El periodista francés Roméo
Langlois dice que tanto el Ejército como
las FARC deberían seguir llevando
periodistas a las zonas de conflicto, ya que es la única forma de que se conozca
la realidad que vive Colombia. La verdad es que ver, oír y leer los informes y
noticias de los medios de comunicación no es suficiente para saber a ciencia
cierta lo que pasa en Colombia, debemos
enriquecer los contenidos que hacen parte de la información desde fuentes de
otro tipo y muy diversas para dimensionar nuestra cruel realidad, ignorada
además por una inmensa mayoría de colombianos, aunque padecida por ellos mismos
aterradoramente.
Qué tan válido sea que un
periodista “se haga el invitado” para conseguir su objetivo periodístico no
sería el punto de discusión; lo que se nos hace como raro es, por una parte, toda esa presumible afinidad con las fuerzas
ilegales en el conflicto, por otro lado, utilizar de alguna manera a la
contraparte para llegar hasta donde él, parece, que otras veces –por sus propios medios- ha llegado, y finalmente, permitir que los insurgentes
se den tremenda vitrina con lo de la entrega, si bien podría haber salido del
campamento y regresado a la ciudad como supuestamente lo ha hecho en otras
ocasiones.
Quienes se extrañan de que el
periodista francés haya estado libre de cadenas y bien tratado, durante el
tiempo que duró su investigación para el
cubrimiento del conflicto armado en Colombia, en lo que él se metió
voluntariamente según se desprende de las informaciones que sostienen que
Langlois agarró hacia el lado de los guerrilleros cuando todos los demás cogieron el
contrario para alejarse del peligro -
así que una retención no creemos que
haya sido- se nos
hacen como despistados, pues no podemos esperar – y mucho menos desear- que a los periodistas,
no retenidos, sino en cumplimiento de su
labor, los traten de otra forma.
Roméo Langlois afirma que “el
trabajo del periodista es cubrir todos los lados del conflicto” y eso es cierto
- él estaba haciendo un cubrimiento- el
asunto para analizar es el cómo se hace ese cubrimiento, porque desde luego, no
lo es poniéndose –presumiblemente- del lado de quienes escudándose en la defensa
del pueblo, cometen los actos más aberrantes que tantas veces han afectado a los indefensos.
Es bien sabido que en algunos países
europeos, entre los que se encuentra
Francia, hay centenares de ciudadanos simpatizantes de las guerrillas, pero la gran mayoría de ellos no están ni medio enterados de los intereses
actuales que mueven la actividad insurgente; habrá que esperar con qué va a
salir el periodista a la hora de contar lo que vivió. Veremos si sus informes
señalan la realidad que vive Colombia, como lo afirma él al asegurar que estar
metido entre los unos y hacer el
cubrimiento a los otros, garantiza la verdad.