martes, 5 de septiembre de 2017

EL PAPA QUE “REVUELCA” A LÍDERES Y MANDATARIOS



Por: Claudia Elena Posada

“Ponerse la patria al hombro” es una de las tantas frases del sacerdote jesuita Jorge Bergoglio, que ponen a pensar; fue pronunciada en la  época de la Argentina posterior a la crisis del 2001, y cabría hoy para Colombia.

Estando recién nombrado como Presidente de los argentinos Néstor Carlos Kirchner, en 2003, durante los oficios religiosos presididos por el hoy Papa Francisco, en aquel entonces Obispo de Buenos Aires, en presencia del mandatario invitó a “ponerse la patria al hombro”.

Un año después Kirchener decidió no volver a los Tedeum oficiales precedidos por el prelado de la iglesia católica, pues parece que se sintió aludido en la homilía que criticó a “los que se sienten tan incluidos que excluyen a los demás, tan clarividentes que se han vuelto ciegos”. Y nunca más se encontraron cara a cara.

No es entonces extraño que ahora se reconozca en el Papa Francisco a un cardenal profundamente defensor de los desposeídos, que por lo demás “revuelca” frecuentemente a líderes  y mandatarios del mundo con sus freses revestidas  de verdad y caridad cristiana, pues su gesto favorito es el de la  misericordia inspirada en el amor.

Hoy, como aquella vez Kirchner, algunos poderosos se molestan con las posturas del papa argentino quien  se caracteriza por su sencillez, sentido del humor, sabios consejos y un estilo muy particular de vivir su cotidianidad. Sus amigos de siempre, siguen siendo sus amigos de siempre.

Como descendiente de italianos, el Cardenal Bergoglio conoce perfectamente el idioma que en su niñez compartió con la familia paterna; sus abuelos, su futuro padre (que llegó a la Argentina de 24 años) y sus tíos, desembarcaron en Buenos aires en 1929. Además del italiano, habla el francés y el inglés.

Jorge Mario Bergoglio, el primer jesuita papa del mundo, sintió la vocación sacerdotal a los 21 años, ya siendo tecnólogo químico. Se ordenó sacerdote a los 33; fue profesor de literatura y psicología, y Licenciado en Teología y Filosofía.

En el  libro “El Jesuita”,  narran las  conversaciones entre el Arzobispo Bergoglio  -poco después de haber sido elegido papa Benedicto XVI, a quien se le conoce como la “mente teológica” de Juan Pablo II-  con los periodistas Sergio Rubin, argentino, y Francesca Ambrogetti, italiana. A ellos Bergoglio les dice que sus inquietudes políticas no pasaron del plano intelectual.

En una de esas entrevistas para la publicación de “El Jesuita”, Jorge Mario Bergoglio  habla de un proyecto de nación y la necesidad de una cultura del acercamiento. “Somos unos tontos que no sabemos ponernos de acuerdo”, les dijo. “Insisto: nos cuesta mucho el encuentro; tendemos, más bien, a señalar lo que nos separa y no lo que nos une. Me animaría a decir que nos encanta guerrear entre nosotros”. (Cualquier parecido con Colombia…)

A renglón seguido, los periodistas le preguntan ¿Cómo se avanza  hacia una cultura del encuentro?  Y el Arzobispo de Buenos Aires responde: “Por lo pronto, reflexionando a fondo sobre lo que es la cultura del acercamiento humano. Una cultura que supone, centralmente, que el otro tiene mucho para darme, que tengo que ir hacia él con actitud de apertura y escucha, sin prejuicios, o sea, sin pensar que porque tiene ideas contrarias a las mías, o es ateo, no puede aportarme nada. (…) Así, terminamos fomentando el desencuentro que, a mi juicio, alcanza la categoría de una verdadera patología social”.

Por las anteriores afirmaciones del dignísimo visitante que tendremos en Colombia, en aquel entonces Cardenal de Argentina, los periodistas le preguntaron: ¿“Es sólo una cuestión de prejuicios o hay algo más? Y su respuesta cabe para Colombia:
“Creo que también es un problema comunicacional fomentado en tres acciones: la desinformación, la difamación y la calumnia. Para mí, la desinformación es una actitud peligrosa, porque decir una parte de la verdad, desorienta al receptor”. (¿Qué pensará hoy con lo que rueda por las redes sociales?).

El primer viaje internacional que hizo el jesuita Jorge Bergoglio fue a Colombia. A nuestro país viajó a Medellín, con ocasión de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. El año de este acontecimiento es para algunos autores 1968, para otros 1969.

Jamás pensó el hoy carismático Papa Francisco, que volvería a Medellín en su condición de máximo jerarca de la Iglesia Católica, y mucho menos que este encuentro produciría tal controversia en Colombia, por los ribetes políticos que le quieren colgar a su bondadosa visita.