martes, 12 de diciembre de 2017
CERRÉMOSLE LA PUERTA A LOS VIVIDORES
Una inmensa mayoría de los políticos en Colombia no está interesada en fortalecer los partidos porque no se quiere comprometer con idearios para defender y cumplir. La clase política se compone de algunos buenos políticos y mucho politiquero que abusa de sus privilegios como parte de las esferas de poder y decisión.
Las generaciones actuales no quieren hacer uso del derecho al voto porque se sienten engañados por un grupo de corruptos, muy numeroso por cierto, que accede a cargos de elección popular mediante mañas fraudulentas; los intereses particulares abundan en la clase política y muchas veces se desconoce -por conveniencia- el deber de respetar las leyes que reglamentan los partidos; desestimar los contenidos ideológicos que, como principios, son el soporte del ejercicio político, empobrece las propuestas y programas que deberían estar en primera línea de trabajo para cualquier aspirante o candidato que se respete y respete a los ciudadanos, lo mismo que a los electores a quienes quiere llegar.
Son muchas las actividades del acontecer político que desilusionan a los potenciales votantes. Cambiarse de un partido a otro sin justificación clara y contundente, es una de las tantas destrezas presentes entre la clase política. Es poco creíble un político que hoy sea del Parido Liberal y mañana del Centro Democrático, por ejemplo. Cada uno de los estatutos de los partidos contempla mecanismos, posiciones ideológicas, objetivos y visiones, entre otros, que son la carta de navegación que los orienta. Sin embargo, no es esto lo que un militante, nuevo o antiguo miembro de determinado partido, analiza para ingresar. Predominan intereses particulares que les convienen como individuos, no los motiva real y sinceramente, el afán de servir sin descanso ni tregua, al pueblo que necesita de su gestión eficiente.
En este sentido llama positivamente la atención, la postura determinante de la Senadora Sofía Gaviria quien, al interior del Partido Liberal, su colectividad, dio la pelea defendiendo el respeto por lo que les rige. Eso se llama coherencia, seriedad y honestidad crítica. Pocos quedan ya de estos hombres y mujeres para elegir por sus características y no por su “carreta” mentirosa y manipuladora. Pero los hay, no debería darnos pereza buscarlos juiciosamente entre aspirantes y candidatos de todos los partidos.
Es una lástima que los colombianos desconozcamos el importantísimo papel de la política en los destinos de Colombia. El voto legitima la democracia participativa; ignorarlo, o desatender esta oportunidad, nos lleva a empeorar la situación social -con sus componentes Salud, Educación, Seguridad, Empleo- y el desigual desarrollo económico en el que estamos de años atrás. No podemos dejar nuestro propio bienestar en manos de una clase política que compra y vende conciencias ciudadanas, activistas, militantes, y también a quienes deberían aportarle al país seguridad y confianza, pero que, infiltrados en la institucionalidad débil y corrupta que tenemos, empeoran el panorama gris oscuro que debemos transformar cuanto antes.
No es denigrando sin argumentos serios, mucho menos publicando afrentas sin sentido contra uno u otro que no nos gusta, como vamos a resolver problemas que no están en nuestras manos sino en las de aquellos que tienen el poder de decisión; de ahí la importancia de elegir bien. Tampoco conseguimos nada bueno tratando de “rata” o “ladrón” a personajes públicos que, si bien merecen ser desenmascarados por malas actuaciones, existen instancias para juzgarlos y a esas hay que llegar con argumentos e indagaciones.
Agredir de palabra por las redes sociales no aporta absolutamente nada a una Colombia mejor para todos y para las generaciones venideras. Hablar de temas sensibles a la sociedad, donde caben serios compromisos y no la irresponsabilidad de unos cuantos, es más dañino de lo que creemos. Asuntos de interés público que desconocemos en lo esencial, porque apenas sí repetimos lo que oímos de otros que muy seguramente quieren manipular a la opinión pública, son la puerta abierta a los vividores.
lunes, 27 de noviembre de 2017
LOS ANTIOQUEÑOS DESCONFIAN DE LA CLASE POLITICA Y NO QUIEREN BOTAR SU VOTO
Estuvimos en la presentación de las conclusiones que se desprenden de los análisis a las respuestas consignadas en la encuesta realizada en nuestro Departamento, en busca de un diagnóstico que permitiera entender las razones que llevan a los antioqueños a relacionarse con la actividad política, al igual que comprender las razones para el desánimo ciudadano en procesos electorales. Un trabajo muy serio e interesante que da cuenta del pensamiento “paisa” y sus motivaciones a la hora de decidir su voto, o abstención, y entender otros comportamientos en comicios.
Este valioso aporte para la clase política principalmente, se le debe al Centro de Análisis y Entrenamiento Político (CAEP) cuyo director es el doctor Carlos Andrés Pérez, consultor y analista con destacado reconocimiento nacional e internacional, en cooperación con la Fundación alemana Konrad Adenauer, que promueve en Colombia principios demócrata-cristianos.
De acuerdo con lo expuesto en la socialización de los resultados de la encuesta aplicada en las nueve subregiones de Antioquia, a manera de síntesis de lo consignado en la cartilla “Radiografía Política de Antioquia” y más en detalle en la web: www.caep.co, es evidente que nos falta cultura política y mucha formación ciudadana.
Dejarse comprar en vez de votar a conciencia; o confundir “política” con “políticos”. A mi modo de ver, pues hay respuestas a la encuesta que señalan, por ejemplo, que “la política no sirve para nada” cuando obviamente no es la política en sí misma la que podríamos decir que es inútil, sino el aprovechamiento deshonesto, corrupto y mañoso del ejercicio de la política por parte de los políticos, lo totalmente reprochable; y si, muy útil, para los inmorales que la hacen para conseguir sus beneficios personales, de manera ilícita; cuando la política en sí misma es la organización del poder al servicio de los ciudadanos y un colectivo como pueblo que elige.
Lo mismo es un mal síntoma el que se concluya que muy poco interés tienen los potenciales electores en la política. Esto demuestra lo poco formados que estamos políticamente, pues de lo contrario, daríamos mucha importancia a estar al tanto del acontecer político, dado que este es trasversal a todos los componentes socioeconómicos, de progreso y equidad de una sociedad.
También encontraron los analistas de la encuesta que, en porcentajes mayores o menores, en todas las subregiones es una constante el que los políticos ofrezcan dinero u otro tipo de coimas por darle el voto a tal o cual personaje postulado a cargos públicos de elección popular.
En cuanto al interés en la política, casi a la par hombres y mujeres, están poco interesados en el tema político. Así mismo, votar es medianamente importante casi por igual para mujeres y hombres.
