domingo, 26 de octubre de 2025

“Fanatismo estructural”

Por Claudia Posada 

Sobre el festival de brujería que organizó Comfama y que se llevó a cabo en Medellín este 16 y el 17 de octubre, la caja de compensación en su página refirió así al certamen: “Brujería hace un llamado a celebrar, entender y valorar la otredad y las experiencias espirituales diversas (negrilla del original) en sus distintas manifestaciones y celebraciones rituales y materiales. Durante los dos días se presentarán demostraciones rituales colombianas como la Yonna guajira o los alabaos interpretados por cantaoras del Pacífico. También celebraremos los 50 años del icónico primer Congreso Mundial de Brujería, con charlas sobre historia, feminismo, arte y espiritualidad. Exploraremos la conexión de la cocina con los saberes ancestrales, como primer laboratorio de alquimia. Miraremos a las estrellas no para predecir un destino, sino para comprender el presente. Además, podremos cantar y bailar con Amanrouge y su romanticismo gótico, Bella Álvarez y Gabriela Poncese”. ¡Qué novedoso! O sea que, culturalmente y desde el punto de vista de vivencias que siguen existiendo entre algunas comunidades milenarias y en sentires comunes en nuestros propios ancestros no tan lejanos, u otros aún entre nosotros, los asistentes comprendieron -o se “encarretaron” tal vez- con testimonios de la esencia, o esencial, de mitos y rituales que se remontan a civilizaciones antiguas, aunque no faltarían las narrativas más nuevas cargadas de figuras como las adivinas; muchos recordaron seguramente textos literarios o las tradiciones orales que hablan de creencias y prácticas mágicas y es muy posible que supieran de supersticiones que sobreviven a la modernidad. En todo caso, fueron dos días para los que programaron “charlas, exposiciones, rituales, mercado y conciertos”, anunciaba Comfama en la promoción que hizo de su Feria Popular de Brujería. 

Creo que no haya ninguna otra caja de compensación en el país, como la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama. Es completísima en todo lo que respecta a ofrecer cursos y talleres dirigidos a distintos grupos por edades, necesidades y gustos, tienen actividades de formación en escritura, idiomas y tecnología; programas de vacaciones, adiestramiento deportivo, recreación, y hasta planes de vivienda; la entidad señala que a sus afiliados y a la población en general, con trifas diferenciadas, brinda “clases de yoga, danza, cocina y arte, además de planes de gimnasio, asesoría en salud mental, terapias y programas para reducir el estrés, mejorar la memoria y la autoestima. Vive experiencias que nutren cuerpo, mente y espíritu, mientras alcanzas tus metas de salud y felicidad”. Es decir, yo me quedo corta en enunciar su oferta, pero lo que quiero significar es que hablar a la ligera por convencimiento o para dárselas de muy cristianos, religiosos o temerosos de Dios, satanizando la feria popular con el nombre “Brujería”, rasgándose las vestiduras, es ignorancia, o hipocresía. A los espantados con el nombre de certamen, les hubiera convenido darse una pasadita por alguna charla evitando prejuicios. Deberíamos pensar si acaso Colombia está pasando por otra crisis grave: “Fanatismo estructural”. Éste se manifiesta en lo religioso (como ocurrió a raíz de la feria popular brujería) pero marcadamente en lo político, aunque no falta en uno que otro episodio deportivo; sin olvidar que hay fanáticos religiosos que llevan sus creencias radicales al campo político y lo amalgaman fundiendo juicios y credos. 

