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Chile cuenta con una de las mejores, sino la
mejor, infraestructura vial de Latinoamérica;
sus autopistas, carreteras y vías urbanas son francamente envidiables, e
ISA, nuestra empresa, ha participado en ese desarrollo; sin embargo para las
Autopistas de la Prosperidad, ISA no califica. ¡Qué extraño!
Un hombre caleño, de extracción
humilde, sin empleo y desesperado por el hambre se robó en un supermercado de
la capital del Valle –Supermercado La 14 más exactamente- un cubo de
concentrado de gallina para hacerse un caldo y calmar su fatiga; muy
seguramente inexperto en esas pilatunas se dejó pillar y lo detuvieron, van a
procesarlo y se dice que muy seguramente no serán menos de dos años de cárcel.
Para este tipo de robos las penas van de 2 a 5 años.
¿Cuántos años merecen entonces
los Nule y especímenes similares? ¿14 años? ¡Qué desproporciones tan infames!! ¿A
dónde van a parar tantos representantes de la clase política y del sector
oficial que son francamente usurpadores
de los recursos públicos? Yéndoles muy,
muy mal, a la casa por cárcel. “Servidores”
de todos los niveles, gobernadores, alcaldes, congresistas, diputados y
concejales utilizan para su provecho
desde celulares de uso oficial hasta automóviles, viajes y tecnología. Cómo son de sabidos sus chanchullos, trampas y malversación, y desde
luego que lo conocido no debe ser ni una decima parte de lo que hacen; en cuántas ocasiones ni denunciadas sus
diabluras se investigan, y si bien son ventiladas por los medios de
comunicación mediante informes o artículos de
opinión, amplia y orquestadamente, centenares de veces no paran en nada.
Desde luego en el sector privado
también hay decenas de chanchulleros que, aliados con los corruptos de la clase
política y de las entidades oficiales, cometen ilícitos de marca mayor, pero
esos sí que saben cómo tapar su podredumbre y la de sus compinches.
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Definitivamente en nuestro amado país la escala
de valores y el sentido de lo que es maldad están muy alterados.
El señor
diputado Rodrigo Mesa Cadavid lanzó una frase en sentido figurado para decir lo
que todos sabemos sobre la corrupción en el Departamento del Chocó y lo tienen metiendo
en un lío exagerado por discriminación racial; por Dios, aquí han dicho cosas
peores y cometido actos discriminatorios de toda naturaleza que merecen ser
castigados con el mayor rigor de la justicia, sin embargo no ha pasado nada.
Pero eso sí, el
pecado del diputado Mesa es el de hablar más de la cuenta. Todavía ve cuánto ha
padecido por culpa de su apresuramiento para verbalizar lo que tiene en mente y sigue lanzando frases
atrevidas; por ejemplo, afirmó que el periodista Barrientos de Teleantioquia al
igual que una de las periodistas del mismo Canal le tienen montada una campaña
de desprestigio -entonces también Caracol, La W y otros canales de TV que le han sacado tanta capul al incidente-
dijo también el señor Mesa, que su familia está sufriendo la pesadilla que les
atormenta por culpa de los periodistas a quienes señaló con nombres propios. Eso
no suena nada bien, ni le ayuda.
Lamentable que las cosas hayan llegado hasta ese punto, todo como consecuencia de que él haya cometido
la imprudencia de decir la verdad en los términos inadecuados y en el lugar
equivocado, inclusive, sin haber leído suficientemente la línea del Plan de
Desarrollo que originó su comentario.
Equivocaciones que
no son de mala fe no deberían ser juzgadas tan duramente; en cambio las
trampas, componendas y negociaciones llevadas a cabo con toda la malicia, como
tantas denunciadas recientemente en Antioquia, muy seguramente pasarán al olvido por obra y gracia de ser
quien sois.
¡Qué criticadera tan horrible a
la construcción de las 100 mil viviendas para los más pobres de Colombia, palo porque sí y palo porque no; si eso es populismo
pues entonces sigamos con el populismo. Cuestionable más bien el populismo que
se ejerce a punta de pura cháchara y de hechos nada!.