Hay un resultado que confirma la importancia de la formación en el concepto de participación ciudadana y alcance del poder político, el que podemos delegar mediante un voto responsable y libre. Las personas con niveles más altos de educación dan mayor importancia al voto (aunque no votan porque también son conscientes de los malos resultados que muestran aquellos en el ejercicio del poder) mientras la gente de menos nivel de escolaridad, no cree importante votar.
Estas son grosso modo las conclusiones de la encuesta que seguramente será una herramienta valiosa para definir estrategias de campañas, en el entendido de que la poca votación de los ciudadanos es una clara confirmación de la desconfianza que se tiene en la clase política.
martes, 21 de noviembre de 2017
¡CARREÑO, NO TE IMAGINAS CÓMO CAMBIÓ LA URBANIDAD!
Conocimos en las aulas del colegio las normas de buenas maneras consignadas en el manual de don Manuel Antonio Carreño, venezolano que debe hoy revolcarse en la tumba oyendo al actual presidente de Venezuela, el Maduro que cae frecuentemente en faltas de urbanidad, pero no cae de su mandato. Añoramos aquella cartilla, la quisiéramos actualizada para las urbes de la vida en Colombia.
El referente anterior, nos pone a pensar en aquellos años de la Medellín sosegada, con mujeres de todas las edades conservando modales finos, y hombres de comportamiento caballeroso. Observando a las nuevas generaciones -y a muchos de las anteriores para los que Carreño no pasó por sus manos- nos preguntamos ¿cuáles son las características en general, que refieren modales presentes en el diagnóstico de la Medellín de hoy?
En las vías de la ciudad, por ejemplo, tenemos carriles exclusivos para buses, pero son invadidos por distintos tipos de vehículos; los buses no los utilizan adecuadamente y mejor arrebatan “a la brava”, aquellos espacios que son para circular otros; las motos se meten a carriles que no les corresponden, se salen y vuelven a entrar cuando se las antoja sin mirar siquiera si hay riesgos para ellos mismos o para los que sí van por donde debe ser; cada día aumentan los conductores de todo tipo de vehículos que andan siempre en “modo pelea”, listos para atacar con agresividad inusitada; se atropellan vías; los semáforos no se respetan, las normas de tránsito se ignoran; los peatones se ven a gatas para salvarse del que acelera sin piedad o cruza las zonas peatonales atentando con su carro, bus o moto, contra la vida del que va a pie.
Percibimos con malestar a quienes van en taxis, manejando o como pasajeros, al igual que en vehículos particulares, cómo arrojan basura por las ventanillas; vemos señales, delante de nosotros, que anuncian salirse de su carril o arrancar, pero lo hacen cuando ya se salieron o arrancaron; viajamos con preocupación porque si nosotros vamos bien y con los cinco sentidos funcionando, por los lados circulan conductores borrachos o con su dosis de vicio en la cabeza.
Al deteneros en parques, teatros, unidades residenciales, barrios, universidades, colegios, espacio público y escuelas, entre otros ¿qué nos encontramos? Asombrosa falta de respeto por la convivencia pacífica; roles que no se asumen como se espera, todo lo contrario, pésimo comportamiento en quienes deberían dar buen ejemplo; agentes del orden agraviando; padres de familia justificando malas costumbres en vez de corregir; muchachos que no tratan a las mujeres con deferencia, chicas que no demuestran delicadeza y buenas maneras; jóvenes que no son orientados con dedicación y amor en el hogar. (Cómo hacen de falta las buenas mamás de antaño, aquellas que disfrutaban del tiempo en la casa para contemplar, sin afanes, a sus hijos, ellos eran su mayor tesoro).
Y si subimos a las esferas de influencia y preponderancia para observar personajes de todas las ramas del poder público (e inclusive del llamado “cuarto poder”, el periodismo) nos encontramos tristemente con la sucia corrupción, aceptada y practicada se convirtió en parte de la cotidianidad.
Mirando cómo se cuida a los niños en Colombia, futuros hombres y mujeres que queremos sean de bien para el país, en las guarderías a donde llegan los niños más vulnerables, nos sorprenden cuidadoras sin condiciones humanas, ajenas a las sanas conductas, acostumbradas a dar malos tratos a sus propios hijos, y desde luego toscas con los pequeños que dejan en sus manos.
Al interior de las familias, en donde se espera protección para los menores y adolescentes, abundan los padrastros -y otro tipo de cercanos- que encuentran guarida para sus perversidades, abusando de inocentes criaturas.
Hay otros síntomas de violencia y crueldad que igual duelen enormemente. Vemos animales callejeros brutalmente maltratados; y en algunas viviendas, no se da ejemplo de cariño para compartir con las mascotas, no se les alimenta y son cruelmente lastimados.
Los mensajes, videos, memes, fotos que ruedan por las redes sociales, dan cuenta de que se perdió el civismo y el pundonor; las buenas maneras son vistas con desprecio o burla; la decencia y la urbanidad son desestimadas.
La moral, el decoro, la integridad, los escrúpulos, se borraron de la cultura de hoy; la caridad, la benevolencia, la misericordia, la consideración, la bondad, la ternura, son palabras desconocidas en el lenguaje y el actuar moderno; la honradez, la probidad, se quedaron en el pasado, son “vejeces” inadmisibles para salir adelante en el siglo XXI, lo que cuenta es la “viveza”.
Y ya se sabe qué es ser “vivo”. Al vividor lo encontramos en todos los estratos sociales, en todo tipo de actividades y espacios de la sociedad, lo rodean sus iguales, lo mismo que serviles sin carácter que le hacen reverencias.
domingo, 19 de noviembre de 2017
¿EN QUÉ VA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?
Nuestro planeta está realmente amenazado por factores medioambientales, y la humanidad apenas sí empieza a tomar conciencia del grave asunto; reconozcamos que nos faltan conocimientos básicos para entenderlo y enfrentarlo. Somos ignorantes en el tema.
¿Tenemos funcionarios en los diferentes ámbitos del territorio nacional, conocedores y comprometidos con la Ley 1549 de 2012, por medio de la cual se fortalece la institucionalización de la Política Nacional de Educación Ambiental y su incorporación efectiva en el desarrollo territorial?
Según advertencias reiteradas que han aparecido en la Revista Ambiental El Reto, publicación especializada de importante reconocimiento en Colombia, entre los impactos del cambio climático recordamos estos tres: El derretimiento de los glaciares con sus consecuencias en las reservas de agua dulce y el crecimiento del nivel del mar. La destrucción de los ecosistemas cuya función vital es mantener sanos aire, suelo y aguas. Y las olas de calor, sequías e inundaciones, consecuencia de los fenómenos que conocemos como el del Niño y el de la Niña.
Entonces, queremos proteger la Tierra, pero ¿entendemos qué nos quieren decir cuando nos hablan de modelos energéticos sostenibles? ¿Sabemos acaso por qué nos piden reducir las emisiones de CO2? ¿Tenemos clara la importancia de generar proyectos sobre bases de tecnologías limpias? ¿Somos conscientes de cómo nos manipulan según intereses políticos o económicos que en nada benefician a las comunidades para su progreso o su bienestar?
