martes, 10 de octubre de 2017

¿EN QUÉ VA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?


Por: Claudia Elena Posada

Nuestro planeta está realmente amenazado por factores medioambientales, y la humanidad apenas sí empieza a tomar conciencia del grave asunto; reconozcamos que nos faltan conocimientos básicos para entenderlo y enfrentarlo. Somos ignorantes en el tema.

¿Tenemos funcionarios en los diferentes ámbitos del territorio nacional, conocedores y comprometidos con la Ley 1549 de 2012, por medio de la cual se fortalece la institucionalización de la Política Nacional de Educación Ambiental y su incorporación efectiva en el desarrollo territorial?

Según advierte Greenpeace, entre los impactos del cambio climático están: El derretimiento de los glaciares con sus consecuencias en las reservas de agua dulce y el crecimiento del nivel del mar. La destrucción de los ecosistemas cuya función vital es mantener sanos el aire, el suelo y las aguas. Las olas de calor, sequías e inundaciones, derivadas de los fenómenos que conocemos como el del Niño y el de la Niña.

Entonces, queremos proteger la Tierra, pero ¿entendemos qué nos quieren decir cuando nos hablan de modelos energéticos sostenibles? ¿Sabemos acaso por qué nos piden reducir las emisiones de CO2? ¿Tenemos clara la importancia de generar proyectos sobre bases de tecnologías limpias? ¿Somos conscientes de cómo nos manipulan según intereses políticos o económicos que en nada benefician a las comunidades para su progreso o su bienestar?

Además, nos insisten en proteger los páramos, y particularmente en nuestro entorno -con tierras ricas en aguas, minerales, flora y fauna- todos los días por una u otra razón, nos piden igualmente apostarle al desarrollo pero con responsabilidad ambiental. ¿Y eso cómo? Salimos a las calles para protestar a favor o en contra de un proyecto y ni siquiera hemos evaluado los alcances del mismo.

Urge instaurar el conocimiento medioambiental desde la casa y la escuela; infundir saberes que alerten sobre las prácticas agrícolas inconvenientes y los daños al ambiente por irresponsabilidad empresarial, cultural, o labores ancestrales sin tecnificar debidamente, que destruyen los ecosistemas.
Por fortuna, corporaciones, ONGs, entidades y algunas instituciones educativas, han iniciado programas ecológicos, particularmente dirigidos a niños, y ese es un gran paso hacia la conciencia ambientalista del futuro.

Es reconfortante comprobar que existe una mayor apertura al conocimiento de este tema entre los jóvenes de hoy, con respecto a las anteriores generaciones, lo que redundará en los próximos años, en posiciones responsables para la conservación del planeta.

Para no parecer ignorantes en materia medioambiental, somos muy atrevidos al argumentar sin tener conocimientos. Confundimos términos, desconocemos cifras, ignoramos procesos, descalificamos; y lo peor, asumimos posturas frente a competencias relacionadas con el medio ambiente, totalmente equivocadas.

Es paradójico, por ejemplo, que no se acojan los llamados de atención a las comunidades con respecto a los desafueros en contra de ríos y quebradas (en ellos se arrojan todo tipo de desechos) mientras nos quejamos de la contaminación atmosférica. Bueno, eso es señal de ignorancia. Para cambiar tales actitudes, necesitamos divulgar los porqués de los daños al aire, las aguas y los suelos, y sus consecuencias para la vida de todas las especies.

Necesitamos mucha educación ambiental, teórica y práctica, permanente. Trascender lo emotivo, lo del momento, la conmemoración de una fecha. Las campañas motivan, bienvenidas; pero el efecto a largo plazo se consigue si son sostenidas en el tiempo y como complemento a la formación académica, en donde se puede profundizar y experimentar.

Mejor si nos concentramos en mentes abiertas, sea cual sea su edad cronológica, pues parece imposible convencer a ciertos sectores -cuyo signo pesos ocupa todo su horizonte- de que es necesario cambiar algunas prácticas y prioridades, ya que están haciéndole mucho daño al planeta de todos.

¿Será que en los entes territoriales del país, sí se le está metiendo el diente al fortalecimiento de las estrategias planteadas en la Política Nacional de Educación Ambiental, apoyando decididamente los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEA) y los Proyectos Comunitarios y Ciudadanos de Educación Ambiental (PROCEDA)?

¿Administraciones municipales y concejos conocen la Política Nacional de Educación Ambiental y sus deberes frente a ella? ¿O como tantas otras políticas en Colombia, se quedó en letra muerta?