En la celebración de los 50 años
del CIPA- Circulo de Periodistas y Comunicadores Sociales de Antioquia- nos
trajeron para una de las conferencias en el marco de la jornada académica que
organizó este importante gremio periodístico, al abogado, poeta, escritor y
periodista Otto Morales Benítez; qué delicia fue escucharle su voz, sus
palabras sabias, sus frases evocando aquel periodismo de su época en El
Colombiano. Al referirse con tanto respeto y admiración al Dr. Fernando Gómez Martínez,
uno quisiera que algunos periodistas entendieran eso de la responsabilidad de
este oficio, su papel en el campo de la política, sin sectarismos y sin
pretender ser los protagonistas -como quieren serlo algunos colegas hoy- cuando
realmente el protagonismo les pertenece a la democracia y al periodismo como
herramienta de ésta.
El Dr. Morales Benítez dedicó un
párrafo de su exposición al hoy Presidente del CIPA, Periodista y Abogado Azael
Carvajal, y en él exaltó sus cualidades, méritos innegables.
Al CIPA pueden pertenecer periodistas
y también comunicadores sociales, y está así en su sigla explicito porque
alguna vez, hace años, al interior del gremio, se dio la discusión que concluyó diferenciando a los unos de los otros: Todo comunicador
social es periodista, más no todo periodista es comunicador social.
Los primeros ejercen el oficio
informativo y todo lo demás relacionado con la noticia, estos trabajan, generalmente, en los medios o en oficinas de prensa, algunos de ellos son egresados de las
facultades de periodismo e inclusive se formaron en otras disciplinas (como el
reconocido “Pirry” que es zootecnista) mientras otros, en algún momento de sus vidas,
se metieron al oficio por puro gusto o por casualidad y se han hecho a punta de
experiencia. Los comunicadores sociales por su parte, obtuvieron ese titulo, el
de Comunicador Social, en una universidad, la que los acredita para ejercer el periodismo
como una de las ramas de la comunicación, además de otras actividades que
exigen preparación académica.
Entre los unos y los otros los
hay –como en todo oficio- buenos, regulares, malos y pésimos. ¿Cuáles son los
buenos? Los que dimensionan la inmensa responsabilidad de un oficio que
construye la historia día a día, que compromete a toda la sociedad, que influye
masivamente en el direccionamiento de cualquier tema y que no permite manoseos amañados
porque siempre riñen con la verdad y la ética.
(Al encontrarnos en la
conferencia del Dr. Otto Morales con los profesores José Jaramillo Alzate y Jaime Mercado, a quienes conocimos en la Facultad de Comunicación
Social y Periodismo de la Universidad de Antioquia, y con el exalcalde de
Medellín Evelio Ramírez Martínez, reafirmamos –observándolos a ellos tres y al
Dr. Morales Benítez- la tesis de mi
abuela: “se va envejeciendo con la misma
dignidad y pulcritud con la que se haya vivido”).