Además, nos insisten en proteger los páramos, y particularmente en nuestro entorno -con tierras ricas en aguas, minerales, flora y fauna- todos los días por una u otra razón, nos piden igualmente apostarle al desarrollo pero con responsabilidad ambiental. ¿Y eso cómo? Salimos a las calles para protestar a favor o en contra de un proyecto y ni siquiera hemos evaluado los alcances del mismo.
Urge instaurar el conocimiento medioambiental desde la casa y la escuela; infundir saberes que alerten sobre las prácticas agrícolas inconvenientes y los daños al ambiente por irresponsabilidad empresarial, cultural, o labores ancestrales sin tecnificar debidamente, que destruyen los ecosistemas.
Por fortuna, corporaciones, ONGs, entidades y algunas instituciones educativas, han iniciado programas ecológicos, particularmente dirigidos a niños, y ese es un gran paso hacia la conciencia ambientalista del futuro.
Es reconfortante comprobar que existe una mayor apertura al conocimiento de este tema entre los jóvenes de hoy, con respecto a las anteriores generaciones, lo que redundará en los próximos años, en posiciones responsables para la conservación del planeta.
Para no parecer ignorantes en materia medioambiental, somos muy atrevidos al argumentar sin tener conocimientos. Confundimos términos, desconocemos cifras, ignoramos procesos, descalificamos; y lo peor, asumimos posturas frente a competencias relacionadas con el medio ambiente, totalmente equivocadas.
Es paradójico, por ejemplo, que no se acojan los llamados de atención a las comunidades con respecto a los desafueros en contra de ríos y quebradas (en ellos se arrojan todo tipo de desechos) mientras nos quejamos de la contaminación atmosférica. Bueno, eso es señal de ignorancia. Para cambiar tales actitudes, necesitamos divulgar los porqués de los daños al aire, las aguas y los suelos, y sus consecuencias para la vida de todas las especies.
Necesitamos mucha educación ambiental, teórica y práctica, permanente. Trascender lo emotivo, lo del momento, la conmemoración de una fecha. Las campañas motivan, bienvenidas; pero el efecto a largo plazo se consigue si son sostenidas en el tiempo y como complemento a la formación académica, en donde se puede profundizar y experimentar.
Mejor si nos concentramos en mentes abiertas, sea cual sea su edad cronológica, pues parece imposible convencer a ciertos sectores -cuyo signo pesos ocupa todo su horizonte- de que es necesario cambiar algunas prácticas y prioridades, ya que están haciéndole mucho daño al planeta de todos.
¿Será que en los entes territoriales del país, sí se le está metiendo el diente al fortalecimiento de las estrategias planteadas en la Política Nacional de Educación Ambiental, apoyando decididamente los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEA) y los Proyectos Comunitarios y Ciudadanos de Educación Ambiental (PROCEDA)?
¿Administraciones municipales y concejos conocen la Política Nacional de Educación Ambiental y sus deberes frente a ella? ¿O como tantas otras políticas en Colombia, se quedó en letra muerta?
viernes, 17 de noviembre de 2017
SI VA A VOTAR POR LOS MISMOS ¡PIÉNSELO!
“La derecha ha fracasado porque defiende el atraso y las confusiones, la derecha tiene que aceptar a la izquierda como su oponente para trabajar por las soluciones a los problemas económicos y sociales de Colombia, porque de no hacerlo esos problemas seguirán determinando nuestros conflictos y nuestra violencia. Negar la causa de los problemas colombianos no los ha resuelto”. Este es un párrafo de un artículo escrito por José María Rodríguez González -experto en conflictos armados y política internacional- publicado hace como 10 años, pero que tiene toda la vigencia hoy.
Obviamente hay malos y buenos en un lado y en el otro, pero ciertas posiciones son definitivamente, el soporte ideológico y programático de sectores marcados. Por ejemplo: “Yo quiero ser el presidente del renacer del agro, de qué nos sirve las propuestas para el campo si las instituciones están en manos de gamonales”, fue un pronunciamiento del precandidato del Centro Democrático Iván Duque, que le costó reproches de los mismos de su colectividad ¿por qué? Pues porque así piensa generalmente un hombre de izquierda. Y se supone que todos en el CD deben pensar como María Fernanda Cabal, por ejemplo.
Sin duda, una verdadera democracia es la que permite el libre pensamiento y el derecho a discrepar ideológicamente sin que los contrarios señalen a sus opositores con calificativos engañosos y hasta calumniadores. Desenmascarar, ventilar, cuestionar y tratar de resolver los verdaderos problemas que se padecen en Colombia, con guerrilla o sin ella, es el objetivo que deberíamos como ciudadanos exigir a los dueños de las decisiones, a los cómodos en las curules que buscan repetir para otros fines, y a los dirigentes que nadan en privilegios heredados, no merecidos.
Las campañas que se adelantan hoy para elegir en las elecciones de 2018 a los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado, y al nuevo presidente de Colombia, hasta el momento no plantean propuestas que nos permitan como potenciales electores, empezar a pensar en acogernos a formulaciones de contenido programático que nos animen a buscar con nuestro voto cambios de fondo en la manera de asumir la toma de decisiones, particularmente en el Congreso en donde hasta ahora, privilegian a los mismos. No hay campañas de contenidos novedosos, solamente enfrentamientos de nombres, no de postulados.
Para regir los destinos de los colombianos, consecuentemente es hora de pensar en que nuestro voto vale si es para respaldar políticas gubernamentales que se orienten desde la presidencia de la Republica, respaldadas por nombres nuevos, y algunos ya conocidos pero que necesariamente hayan demostrado estar comprometidos con los ciudadanos para servir. No demos más oportunidades a manipuladores que engañan a los colombianos, como es evidente que lo hace una inmensa mayoría corrupta, de ambiciones desmedidas e inmorales.
Se cree que para el 2022 las listas de candidatos a ocupar curules serán cerradas, el lado positivo de esto es que se fortalecen los partidos, sus militantes tendrán que defender idearios, y votaremos por esas doctrinas si es que los aspirantes nos garantizan el respeto por las mismas en las decisiones que tomen.
Es hora de que el pueblo colombiano, el que sufre, decida. No más juegos sucios en las esferas de poder en donde la corruptela se pavonea junto con sus serviles incondicionales.
Obviamente hay malos y buenos en un lado y en el otro, pero ciertas posiciones son definitivamente, el soporte ideológico y programático de sectores marcados. Por ejemplo: “Yo quiero ser el presidente del renacer del agro, de qué nos sirve las propuestas para el campo si las instituciones están en manos de gamonales”, fue un pronunciamiento del precandidato del Centro Democrático Iván Duque, que le costó reproches de los mismos de su colectividad ¿por qué? Pues porque así piensa generalmente un hombre de izquierda. Y se supone que todos en el CD deben pensar como María Fernanda Cabal, por ejemplo.
