lunes, 24 de agosto de 2015

MATONEO POLÍTICO Y FANATISMO

“El periodista político en Colombia, en lugar de orientar su partido y corregirle sus demasías, aplaude todo lo de los suyos, aunque sea malo, y censura acerbamente todo lo de los adversarios aunque sea bueno; cuando más, guarda culpable silencio ante el mal obrado por los amigos y ante el bien realizado por los antagonistas. Los actos del adversarios son pésimos, injustos y despóticos, en tanto que los del partido, sea gobierno u oposición, son la última palabra de la legalidad, de la pureza y del genio;  atacan personas, cuando bastaría precisar hechos y, al contrario, fulminan sistemas,  cuando el mal reside en los hombres encargados de aplicarlos”.

Lo escribió Rafael Uribe Uribe en 1910, y es un enunciado que traé la obra publicada por la Universidad Autónoma Latinoamericana, UNAULA, titulada Rafael Uribe Uribe Por la América del Sur.

Particularmente lo retomo aquí, porque me llama la atención que se convierta en documento periodístico, una grabación que parece ser fue hecha clandestinamente,  y suministrada, según lo dijeron quienes la utilizaron, por un periodista de nuestro medio al espacio periodístico y de opinión que la divulgó  usándola de manera tendenciosa, pues es una conversación privada entre unas personas de la clase política regional, familiares de estos y un funcionario contratista.

No sé en donde fue dicha conversación, lo evidente es que fue grabada sin que los protagonistas se dieran cuenta y no fue en el sitio de trabajo del funcionario, quien evidencia alicoramiento.  Así que hay dos actos reprochables a mi modo de ver: Uno, el que sea grabada por un periodista al servicio de un medio oficial (o por cualquiera, pero en este caso no es cualquiera) una conversación privada que nada, seguramente, tiene que ver con sus labores puesto que se la mandó a otro medio para que la explotara; y segundo ¿es material para utilización periodística las conversaciones privadas? ¿Qué tal que a los periodistas que nos relacionamos con políticos nos dé por publicar asuntos privados grabados clandestinamente, para enlodar a ciertos personajes pues pertenecen a grupos políticos distintos a los de nuestros afectos? Una cosa bien distinta es grabar  actos condenables y  públicos, buscando con su divulgación cumplir con el deber profesional o ciudadano,  notas periodísticas que  no las hacemos ni las manejamos  anónimamente.  

También hago referencia aquí  a lo escrito por Uribe Uribe, (entre todo lo que podría señalarse de su extensa y rica pluma) porque incluyo en lo que él pensaba de algunos periodistas, a muchos políticos que exactamente se comportan como lo descrito por el General antioqueño.  Son hasta muy graciosos cuando hacen precisamente lo mismo que critican de los demás. 

Un aspirante a curul en la Asamblea de Antioquia, quien por cierto habló de disciplina de partido alguna vez  y criticó a los “torcidos”,  y ahora apoya a un candidato a la gobernación que no es el oficial de su colectividad, decía que  es reprochable que se trate de manera irrespetuosa a quienes no están de la misma orilla nuestra, sin embargo, a punto de infarto, dijo:  “…ese sinvergüenza intelectualoide…” refiriéndose a Alonso Salazar; o sea que,  los agravios de este personaje  si son buenos, pero los de los otros son malos.

“… ellos se creen dueños de la verdad y la transparencia y son unos ladrones…” ¿Ladrones? ¿Por qué no los denuncian con pruebas? ¿Esa no es pues la exigencia a los de las otras campañas? Mejor dicho, esta vez pareciera que el asesor fuera el mismo para todos los militantes comprometidos en campañas; se les dio como nunca por  criticar, difamar e insultar. ¡Ah pereza esa estrategia! De lo negativo del contrincante se puede hablar, pero siempre y cuando sea verdad. Qué bueno sería que le aprendieran  a Luis Pérez, Federico Restrepo y Andrés Guerra,  quienes no se ocupan de mañas tan perversas,  ni aceptan que los suyos matoneen o a los contrarios.

Queremos que se evite tanto ruido como consigna de las campañas  para que podamos oír las propuestas, promesas y proyectos de los candidatos. El matoneo político y el fanatismo,  nos alejan de las urnas a quienes queremos que se nos respete pensar distinto, cada quien es libre de apoyar el ideario que le parezca.