jueves, 5 de julio de 2012

“…y la honradez se convierte en un autosacrificio…”





Los acontecimientos enmarcados en la creación, deformación y entierro de la Reforma Judicial dejaron en evidencia, para los colombianos, muchas verdades que aunque sabidas, parece que no habían calado plenamente en los ciudadanos. 

Pero para no recabar en lo mismo, suficientemente comentado, nos referiremos simplemente a lo que nos sigue preocupando. Los ingenuos, como el Ministro renunciado, Juan Carlos Esguerra, y el Presidente del Partido Liberal colombiano, Simón Gaviria, quienes no leyeron oportunamente el texto final presentado por los miembros de la comisión de conciliación, pagan los platos rotos por confiados; lo hemos dicho en repetidas ocasiones, los honestos creen que todo el mundo es como ellos y aunque  los dos mencionados se mueven permanentemente en los escenarios de la clase política, son tan inocentes que ni siquiera caen en cuenta de que los “vivos” que abundan entre los políticos, son más torcidos que un anzuelo y hay que andar tras ellos con los ojos muy abiertos.

Les comparto este texto que recibí y que me asombra, pues aunque está escrito en una obra publicada en 1950, parece escrito hoy para los colombianos:

"Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar,  sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." AYN RAND  

El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, quien falleció en marzo de 1982 en New York. 

Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela traducida al español como La Rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los colombianos.