Sin duda, una verdadera democracia es la que permite el libre pensamiento y el derecho a discrepar ideológicamente sin que los contrarios señalen a sus opositores con calificativos engañosos y hasta calumniadores. Desenmascarar, ventilar, cuestionar y tratar de resolver los verdaderos problemas que se padecen en Colombia, con guerrilla o sin ella, es el objetivo que deberíamos como ciudadanos exigir a los dueños de las decisiones, a los cómodos en las curules que buscan repetir para otros fines, y a los dirigentes que nadan en privilegios heredados, no merecidos.
Las campañas que se adelantan hoy para elegir en las elecciones de 2018 a los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado, y al nuevo presidente de Colombia, hasta el momento no plantean propuestas que nos permitan como potenciales electores, empezar a pensar en acogernos a formulaciones de contenido programático que nos animen a buscar con nuestro voto cambios de fondo en la manera de asumir la toma de decisiones, particularmente en el Congreso en donde hasta ahora, privilegian a los mismos. No hay campañas de contenidos novedosos, solamente enfrentamientos de nombres, no de postulados.
Para regir los destinos de los colombianos, consecuentemente es hora de pensar en que nuestro voto vale si es para respaldar políticas gubernamentales que se orienten desde la presidencia de la Republica, respaldadas por nombres nuevos, y algunos ya conocidos pero que necesariamente hayan demostrado estar comprometidos con los ciudadanos para servir. No demos más oportunidades a manipuladores que engañan a los colombianos, como es evidente que lo hace una inmensa mayoría corrupta, de ambiciones desmedidas e inmorales.
Se cree que para el 2022 las listas de candidatos a ocupar curules serán cerradas, el lado positivo de esto es que se fortalecen los partidos, sus militantes tendrán que defender idearios, y votaremos por esas doctrinas si es que los aspirantes nos garantizan el respeto por las mismas en las decisiones que tomen.
Es hora de que el pueblo colombiano, el que sufre, decida. No más juegos sucios en las esferas de poder en donde la corruptela se pavonea junto con sus serviles incondicionales.
sábado, 14 de octubre de 2017
LA CULPA NO ES DE LOS PARTIDOS
En mayo de 2018 tendremos elecciones para el sucesor de Santos, en cambio en marzo del mismo año, son las que dirán en qué queda el nuevo Congreso, si acaso si será tan “nuevo” o seguirán los mismos con las mismas. Siendo entonces un poco antes la recta final para el momento de elegir Cámara y Senado, ya deberíamos estar los ciudadanos colombianos, leyendo, observando y analizando, aspiraciones que se concretan finalmente a la hora de inscribir los nombres que compondrán las listas.
Así las cosas podríamos decir que las candidaturas para Presidente de la Republica están más bien biches pues falta que suceda lo esperado, pero sobre todo, que nos sorprendan con lo inesperado en materia de estrategias mostrables, además de las ocultas, para impresionar al electorado grata o ingratamente.
En cuanto a las aspiraciones para la composición del Congreso que arrancará el 20 de julio de 2018, el horizonte no está claro. Los acontecimientos de las últimas semanas -y los que ha habido siempre, más no tan escandalosos pues ahora las redes ayudan- empujan a la desconfianza y apatía en el potencial elector.
Sentimos un maremágnum mental originado en el bombardeo de información que, sin duda, nos crea total confusión entre verdades y mentiras, haciendo que los ciudadanos consideremos seriamente la abstención; y peor aún, no se quiere oír, leer, ver o conversar, cuando se trata de aspiraciones y candidaturas.
Particularmente, apenas quienes de alguna manera están involucrados con el tema político por relaciones de trabajo, porque han vivido de contratos oficiales, o bien porque rodean las campañas directa o indirectamente, se detienen a mirar cómo va el proceso pre-electoral, el mismo que a un grueso de los ciudadanos los tiene saturados de información y muy desconfiado.
Lamentable este panorama. El ambiente de la política colombiana está más enrarecido que nunca. Al interior de los partidos las zancadillas, marrullas y componendas, acabaron con la razón de ser de algo tan importante para una democracia como es la ideología política y su defensa a la luz de idearios respetables.
La clase política en general no sabe de ética y valores. Aquellos aspirantes a formar parte de los partidos, empiezan sus pinitos de dos maneras: Una, cohonestando con los manejos chuecos para “crecer” adentro como miembro activo y “valioso”; o dos, exponiendo su casta y valores prioritarios. Ya sabemos cómo les va a unos y otros. ¿Ha habido quién crezca dentro de un partido político tradicional honesta y limpiamente? Sí, no muchos, pero los ha habido. Luis Carlos Galán fue uno de ellos. Álvaro Gómez Hurtado, también lo fue.
En las corporaciones públicas, de igual forma, se han distinguido congresistas, diputados y concejales que, además de brillantes miembros de uno u otro partido, han permanecido incólumes. Para estos no ha sido fácil nadar en aguas tan borrascosas y pútridas.
Ingrid Betancourt, siendo congresista, un 8 de marzo “Día Internacional de los Derechos de las Mujeres” al preguntársele el porqué de la participación tan escasa de las mujeres en la política, dijo que entre otros factores, para las mujeres es difícil estar en un entorno en el que son comunes ciertos manejos que impiden acceder o mantenerse con éxito en el mundo de la vida pública, la que indefectiblemente es manipulada por la clase política.
Se refería la excandidata a la Presidencia de Colombia, precisamente a las astucias recurrentes en la clase política, entre ellos y en sus relaciones con otros sectores. Infortunadamente vemos que a la par con los señores, va creciendo el número de mujeres enredadas en malas mañas para enriquecerse de la peor forma: traicionando la confianza de los electores. Aunque es claro que de todo hay en la Viña del Señor.
Estamos a tiempo de empezar a empoderarnos del papel que nos corresponde como ciudadanos en ejercicio de nuestros derechos. Si no queremos hacer parte de la clase política, bien podemos convertirnos en electores enterados, comprometidos con el país, conscientes de que debemos votar y elegir a los mejores –si los buscamos los encontramos- porque aunque estemos suturados de información “basura”, la responsabilidad de tener buenos, malos o pésimos representantes de los intereses ciudadanos, es nuestra.
Un elector consciente de la importancia individual a la hora de votar, sabe cuánto vale ese voto dentro de la suma para elegir. Así que dejemos atrás la “pereza electoral”. A empeorar la sinvergüenzada y conchudez de la dirigencia política en Colombia - esa que hace y deshace como lápiz con borrador- ayuda la apatía.
Entendamos que la política no es un tema despreciable, ni los partidos políticos son los culpables de su desprestigio, son las costumbres inescrupulosas de una gran mayoría de sus principales actores -electores, beneficiados sin merecerlo y elegidos- los que la hacen repugnante.
