Los
acontecimientos enmarcados en la creación, deformación y entierro de la Reforma
Judicial dejaron en evidencia, para los colombianos, muchas verdades que aunque
sabidas, parece que no habían calado plenamente en los ciudadanos.
Pero
para no recabar en lo mismo, suficientemente comentado, nos referiremos
simplemente a lo que nos sigue preocupando. Los ingenuos, como el Ministro
renunciado, Juan Carlos Esguerra, y el Presidente del Partido Liberal
colombiano, Simón Gaviria, quienes no leyeron oportunamente el texto final
presentado por los miembros de la comisión de conciliación, pagan los platos
rotos por confiados; lo hemos dicho en repetidas ocasiones, los honestos
creen que todo el mundo es como ellos y aunque los dos mencionados se
mueven permanentemente en los escenarios de la clase política, son tan
inocentes que ni siquiera caen en cuenta de que los “vivos” que abundan entre
los políticos, son más torcidos que un anzuelo y hay que andar tras ellos con
los ojos muy abiertos.
Les
comparto este texto que recibí y que me asombra, pues aunque está escrito en
una obra publicada en 1950, parece escrito hoy para los colombianos:
"Cuando advierta que para producir
necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que
el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba
que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el
trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario,
son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la
corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio,
entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está
condenada." AYN RAND
El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y
escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más
conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, quien
falleció en marzo de 1982 en New York.
Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica
novela traducida al español como La Rebelión de Atlas, una suerte de anticipo
de lo que nos está pasando a los colombianos.