martes, 21 de noviembre de 2017

¡CARREÑO, NO TE IMAGINAS CÓMO CAMBIÓ LA URBANIDAD!


Conocimos en las aulas del colegio las normas de buenas maneras consignadas en el manual de don Manuel Antonio Carreño, venezolano que debe hoy revolcarse en la tumba oyendo al actual presidente de Venezuela, el Maduro que cae frecuentemente en faltas de urbanidad, pero no cae de su mandato. Añoramos aquella cartilla, la quisiéramos actualizada para las urbes de la vida en Colombia.

El referente anterior, nos pone a pensar en aquellos años de la Medellín sosegada, con mujeres de todas las edades conservando modales finos, y hombres de comportamiento caballeroso. Observando a las nuevas generaciones -y a muchos de las anteriores para los que Carreño no pasó por sus manos- nos preguntamos ¿cuáles son las características en general, que refieren modales presentes en el diagnóstico de la Medellín de hoy?

En las vías de la ciudad, por ejemplo, tenemos carriles exclusivos para buses, pero son invadidos por distintos tipos de vehículos; los buses no los utilizan adecuadamente y mejor arrebatan “a la brava”, aquellos espacios que son para circular otros; las motos se meten a carriles que no les corresponden, se salen y vuelven a entrar cuando se las antoja sin mirar siquiera si hay riesgos para ellos mismos o para los que sí van por donde debe ser; cada día aumentan los conductores de todo tipo de vehículos que andan siempre en “modo pelea”, listos para atacar con agresividad inusitada; se atropellan vías; los semáforos no se respetan, las normas de tránsito se ignoran; los peatones se ven a gatas para salvarse del que acelera sin piedad o cruza las zonas peatonales atentando con su carro, bus o moto, contra la vida del que va a pie.

Percibimos con malestar a quienes van en taxis, manejando o como pasajeros, al igual que en vehículos particulares, cómo arrojan basura por las ventanillas; vemos señales, delante de nosotros, que anuncian salirse de su carril o arrancar, pero lo hacen cuando ya se salieron o arrancaron; viajamos con preocupación porque si nosotros vamos bien y con los cinco sentidos funcionando, por los lados circulan conductores borrachos o con su dosis de vicio en la cabeza.

Al deteneros en parques, teatros, unidades residenciales, barrios, universidades, colegios, espacio público y escuelas, entre otros ¿qué nos encontramos? Asombrosa falta de respeto por la convivencia pacífica; roles que no se asumen como se espera, todo lo contrario, pésimo comportamiento en quienes deberían dar buen ejemplo; agentes del orden agraviando; padres de familia justificando malas costumbres en vez de corregir; muchachos que no tratan a las mujeres con deferencia, chicas que no demuestran delicadeza y buenas maneras; jóvenes que no son orientados con dedicación y amor en el hogar. (Cómo hacen de falta las buenas mamás de antaño, aquellas que disfrutaban del tiempo en la casa para contemplar, sin afanes, a sus hijos, ellos eran su mayor tesoro).

Y si subimos a las esferas de influencia y preponderancia para observar personajes de todas las ramas del poder público (e inclusive del llamado “cuarto poder”, el periodismo) nos encontramos tristemente con la sucia corrupción, aceptada y practicada se convirtió en parte de la cotidianidad.

Mirando cómo se cuida a los niños en Colombia, futuros hombres y mujeres que queremos sean de bien para el país, en las guarderías a donde llegan los niños más vulnerables, nos sorprenden cuidadoras sin condiciones humanas, ajenas a las sanas conductas, acostumbradas a dar malos tratos a sus propios hijos, y desde luego toscas con los pequeños que dejan en sus manos.

Al interior de las familias, en donde se espera protección para los menores y adolescentes, abundan los padrastros -y otro tipo de cercanos- que encuentran guarida para sus perversidades, abusando de inocentes criaturas.

Hay otros síntomas de violencia y crueldad que igual duelen enormemente. Vemos animales callejeros brutalmente maltratados; y en algunas viviendas, no se da ejemplo de cariño para compartir con las mascotas, no se les alimenta y son cruelmente lastimados.

Los mensajes, videos, memes, fotos que ruedan por las redes sociales, dan cuenta de que se perdió el civismo y el pundonor; las buenas maneras son vistas con desprecio o burla; la decencia y la urbanidad son desestimadas.
La moral, el decoro, la integridad, los escrúpulos, se borraron de la cultura de hoy; la caridad, la benevolencia, la misericordia, la consideración, la bondad, la ternura, son palabras desconocidas en el lenguaje y el actuar moderno; la honradez, la probidad, se quedaron en el pasado, son “vejeces” inadmisibles para salir adelante en el siglo XXI, lo que cuenta es la “viveza”.

Y ya se sabe qué es ser “vivo”. Al vividor lo encontramos en todos los estratos sociales, en todo tipo de actividades y espacios de la sociedad, lo rodean sus iguales, lo mismo que serviles sin carácter que le hacen reverencias.