Para votar, dejémonos llevar del sentido común y el olfato electoral; pero estos dos elementos no van solos, también otras herramientas son fundamentales: la observación y el análisis que hagamos de los discursos, promesas, programas y prioridades de los candidatos; sin olvidar la impresión que nos causa su imagen, y teniendo presente, desde luego, quiénes lo acompañan. Ahí tenemos los ingredientes para no dejarnos engañar fácilmente.
Así las cosas podríamos decir que las candidaturas para Presidente de la Republica están más bien biches pues falta que suceda lo esperado, pero sobre todo, que nos sorprendan con lo inesperado en materia de estrategias mostrables, además de las ocultas, para impresionar al electorado grata o ingratamente.
En cuanto a las aspiraciones para la composición del Congreso que arrancará el 20 de julio de 2018, el horizonte no está claro. Los acontecimientos de las últimas semanas -y los que ha habido siempre, más no tan escandalosos pues ahora las redes ayudan- empujan a la desconfianza y apatía en el potencial elector.
Sentimos un maremágnum mental originado en el bombardeo de información que, sin duda, nos crea total confusión entre verdades y mentiras, haciendo que los ciudadanos consideremos seriamente la abstención; y peor aún, no se quiere oír, leer, ver o conversar, cuando se trata de aspiraciones y candidaturas.
Particularmente, apenas quienes de alguna manera están involucrados con el tema político por relaciones de trabajo, porque han vivido de contratos oficiales, o bien porque rodean las campañas directa o indirectamente, se detienen a mirar cómo va el proceso pre-electoral, el mismo que a un grueso de los ciudadanos los tiene saturados de información y muy desconfiado.
Lamentable este panorama. El ambiente de la política colombiana está más enrarecido que nunca. Al interior de los partidos las zancadillas, marrullas y componendas, acabaron con la razón de ser de algo tan importante para una democracia como es la ideología política y su defensa a la luz de idearios respetables.
La clase política en general no sabe de ética y valores. Aquellos aspirantes a formar parte de los partidos, empiezan sus pinitos de dos maneras: Una, cohonestando con los manejos chuecos para “crecer” adentro como miembro activo y “valioso”; o dos, exponiendo su casta y valores prioritarios. Ya sabemos cómo les va a unos y otros. ¿Ha habido quién crezca dentro de un partido político tradicional honesta y limpiamente? Sí, no muchos, pero los ha habido. Luis Carlos Galán fue uno de ellos. Álvaro Gómez Hurtado, también lo fue.
En las corporaciones públicas, de igual forma, se han distinguido congresistas, diputados y concejales que, además de brillantes miembros de uno u otro partido, han permanecido incólumes. Para estos no ha sido fácil nadar en aguas tan borrascosas y pútridas.
Ingrid Betancourt, siendo congresista, un 8 de marzo “Día Internacional de los Derechos de las Mujeres” al preguntársele el porqué de la participación tan escasa de las mujeres en la política, dijo que entre otros factores, para las mujeres es difícil estar en un entorno en el que son comunes ciertos manejos que impiden acceder o mantenerse con éxito en el mundo de la vida pública, la que indefectiblemente es manipulada por la clase política.
Se refería la excandidata a la Presidencia de Colombia, precisamente a las astucias recurrentes en la clase política, entre ellos y en sus relaciones con otros sectores. Infortunadamente vemos que a la par con los señores, va creciendo el número de mujeres enredadas en malas mañas para enriquecerse de la peor forma: traicionando la confianza de los electores. Aunque es claro que de todo hay en la Viña del Señor.
Estamos a tiempo de empezar a empoderarnos del papel que nos corresponde como ciudadanos en ejercicio de nuestros derechos. Si no queremos hacer parte de la clase política, bien podemos convertirnos en electores enterados, comprometidos con el país, conscientes de que debemos votar y elegir a los mejores –si los buscamos los encontramos- porque aunque estemos suturados de información “basura”, la responsabilidad de tener buenos, malos o pésimos representantes de los intereses ciudadanos, es nuestra.
Un elector consciente de la importancia individual a la hora de votar, sabe cuánto vale ese voto dentro de la suma para elegir. Así que dejemos atrás la “pereza electoral”. A empeorar la sinvergüenzada y conchudez de la dirigencia política en Colombia - esa que hace y deshace como lápiz con borrador- ayuda la apatía.
Entendamos que la política no es un tema despreciable, ni los partidos políticos son los culpables de su desprestigio, son las costumbres inescrupulosas de una gran mayoría de sus principales actores -electores, beneficiados sin merecerlo y elegidos- los que la hacen repugnante.
Para votar, dejémonos llevar del sentido común y el olfato electoral; pero estos dos elementos no van solos, también otras herramientas son fundamentales: la observación y el análisis que hagamos de los discursos, promesas, programas y prioridades de los candidatos; sin olvidar la impresión que nos causa su imagen, y teniendo presente, desde luego, quiénes lo acompañan. Ahí tenemos los ingredientes para no dejarnos engañar fácilmente.
martes, 10 de octubre de 2017
¿EN QUÉ VA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?
Por: Claudia Elena Posada
Nuestro planeta está realmente amenazado por factores medioambientales, y la humanidad apenas sí empieza a tomar conciencia del grave asunto; reconozcamos que nos faltan conocimientos básicos para entenderlo y enfrentarlo. Somos ignorantes en el tema.
¿Tenemos funcionarios en los diferentes ámbitos del territorio nacional, conocedores y comprometidos con la Ley 1549 de 2012, por medio de la cual se fortalece la institucionalización de la Política Nacional de Educación Ambiental y su incorporación efectiva en el desarrollo territorial?
Según advierte Greenpeace, entre los impactos del cambio climático están: El derretimiento de los glaciares con sus consecuencias en las reservas de agua dulce y el crecimiento del nivel del mar. La destrucción de los ecosistemas cuya función vital es mantener sanos el aire, el suelo y las aguas. Las olas de calor, sequías e inundaciones, derivadas de los fenómenos que conocemos como el del Niño y el de la Niña.
Entonces, queremos proteger la Tierra, pero ¿entendemos qué nos quieren decir cuando nos hablan de modelos energéticos sostenibles? ¿Sabemos acaso por qué nos piden reducir las emisiones de CO2? ¿Tenemos clara la importancia de generar proyectos sobre bases de tecnologías limpias? ¿Somos conscientes de cómo nos manipulan según intereses políticos o económicos que en nada benefician a las comunidades para su progreso o su bienestar?
Además, nos insisten en proteger los páramos, y particularmente en nuestro entorno -con tierras ricas en aguas, minerales, flora y fauna- todos los días por una u otra razón, nos piden igualmente apostarle al desarrollo pero con responsabilidad ambiental. ¿Y eso cómo? Salimos a las calles para protestar a favor o en contra de un proyecto y ni siquiera hemos evaluado los alcances del mismo.