Fue así como hubo épocas de la violencia colombiana en la que desde algunos púlpitos se predicaba con odio en contra de idearios liberales. Ahora son los discursos incendiarios de las extremas los que mezclan fe con doctrinas, ideología y supersticiones. Candidatos presidenciales que antes de su aspiración se declaraban ateos, ya resultaron fieles seguidores de Cristo por conveniencia electoral. El mismo fanatismo estructural hace que una sociedad se enferme. Así sentimos el país, enfermo. Se alteró la salud colectiva por razones de distinta naturaleza, y entre tales orígenes está la polarización política. La clases dirigentes, económicas y políticas perdieron la noción de bienestar común. Desde las instituciones que contemplan sus deberes como mera disculpa para defender lo que llaman “independencia de poderes”, salen voces descompuestas que atizan las hogueras, con sus enfrentamientos interminables. Pero no es solamente en las altas esferas, ni únicamente en los escenarios de poder y decisión en donde se olvidó la sensatez, el buen juicio, la sabia ponderación para sanar el clima enrarecido que nos agobia; no, otros espacios son invadidos también por el accionar irreflexivo, la imprudencia, e intolerancia demostrada con agresiones, o con amenazas bate en mano como la actitud beligerante del concejal de Medellín que vociferó sandeces en una reciente marcha en la que muchos hicieron pacíficamente uso del derecho a la protesta, mientras otros, cubriendo con capuchas sus malas intenciones, fueron violentos. 

Es difícil para nosotros los ciudadanos del común, entender el porqué del descontrol que impide lo que esperamos de la fuerza pública, individualizar a los vándalos. Pero volviendo al tema de la “brujería”, sorprende que se alcen voces de figuras públicas, y salgan con pancartas ciudadanos en distintas ciudades, muy enfadados por ese tipo de certámenes que duró dos días, reclamando el supuesto malgasto de los recursos de Comfama; y en cambio, los pronunciamientos de alcaldes como el de Medellín, casi a diario, insistiendo en polarizar, sin duda con tono arrogante y pendenciero, no produce malestar público, siendo evidente que sus posturas manifiestas, lo mismo que las del presidente Petro por el enfrentamiento que mantienen, agudizan el fanatismo estructural ideológico que ambos alimentan con sus rabias personales.

