“La derecha ha fracasado porque defiende el atraso y las confusiones, la derecha tiene que aceptar a la izquierda como su oponente para trabajar por las soluciones a los problemas económicos y sociales de Colombia, porque de no hacerlo esos problemas seguirán determinando nuestros conflictos y nuestra violencia. Negar la causa de los problemas colombianos no los ha resuelto”. Este es un párrafo de un artículo escrito por José María Rodríguez González -experto en conflictos armados y política internacional- publicado hace como 10 años, pero que tiene toda la vigencia hoy.
Obviamente hay malos y buenos en un lado y en el otro, pero ciertas posiciones son definitivamente, el soporte ideológico y programático de sectores marcados. Por ejemplo: “Yo quiero ser el presidente del renacer del agro, de qué nos sirve las propuestas para el campo si las instituciones están en manos de gamonales”, fue un pronunciamiento del precandidato del Centro Democrático Iván Duque, que le costó reproches de los mismos de su colectividad ¿por qué? Pues porque así piensa generalmente un hombre de izquierda. Y se supone que todos en el CD deben pensar como María Fernanda Cabal, por ejemplo.
Sin duda, una verdadera democracia es la que permite el libre pensamiento y el derecho a discrepar ideológicamente sin que los contrarios señalen a sus opositores con calificativos engañosos y hasta calumniadores. Desenmascarar, ventilar, cuestionar y tratar de resolver los verdaderos problemas que se padecen en Colombia, con guerrilla o sin ella, es el objetivo que deberíamos como ciudadanos exigir a los dueños de las decisiones, a los cómodos en las curules que buscan repetir para otros fines, y a los dirigentes que nadan en privilegios heredados, no merecidos.
Las campañas que se adelantan hoy para elegir en las elecciones de 2018 a los miembros de la Cámara de Representantes y el Senado, y al nuevo presidente de Colombia, hasta el momento no plantean propuestas que nos permitan como potenciales electores, empezar a pensar en acogernos a formulaciones de contenido programático que nos animen a buscar con nuestro voto cambios de fondo en la manera de asumir la toma de decisiones, particularmente en el Congreso en donde hasta ahora, privilegian a los mismos. No hay campañas de contenidos novedosos, solamente enfrentamientos de nombres, no de postulados.
Para regir los destinos de los colombianos, consecuentemente es hora de pensar en que nuestro voto vale si es para respaldar políticas gubernamentales que se orienten desde la presidencia de la Republica, respaldadas por nombres nuevos, y algunos ya conocidos pero que necesariamente hayan demostrado estar comprometidos con los ciudadanos para servir. No demos más oportunidades a manipuladores que engañan a los colombianos, como es evidente que lo hace una inmensa mayoría corrupta, de ambiciones desmedidas e inmorales.
Se cree que para el 2022 las listas de candidatos a ocupar curules serán cerradas, el lado positivo de esto es que se fortalecen los partidos, sus militantes tendrán que defender idearios, y votaremos por esas doctrinas si es que los aspirantes nos garantizan el respeto por las mismas en las decisiones que tomen.
Es hora de que el pueblo colombiano, el que sufre, decida. No más juegos sucios en las esferas de poder en donde la corruptela se pavonea junto con sus serviles incondicionales.