Urge instaurar el conocimiento medioambiental desde la casa y la escuela; infundir saberes que alerten sobre las prácticas agrícolas inconvenientes y los daños al ambiente por irresponsabilidad empresarial, cultural, o labores ancestrales sin tecnificar debidamente, que destruyen los ecosistemas.
Por fortuna, corporaciones, ONGs, entidades y algunas instituciones educativas, han iniciado programas ecológicos, particularmente dirigidos a niños, y ese es un gran paso hacia la conciencia ambientalista del futuro.
Es reconfortante comprobar que existe una mayor apertura al conocimiento de este tema entre los jóvenes de hoy, con respecto a las anteriores generaciones, lo que redundará en los próximos años, en posiciones responsables para la conservación del planeta.
Para no parecer ignorantes en materia medioambiental, somos muy atrevidos al argumentar sin tener conocimientos. Confundimos términos, desconocemos cifras, ignoramos procesos, descalificamos; y lo peor, asumimos posturas frente a competencias relacionadas con el medio ambiente, totalmente equivocadas.
Es paradójico, por ejemplo, que no se acojan los llamados de atención a las comunidades con respecto a los desafueros en contra de ríos y quebradas (en ellos se arrojan todo tipo de desechos) mientras nos quejamos de la contaminación atmosférica. Bueno, eso es señal de ignorancia. Para cambiar tales actitudes, necesitamos divulgar los porqués de los daños al aire, las aguas y los suelos, y sus consecuencias para la vida de todas las especies.
Necesitamos mucha educación ambiental, teórica y práctica, permanente. Trascender lo emotivo, lo del momento, la conmemoración de una fecha. Las campañas motivan, bienvenidas; pero el efecto a largo plazo se consigue si son sostenidas en el tiempo y como complemento a la formación académica, en donde se puede profundizar y experimentar.
Mejor si nos concentramos en mentes abiertas, sea cual sea su edad cronológica, pues parece imposible convencer a ciertos sectores -cuyo signo pesos ocupa todo su horizonte- de que es necesario cambiar algunas prácticas y prioridades, ya que están haciéndole mucho daño al planeta de todos.
¿Será que en los entes territoriales del país, sí se le está metiendo el diente al fortalecimiento de las estrategias planteadas en la Política Nacional de Educación Ambiental, apoyando decididamente los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEA) y los Proyectos Comunitarios y Ciudadanos de Educación Ambiental (PROCEDA)?
¿Administraciones municipales y concejos conocen la Política Nacional de Educación Ambiental y sus deberes frente a ella? ¿O como tantas otras políticas en Colombia, se quedó en letra muerta?
PERIODISTAS Y RELACIONISTAS PERTENECEN A DOS CARAS DISTINTAS DE LA INFORMACIÓN
Periodista que esté defendiendo a los poderosos, no está en función del ejercicio periodístico, es un "relacionista"; y no es que las relaciones publicas sean cuestionables, no, simplemente ser periodista implica comprometer su labor informativa con toda responsabilidad frente a la sociedad; el relacionista, en cambio, tiene otro tipo de misión profesional, trabaja para una empresa u organización que necesita comunicarse con sus públicos y encontrar en ellos aceptación. Ambas actividades exigen ética profesional.
El periodista Jorge Ramos recién galardonado con el Premio a la Excelencia Gabriel García Márquez, dice en entrevista publicada este 29 de septiembre en el periódico El Mundo de Medellín: “…si nadie cree en lo que hacemos no sirve de nada nuestra profesión como periodistas”. Y en otro aparte señala expresamente que los periodistas nunca debemos estar del lado de los poderosos.
El mejicano Ramos, reconocido por su trabajo en Univisión por más de 30 años, es también calificado como un periodista estrictamente ceñido a principios éticos, y conciencia moral de la profesión.
Por otra parte, cada 26 de septiembre se exalta en el ámbito interamericano la labor relacionista, es decir, por estos días, precisamente, los comunicadores que trabajan en el área de las Relaciones Públicas, seguramente, y como es costumbre en nuestro medio, celebraron esta fecha con distintas actividades académicas y sociales.
En el marco de estos dos acontecimientos, es importante precisar aspectos relevantes en la formación académica de comunicadores preparados para ejercer el periodismo, o bien trabajar en el área de las relaciones públicas; a la vez que vale la pena diferenciar lo que parece confundirse.
Los conocimientos que nos da la academia para ejercer el periodismo, se concentran en las técnicas para el manejo de la información con todas sus exigencias de acuerdo con las características del canal o medio por el que difundimos. De igual manera nos preparan para ser idóneos en la utilización de los distintos géneros periodísticos, y desde luego en lo concerniente a los elementos indispensables para tener en cuenta según cada actividad periodística en particular. Esto así, grosso modo.
En lo que respecta a las Relaciones Públicas, en la universidad aprendemos que esta herramienta comunicacional, nos permite ejercer con profesionalismo, la tarea importantísima, para la empresa privada o para las entidades del estado, de establecer acercamientos amistosos e imperativos con los distintos públicos involucrados de alguna manera, directa o indirectamente, con la entidad, organización o empresa.
Para el ejercicio de las Relaciones Públicas, (confundidas no pocas veces con las relaciones humanas) se requiere saber cómo emplear las estrategias y tácticas para cada caso en particular, siempre enmarcadas en la ética. Estos conocimientos y principios también nos los da la academia.
Una y otra actividad -el periodismo y las relaciones públicas- al igual que otras labores en la sociedad, son practicadas también por quienes en razón de sus habilidades, gustos, u otras circunstancias, llegaron a estos campos de la comunicación sin formación académica universitaria, son los llamados empíricos, y los hay, como entre los profesionales, buenos, regulares y malos.
Relacionistas y periodistas como profesionales de la comunicación, hayamos obtenido el título que permite ejercer en ambas áreas, o bien quienes se prepararon solamente en el campo de la comunicación organizacional (así se le denomina en algunas universidades) o para los que ahora se forman en el periodismo exclusivamente, debe ser claro que, como lo afirma el periodista Jorge Ramos, en el trabajo informativo no se puede estar del lado de los poderosos.
Los relacionistas sirven de alguna manera a quienes están investidos de poder -público o privado- pero ello no significa que pueden mentir o engañar a sus públicos (entre estos los medios informativos) para obtener aceptación; ahí está el sentido ético de un profesional, y no es fácil, pero debe ser así, y se puede perfectamente pues no todo “poderoso” exige que su relacionista mienta. Las Relaciones Públicas bien ejercidas, son muy útiles a la sociedad pues aportan a los balances sociales.
