen dueños de la
verdad y la transparencia y son unos ladrones…” ¿Ladrones? ¿Por qué no los
denuncian con pruebas? ¿Esa no es pues la exigencia a los de las otras
campañas? Mejor dicho, esta vez pareciera que el asesor fuera el mismo para
todos los militantes comprometidos en campañas; se les dio como nunca por criticar, difamar e insultar. ¡Ah pereza esa estrategia!
De lo negativo del contrincante se puede hablar, pero siempre y cuando sea
verdad. Qué bueno sería que le aprendieran a Luis Pérez, Federico Restrepo y Andrés
Guerra, quienes no se ocupan de mañas
tan perversas, ni aceptan que los suyos
matoneen o a los contrarios.
Queremos que se evite tanto ruido
como consigna de las campañas para que
podamos oír las propuestas, promesas y proyectos de los candidatos. El matoneo político
y el fanatismo, nos alejan de las urnas
a quienes queremos que se nos respete pensar distinto, cada quien es libre de apoyar
el ideario que le parezca.