martes, 14 de octubre de 2025

No cualquiera es un líder político

Por Claudia Posada Teniendo claro que la clase política, con sus figuras más representativas o visibles, los supuestos lideres que ante la opinión pública son más escuchados o al menos creemos que nos representan como ciudadanos en la democracia ( no participativa sino representativa) colombiana; hartos de manipulaciones mediáticas y estrategias que nos tienen en una polarización engañosa que no pertenece solamente a Colombia pues se padece en muchísimos países del mundo de hoy, voy a dejar de lado mis opiniones y les presentaré lo que absolutamente todo encontré en la IA , partiendo de mis preguntas a la tecnología que nos rodea sin manera de zafarnos ya de ella, alimentada por algoritmos (variables de entrada que le entregan los “Programadores, científicos de datos, lingüistas, diseñadores y especialistas en ética colaboran desde la fase de diseño hasta la implementación de los sistemas”) de los que se nutre IA: Arranqué preguntando a IA cuáles son las características de un líder político y esto me respondió: “Un excelente líder político reúne una combinación de valores, habilidades y actitudes que le permiten servir al bien común y mantener la confianza de la ciudadanía. Algunas características clave son”: 1. Visión clara y estratégica o Tiene un proyecto de país o comunidad a largo plazo. o Sabe comunicar esa visión y motivar a otros a trabajar en ella. 2. Integridad y ética o Actúa con honestidad, transparencia y coherencia. o No utiliza el poder en beneficio propio, sino para el bien colectivo. 3. Capacidad de comunicación o Expresa ideas con claridad, empatía y convicción. o Escucha activamente a la gente, no solo habla. 4. Empatía y cercanía con la ciudadanía o Comprende las necesidades reales de la población. o Se mantiene accesible y sensible a las diferentes realidades sociales. 5. Toma de decisiones responsable o Sabe analizar información compleja y tomar decisiones firmes, aunque sean difíciles. o Evalúa riesgos y consecuencias antes de actuar. 6. Liderazgo inspirador y capacidad de unir o Promueve la cooperación entre distintos sectores e ideologías. o Busca puntos en común más que divisiones. 7. Conocimiento y preparación o Domina temas de política, economía, historia y contexto internacional. o Se asesora de expertos y valora la evidencia científica. 8. Valentía y resiliencia o Afronta crisis y presiones con serenidad. o Se recupera rápido de los fracasos o ataques, sin perder la dirección. 9. Compromiso con la justicia social o Defiende la igualdad de oportunidades y protege a los sectores más vulnerables. o Promueve políticas inclusivas y sostenibles. 10. Capacidad de formar equipos o No gobierna solo: sabe delegar, rodearse de gente competente y motivar a su equipo. “En resumen: un gran líder político no se mide solo por el poder que alcanza, sino por la confianza que genera, la justicia de sus decisiones y el legado positivo que deja en su sociedad”. Muy colaborativa, la IA me sugirió ¿Quieres que te arme un cuadro comparativo entre un líder político excelente y uno deficiente, para ver mejor las diferencias? Obviamente le dije que sí: “Perfecto. Aquí tienes un cuadro comparativo claro entre un líder político excelente y uno deficiente”: Aspecto Líder político excelente Líder político deficiente Visión Tiene un proyecto claro y a largo plazo para el bien común. Carece de plan; improvisa o gobierna solo para intereses inmediatos. Ética e integridad Actúa con honestidad, transparencia y coherencia. Usa el poder para su beneficio personal o el de su círculo cercano. Comunicación Escucha, dialoga y transmite ideas con claridad y empatía. Manipula, miente o evita responder; no escucha a la ciudadanía. Relación con la gente Se mantiene cercano, entiende las necesidades reales y gobierna para todos. Se aleja de la ciudadanía, gobierna para unos pocos o crea divisiones. Toma de decisiones Analiza, consulta y decide con responsabilidad, aunque implique costos políticos. Decide de manera impulsiva, populista o sin considerar consecuencias. Trabajo en equipo Se rodea de expertos, delega y reconoce el mérito. Se rodea de incondicionales, no acepta críticas ni comparte responsabilidades. Justicia social Promueve igualdad de oportunidades e inclusión. Favorece a grupos privilegiados y margina a sectores vulnerables. Gestión de crisis Enfrenta los problemas con valentía, serenidad y soluciones. Evita responsabilidades, culpar a otros o minimiza los problemas. Sí, ahí tenemos el ideal de los lideres políticos que quisiéramos y aunque no podemos esperar tener muchos entre nosotros, sí desearíamos encontrar unos que se acerquen a las esferas de poder y decisiones con la intención de tener y conservar al menos algunas de las características cercanas a la excelencia. Infortunadamente cada vez nos decepcionamos más. La lista de políticos deficientes es larga, y lo peor es que tiende a crecer; todos los días de descubren chanchullos, embuchados, y se destapan ollas podridas en donde menos se cree. Si bien no perdemos la esperanza de encontrarnos a los realmente buenos, por escasos que sean, como ciudadanos observando el inicio de campañas electorales para el próximo Congreso, lo mismo que para presidente de los colombianos en momentos que se avecinan decisivos para el país dadas las condiciones tanto internas como en el entorno internacional, nos vendría bien hacer lo máximo que podemos: votar, y está en nuestras manos, analizar nombres y figuras que al menos por sus posturas, lenguaje y capacidad de escucha nos genere mayor confianza, credibilidad y empatía. Afortunadamente hemos aprendido algo por la experiencia en decepciones acumuladas, aprendimos a desconfiar de los discursos maliciosos que tienen sentados en las curules del Congreso a un montón de repitentes, y también a nuevos que “favorecen a grupos privilegiados y marginan a sectores vulnerables”, como lo señala IA en las características, entre otras, de los lideres deficientes. Ah, y para elegir al próximo presidente de Colombia sí que vamos a tener que abrir los ojos y serenar la mente. A la IA le faltó una característica muy importante de observar en candidatos para repetir: Cuidado con los que trabajan para los lobistas. “Un lobista es un profesional que busca influir en las decisiones de las autoridades públicas y en la formulación de políticas, leyes y programas, representando los intereses específicos de una empresa, organización o colectivo. Esta actividad, también llamada lobby o cabildeo, implica una negociación y una persuasión para que los legisladores o funcionarios apoyen o rechacen determinadas iniciativas”. A la hora de apoyar, reformar o enterrar leyes, se conoce a los que les sirven a los lobistas.