Existen “poderosos circunstanciales” en razón del cargo que ocupan o por las funciones que desempeñan en determinado momento; con este tipo de personajes algunos periodistas son muy dados a tener “consideración”, por lo que esconden o enmascaran información que los pueda afectar. Reprochable sin lugar a dudas tal actitud, y es a eso a lo que se refiere Jorge Ramos.
Igualmente censurable la conducta del periodista que por “falta de empatía” con un personaje de reconocimiento público, exagere en calificativos afrentosos u ofensivos que responden a sentimientos personales y por lo tanto ajenos a la información pues obedecen a complacer rumores o rencores, y son lejanos a la verdad.
En resumen, ¿por qué se pierde credibilidad en los periodistas? Porque algunos no se limitan a informar, hacen de “relacionistas" pero indecorosos, hablan de los dueños del poder queriendo conseguir simpatía hacia ellos. Ni agraviar, ni alabar, es el papel del periodista íntegro.
lunes, 25 de septiembre de 2017
GANADORES II CONCURSO INTERNACIONAL “LATINOAMÉRICA AL DEBATE”
YENNESIT PALACIOS: ENSAYO
La Universidad Autónoma Latinoamericana - UNAULA,
promociona la investigación sobre la realidad y el pensamiento latinoamericano
mediante su Concurso Internacional de Ensayo y Cortometraje, que en su segunda versión
descubre, cumpliendo con uno de sus
propósitos, escritores y productores de
grandes méritos, tal cual lo observamos en la premiación reciente que se llevó
a cabo en la sede de UNAULA en el centro de la capital antioqueña, presidido
por su Rector Rodrigo Flórez.
Yennesit Palacios Valencia, en la categoría Ensayo,
y Guillermo Andrés Basmagui Barrios, en Cortometraje, fueron los ganadores del
II Concurso Internacional “Latinoamérica a Debate”.
ENSAYO
Palacios
Valencia ganó con el ensayo denominado Colombia
a la deriva de la justicia transicional: Verdad, justicia y reparación como
imperativos en el Tribunal Especial para la Paz. En su texto,
la ganadora del concurso habla sobre la implementación de procesos de justicia
transicional en diversos escenarios y que en este particular, Colombia es el
único país latinoamericano que mantiene viva la presencia “endémica” de un
conflicto armado.
Yennesit Palacios Valencia
es PhD en Derechos Humanos y Desarrollo de la Universidad Pablo de Olavide
(UPO) de Sevilla, España; Magíster en Derecho Constitucional del Centro de
Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid, adscrito al Ministerio de la
Presidencia de España; Magíster en Derechos Humanos, Interculturalidad y
Desarrollo de la UPO.
De igual forma, la categoría
Ensayo tuvo una mención especial para el texto Representación estética-narrativa de
las minorías étnicas indígenas y negras en la cinematografía argumental silente
de Argentina y Colombia (1916-29129), realizado por Carlos Alberto
Cardozo.
El jurado de la categoría
Ensayo estuvo integrado por José Guillermo Ángel, José Olimpo Suárez y Juan
Guillermo García.
CORTOMETRAJE
El
galardón de la categoría Cortometraje quedó en manos del sanandresano Guillermo
Andrés Basmagi Barrios, con su video Islanders,
presenta el testimonio de la desaparición a la que se están viendo sometidas
las particularidades culturales de la población Raizal del Departamento de San
Andrés Islas, en razón a la ausencia de políticas concretas que apoyen su
preservación.
Basmagui
Barrios es estudiante de 8ª Semestre de Comunicación Audiovisual de la Universidad
de Medellín.
Esta categoría tuvo una
mención especial para Daniel Santiago Cortés, por su cortometraje denominado Memorias.
El jurado estuvo integrado
por Carlos César Arbeláez, Orlando Mora y Rito Alberto Torres.
lunes, 18 de septiembre de 2017
ALIANZAS POLÍTICAS: ESTRATEGIA INCOMPRENDIDA
Es evidente que en materia política los colombianos no
tenemos mucha formación y eso nos hace más vulnerable ante las manipulaciones ideológicas que han funcionado
por siempre y siguen siendo muy útiles, especialmente en campaña, para acceder
al poder.
Ahora, reforzados en las redes sociales, los mensajes tendenciosos terminan por hacer creer a los ingenuos
electores (o apáticos votantes) que sus posturas ácidas en contra de este o
aquel, son el resultado de serios y concienzudos análisis, y que tales
comentarios obedecen a revelaciones completamente creíbles.
En tal sentido, más tardaron en anunciar la “escandalosa”
coalición Robledo-Claudia López-Fajardo, que en aparecer comentarios alevosos, así
como las agresiones verbales producto del sectarismo, o del temor a ser “desbancados”
por la “extraña” alianza.
Obviamente son más los comentarios insidiosos por parte de “desconocidos”, que de contrincantes que puedan sentirse “amenazados”
en sus aspiraciones. Todavía hay quienes ignoran que una alianza fundamentada
en similares principios ideológicos, o
en proyectos políticos acordados para un mismo objetivo es una estrategia válida
que, al echar mano de ella, se constituye en la posible salvación de una
propuesta estructurada conjuntamente.
Si Vargas Lleras se decidió por firmas para que entren a su
campaña los del Partido de la U que bien pueden hacerlo pues no tendrán
candidato propio a las presidenciales de 2018, además entendiendo que los
militantes de la U se identificaron desde sus inicios con un proyecto de derecha
que hizo transito al CD, pues entonces
se le llegó la hora al Partido Cambio Radical de proyectarse con el
acompañamiento, al igual que de la U, por
los seguidores del ex presidente Uribe, a
quienes los vemos no muy lejos de una alianza cobijada en las toldas “varguistas”; de
esa manera, todos quedarán aglutinados en torno a la
ideología comprometida, o por lo menos entusiasta, con los principios de la derecha.
Por lo demás, el centro derecha, hoy representado en el
pre-candidato Iván Duque, a quien finalmente le tocará -después de ser proclamado
el candidato definitivo del CD- plegarse a Vargas Lleras y esperar unos añitos
que le pueden sentar muy bien.
El Partido Liberal por su parte, enredado en vanidades, cuando Humberto De La Calle
es su mejor carta. El Partido Conservador, por lo demás, hace rato perdió su vocación de poder, al fin
y al cabo se sienten cómodos en el CD. Los que hoy ostentan curules por esta colectividad,
son casi todos más bien “desteñidos”.
El centro izquierda se alió con la izquierda para consolidar
un proyecto único fundamentado en principios que comparten. Dejemos que
planteen su propuesta colectiva y que definan más adelante el nombre señalado
para defender lo acordado por el Partido
Verde, el Polo Democrático Alternativo y Sergio Fajardo, que no pertenece a ningún
partido.