Parece que el lobby llevado a
cabo por el Ministro Vargas Lleras para
sacar adelante y prontamente el proyecto de las 100 mil viviendas fue un parto
bien duro, se comenta que algunos
legisladores tenían muchas ganas de sacarle partido al tema con
beneficio propio.
De regalar casas a los más pobres
también debería ocuparse el sector bancario; exprimen y acumulan, pero aportar
nada.
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Desde que se inventaron el buenísimo negocio
financiero de las EPS con fachada de empresas prestadoras de servicios en
salud, a los usuarios no solamente nos
toca padecer sus perversas políticas institucionales, sino que además ya no se ven
ni oyen aquellas campañas preventivas que las direcciones seccionales de salud
adelantaban gracias a las ayudas que les llegaban del Ministerio del ramo.
Recordamos interesantes
campañas de prevención del consumo de sustancias psicoactivas, igualmente algunas
otras muy bien concebidas contra el hábito del cigarrillo, también las de alerta por las graves consecuencias de
accidentes con pólvora y, entre otras, las de prevención del SIDA; campañas que
unidas a otras acciones promotoras de la salud, y divulgadas masivamente, conseguían mermar la necesidad de atender una
alta demanda por enfermedades y disminuir la mortalidad.
Las campañas masivas
en nuestro medio, durante los últimos
tiempos, no promueven estilos de vida
sana, lo que sería de beneficio colectivo, son propaganda política disfrazada
de informes de gestión, y rematan, vergonzosamente, con nombres propios de los
“líderes” que “trabajan generosamente” desde los entes gubernamentales o las
corporaciones públicas. Nos gustan más las cuñas y comerciales que remataban
con nombres institucionales.
Y hablando de campañas, qué buena
la que vemos de Presidencia de la Republica sobre la defensa de los derechos de
los niños, pero definitivamente insuficiente. El maltrato a los niños y a las
mujeres son consecuencia de un alto deterioro en los valores morales y el
respeto por las personas y la vida, temas que dan para mucho discurso pero en
los que se ve poca acción y compromiso de los que pertenecen a las esferas de
poder y decisión.
Necesitamos que, por ejemplo, sea
precisamente a las EPS a las que se les obligue a diseñar y divulgar
masivamente campañas permanentes, sostenidas en el tiempo, que promuevan
estilos de vida saludables, que busquen un cambio importante en la cultura de
la maldad, hacia el respeto por la vida y
los sanos valores. ¿Será que no tienen con qué?.
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¿Por qué Pablo Escobar Gaviria quería el poder
político si tenía tanto dinero como para comprar lo que se le viniera en gana?
Porque el poder político le permitiría meterse e incidir con todos sus
intereses mezquinos en las decisiones de gobierno y políticas de Estado.
Así como Pablo Escobar puso de moda el
sicariato, el valor desmesurado del dinero, la locura de las drogas ilícitas y
la insignificancia de la moralidad, es deber, no, más bien es una obligación de
todos los estamentos de la sociedad, poner de moda la satisfacción de tener un
empleo digno –lo que desde luego exige crear
medidas para la disposición y acciones que conduzcan a generarlo- exaltar la decencia, la honradez, proporcionar
la forma de adquirir conocimientos a
través de la educación para la calidad
de vida y el servicio, estimular la buena remuneración al trabajo bien hecho,
proponer, apoyar y luchar por sacar
adelante leyes de protección –pero para hacerse
cumplir- que beneficien a los grupos
vulnerables, defender la equidad…en fin, todo aquello que se ha perdido poco a
poco y que puede recuperarse también poco a poco si pensamos en que un país tan
descuadernado -como lo señalaba Carlos Lleras Restrepo- tiene materia prima
para recomponerse, siempre y cuando
cada uno de nosotros, desde nuestros escenarios, posibilidades y
entornos, nos proponemos a sembrar
buenas semillas, ignorando a los que se atraviesan con cizaña.