martes, 10 de octubre de 2017
PERIODISTAS Y RELACIONISTAS PERTENECEN A DOS CARAS DISTINTAS DE LA INFORMACIÓN
Periodista que esté defendiendo a los poderosos, no está en función del ejercicio periodístico, es un "relacionista"; y no es que las relaciones publicas sean cuestionables, no, simplemente ser periodista implica comprometer su labor informativa con toda responsabilidad frente a la sociedad; el relacionista, en cambio, tiene otro tipo de misión profesional, trabaja para una empresa u organización que necesita comunicarse con sus públicos y encontrar en ellos aceptación. Ambas actividades exigen ética profesional.
El periodista Jorge Ramos recién galardonado con el Premio a la Excelencia Gabriel García Márquez, dice en entrevista publicada este 29 de septiembre en el periódico El Mundo de Medellín: “…si nadie cree en lo que hacemos no sirve de nada nuestra profesión como periodistas”. Y en otro aparte señala expresamente que los periodistas nunca debemos estar del lado de los poderosos.
El mejicano Ramos, reconocido por su trabajo en Univisión por más de 30 años, es también calificado como un periodista estrictamente ceñido a principios éticos, y conciencia moral de la profesión.
Por otra parte, cada 26 de septiembre se exalta en el ámbito interamericano la labor relacionista, es decir, por estos días, precisamente, los comunicadores que trabajan en el área de las Relaciones Públicas, seguramente, y como es costumbre en nuestro medio, celebraron esta fecha con distintas actividades académicas y sociales.
En el marco de estos dos acontecimientos, es importante precisar aspectos relevantes en la formación académica de comunicadores preparados para ejercer el periodismo, o bien trabajar en el área de las relaciones públicas; a la vez que vale la pena diferenciar lo que parece confundirse.
Los conocimientos que nos da la academia para ejercer el periodismo, se concentran en las técnicas para el manejo de la información con todas sus exigencias de acuerdo con las características del canal o medio por el que difundimos. De igual manera nos preparan para ser idóneos en la utilización de los distintos géneros periodísticos, y desde luego en lo concerniente a los elementos indispensables para tener en cuenta según cada actividad periodística en particular. Esto así, grosso modo.
En lo que respecta a las Relaciones Públicas, en la universidad aprendemos que esta herramienta comunicacional, nos permite ejercer con profesionalismo, la tarea importantísima, para la empresa privada o para las entidades del estado, de establecer acercamientos amistosos e imperativos con los distintos públicos involucrados de alguna manera, directa o indirectamente, con la entidad, organización o empresa.
Para el ejercicio de las Relaciones Públicas, (confundidas no pocas veces con las relaciones humanas) se requiere saber cómo emplear las estrategias y tácticas para cada caso en particular, siempre enmarcadas en la ética. Estos conocimientos y principios también nos los da la academia.
Una y otra actividad -el periodismo y las relaciones públicas- al igual que otras labores en la sociedad, son practicadas también por quienes en razón de sus habilidades, gustos, u otras circunstancias, llegaron a estos campos de la comunicación sin formación académica universitaria, son los llamados empíricos, y los hay, como entre los profesionales, buenos, regulares y malos.
Relacionistas y periodistas como profesionales de la comunicación, hayamos obtenido el título que permite ejercer en ambas áreas, o bien quienes se prepararon solamente en el campo de la comunicación organizacional (así se le denomina en algunas universidades) o para los que ahora se forman en el periodismo exclusivamente, debe ser claro que, como lo afirma el periodista Jorge Ramos, en el trabajo informativo no se puede estar del lado de los poderosos.
Los relacionistas sirven de alguna manera a quienes están investidos de poder -público o privado- pero ello no significa que pueden mentir o engañar a sus públicos (entre estos los medios informativos) para obtener aceptación; ahí está el sentido ético de un profesional, y no es fácil, pero debe ser así, y se puede perfectamente pues no todo “poderoso” exige que su relacionista mienta. Las Relaciones Públicas bien ejercidas, son muy útiles a la sociedad pues aportan a los balances sociales.
Existen “poderosos circunstanciales” en razón del cargo que ocupan o por las funciones que desempeñan en determinado momento; con este tipo de personajes algunos periodistas son muy dados a tener “consideración”, por lo que esconden o enmascaran información que los pueda afectar. Reprochable sin lugar a dudas tal actitud, y es a eso a lo que se refiere Jorge Ramos.
Igualmente censurable la conducta del periodista que por “falta de empatía” con un personaje de reconocimiento público, exagere en calificativos afrentosos u ofensivos que responden a sentimientos personales y por lo tanto ajenos a la información pues obedecen a complacer rumores o rencores, y son lejanos a la verdad.
En resumen, ¿por qué se pierde credibilidad en los periodistas? Porque algunos no se limitan a informar, hacen de “relacionistas" pero indecorosos, hablan de los dueños del poder queriendo conseguir simpatía hacia ellos. Ni agraviar, ni alabar, es el papel del periodista íntegro.