martes, 12 de diciembre de 2017
CERRÉMOSLE LA PUERTA A LOS VIVIDORES
Una inmensa mayoría de los políticos en Colombia no está interesada en fortalecer los partidos porque no se quiere comprometer con idearios para defender y cumplir. La clase política se compone de algunos buenos políticos y mucho politiquero que abusa de sus privilegios como parte de las esferas de poder y decisión.
Las generaciones actuales no quieren hacer uso del derecho al voto porque se sienten engañados por un grupo de corruptos, muy numeroso por cierto, que accede a cargos de elección popular mediante mañas fraudulentas; los intereses particulares abundan en la clase política y muchas veces se desconoce -por conveniencia- el deber de respetar las leyes que reglamentan los partidos; desestimar los contenidos ideológicos que, como principios, son el soporte del ejercicio político, empobrece las propuestas y programas que deberían estar en primera línea de trabajo para cualquier aspirante o candidato que se respete y respete a los ciudadanos, lo mismo que a los electores a quienes quiere llegar.
Son muchas las actividades del acontecer político que desilusionan a los potenciales votantes. Cambiarse de un partido a otro sin justificación clara y contundente, es una de las tantas destrezas presentes entre la clase política. Es poco creíble un político que hoy sea del Parido Liberal y mañana del Centro Democrático, por ejemplo. Cada uno de los estatutos de los partidos contempla mecanismos, posiciones ideológicas, objetivos y visiones, entre otros, que son la carta de navegación que los orienta. Sin embargo, no es esto lo que un militante, nuevo o antiguo miembro de determinado partido, analiza para ingresar. Predominan intereses particulares que les convienen como individuos, no los motiva real y sinceramente, el afán de servir sin descanso ni tregua, al pueblo que necesita de su gestión eficiente.
En este sentido llama positivamente la atención, la postura determinante de la Senadora Sofía Gaviria quien, al interior del Partido Liberal, su colectividad, dio la pelea defendiendo el respeto por lo que les rige. Eso se llama coherencia, seriedad y honestidad crítica. Pocos quedan ya de estos hombres y mujeres para elegir por sus características y no por su “carreta” mentirosa y manipuladora. Pero los hay, no debería darnos pereza buscarlos juiciosamente entre aspirantes y candidatos de todos los partidos.
Es una lástima que los colombianos desconozcamos el importantísimo papel de la política en los destinos de Colombia. El voto legitima la democracia participativa; ignorarlo, o desatender esta oportunidad, nos lleva a empeorar la situación social -con sus componentes Salud, Educación, Seguridad, Empleo- y el desigual desarrollo económico en el que estamos de años atrás. No podemos dejar nuestro propio bienestar en manos de una clase política que compra y vende conciencias ciudadanas, activistas, militantes, y también a quienes deberían aportarle al país seguridad y confianza, pero que, infiltrados en la institucionalidad débil y corrupta que tenemos, empeoran el panorama gris oscuro que debemos transformar cuanto antes.
No es denigrando sin argumentos serios, mucho menos publicando afrentas sin sentido contra uno u otro que no nos gusta, como vamos a resolver problemas que no están en nuestras manos sino en las de aquellos que tienen el poder de decisión; de ahí la importancia de elegir bien. Tampoco conseguimos nada bueno tratando de “rata” o “ladrón” a personajes públicos que, si bien merecen ser desenmascarados por malas actuaciones, existen instancias para juzgarlos y a esas hay que llegar con argumentos e indagaciones.
Agredir de palabra por las redes sociales no aporta absolutamente nada a una Colombia mejor para todos y para las generaciones venideras. Hablar de temas sensibles a la sociedad, donde caben serios compromisos y no la irresponsabilidad de unos cuantos, es más dañino de lo que creemos. Asuntos de interés público que desconocemos en lo esencial, porque apenas sí repetimos lo que oímos de otros que muy seguramente quieren manipular a la opinión pública, son la puerta abierta a los vividores.