En resumen, pongámonos en la tarea de analizar juiciosamente
programas y proyectos concretos de aspirantes y candidatos, para que por fin empecemos
a votar a conciencia, y comentar en redes con criterio propio.
martes, 5 de septiembre de 2017
EL PAPA QUE “REVUELCA” A LÍDERES Y MANDATARIOS
Por: Claudia Elena Posada
“Ponerse la patria al hombro” es una
de las tantas frases del sacerdote jesuita Jorge Bergoglio, que ponen a pensar; fue pronunciada en la
época de la Argentina posterior a la
crisis del 2001, y cabría hoy para Colombia.
Estando recién nombrado como Presidente
de los argentinos Néstor Carlos Kirchner, en 2003, durante los oficios religiosos
presididos por el hoy Papa Francisco, en aquel entonces Obispo de Buenos Aires, en presencia
del mandatario invitó a “ponerse la patria al hombro”.
Un año después Kirchener decidió
no volver a los Tedeum oficiales precedidos por el prelado de la iglesia
católica, pues parece que se sintió aludido en la homilía que criticó a “los que
se sienten tan incluidos que excluyen a los demás, tan clarividentes que se han
vuelto ciegos”. Y nunca más se encontraron cara a cara.
No es entonces extraño que ahora
se reconozca en el Papa Francisco a un cardenal profundamente defensor de los desposeídos,
que por lo demás “revuelca” frecuentemente a líderes y mandatarios del mundo con sus freses revestidas
de verdad y caridad cristiana, pues su gesto
favorito es el de la misericordia inspirada en el amor.
Hoy, como aquella vez Kirchner, algunos
poderosos se molestan con las posturas del papa argentino quien se caracteriza por su sencillez, sentido del
humor, sabios consejos y un estilo muy particular de vivir su cotidianidad. Sus
amigos de siempre, siguen siendo sus amigos de siempre.
Como descendiente de italianos,
el Cardenal Bergoglio conoce perfectamente el idioma que en su niñez compartió
con la familia paterna; sus abuelos, su futuro padre (que llegó a la Argentina
de 24 años) y sus tíos, desembarcaron en Buenos aires en 1929. Además del
italiano, habla el francés y el inglés.
Jorge Mario Bergoglio, el primer
jesuita papa del mundo, sintió la vocación sacerdotal a los 21 años, ya siendo tecnólogo
químico. Se ordenó sacerdote a los 33; fue profesor de literatura y psicología,
y Licenciado en Teología y Filosofía.
En el libro “El Jesuita”, narran las conversaciones entre el Arzobispo Bergoglio -poco después de haber sido elegido papa Benedicto
XVI, a quien se le conoce como la “mente teológica” de Juan Pablo II- con los periodistas Sergio Rubin, argentino, y
Francesca Ambrogetti, italiana. A ellos Bergoglio les dice que sus inquietudes políticas
no pasaron del plano intelectual.
En una de esas entrevistas para
la publicación de “El Jesuita”, Jorge Mario Bergoglio habla de un proyecto
de nación y la necesidad de una cultura del acercamiento. “Somos unos tontos
que no sabemos ponernos de acuerdo”, les dijo. “Insisto: nos cuesta mucho el
encuentro; tendemos, más bien, a señalar lo que nos separa y no lo que nos une.
Me animaría a decir que nos encanta guerrear entre nosotros”. (Cualquier parecido
con Colombia…)
A renglón seguido, los
periodistas le preguntan ¿Cómo se avanza hacia una cultura del encuentro? Y el Arzobispo de Buenos Aires responde: “Por
lo pronto, reflexionando a fondo sobre lo que es la cultura del acercamiento
humano. Una cultura que supone, centralmente, que el otro tiene mucho para
darme, que tengo que ir hacia él con actitud de apertura y escucha, sin prejuicios,
o sea, sin pensar que porque tiene ideas contrarias a las mías, o es ateo, no
puede aportarme nada. (…) Así, terminamos fomentando el desencuentro que, a mi
juicio, alcanza la categoría de una verdadera patología social”.
Por las anteriores afirmaciones del
dignísimo visitante que tendremos en Colombia, en aquel entonces Cardenal de
Argentina, los periodistas le preguntaron: ¿“Es sólo una cuestión de prejuicios
o hay algo más? Y su respuesta cabe para Colombia:
“Creo que también es un problema
comunicacional fomentado en tres acciones: la desinformación, la difamación y
la calumnia. Para mí, la desinformación es una actitud peligrosa, porque decir
una parte de la verdad, desorienta al receptor”. (¿Qué pensará hoy con lo que
rueda por las redes sociales?).
El primer viaje internacional que
hizo el jesuita Jorge Bergoglio fue a Colombia. A nuestro país viajó a
Medellín, con ocasión de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe. El año de este acontecimiento es para algunos autores 1968, para
otros 1969.
Jamás pensó el hoy carismático Papa
Francisco, que volvería a Medellín en su condición de máximo jerarca de la
Iglesia Católica, y mucho menos que este encuentro produciría tal controversia
en Colombia, por los ribetes políticos que le quieren colgar a su bondadosa
visita.
lunes, 28 de agosto de 2017
MEJOR UN POLÍTICO “INTELIGENTÒN” QUE UN POLÍTICO BRIBÓN
Por Claudia Elena Posada
Dizque están muy “preocupados”
los del Centro Democrático por un recurso metafórico que empleó el pre-candidato Iván Duque Márquez
en un debate de la W Radio. Estas fueron las palabras que alteraron a los más
encumbrados miembros del CD: “….lo otro es ¿vamos a reducir entonces esta
discusión simplemente a Uribe y a Santos? ¿Eso
es un tema de dos personas, de dos tintos, como si el resto del país simplemente
fueran miembros de una secta que se dejan llevar por dos monjes?”.
Sin
apasionamientos, puede deducirse simplemente que, tal alegoría eleva a los
colombianos más allá de ser unos pobres sectarios, obtusos de pensamiento,
cerrados a la libre argumentación, sin criterio para disentir; arrastrados por
dos monjes. (Tal vez asimilando monje a
la acepción de patriarca).
¿Cómo
pueden tergiversar de esa manera el sentido respetable que la metáfora empleada
por el pre-candidato Duque Márquez da a
la política colombiana? ¿O será que la veneración a su líder les impide el
pensamiento reflexivo?
Entendiéndolo
la comparación sin perversidades y habiendo escuchado en otros momentos,
contextos y escenarios, al Senador Iván
Duque, interpretar sus palabras como que, claramente, reniega cual ingrato de
quien hiciera de él lo que es hoy, obedeciendo a ideologías no coincidentes con
el CD, se demuestra, ahí sí, el más absurdo fanatismo.
Al
senador del CD Iván Duque, siempre que se le quiere llevar hacia un discurso
encasillado en la polarización, para que
la acentúe, agudamente se sale de ese marco
y
canaliza el dialogo hacia la necesidad de tratar a fondo los temas
verdaderamente importantes para el país.
Mejor
un político “inteligentòn” que un político bribón.
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