martes, 11 de noviembre de 2025

Confrontemos discursos con hechos antes de decidir

 

Por Claudia Posada

Estamos a siete meses de la llamada primera vuelta para elegir al presidente de

Colombia que a partir del 7 de agosto del 2026 entre a ocupar la Casa de Nariño.

La jornada electoral para ese fin es el 31 de mayo del próximo año, fecha en la

cual elegiremos presidente y vicepresidente, siendo posible que de no tener

alguno de los candidatos la mayoría, habrá un mes después la segunda vuelta

para decidir definitivamente entre los dos primeros que es definido por la mayoría

de votos. En este momento estamos en la etapa en la que se van decantando

nombres, depuración que hacen las colectividades bajo distintos mecanismos. La

izquierda, con su consulta partidista ya determinó por la participación de los

ciudadanos seguidores de sus tesis, su preferencia, y es así como será Iván

Cepeda el político que se prepara para enfrentar la campaña que termina en mayo

pero que en el momento apenas sí tiene en conversaciones a los dirigentes que

buscan concretar nombres con los que competirán por el poder del gobierno

nacional. La tarea no está fácil. Cuando los aspirantes son tantísimos, cuando no

hay firmeza de convicciones y lo que se mira estratégicamente desde

conveniencias circunstanciales, no se enmarca en afinidades conceptuales,

ideológicas y mucho menos en propósitos que rigen los principios inspiradores del

ejercicio político, aparecen más reclamos que buenas alianzas.

Mientras tanto, en las bases de los partidos y en la ciudadanía en general, las

conjeturas se fundamentan en la credibilidad o no que se percibe cuando hay

interés en mirar posturas, declaraciones y, desde luego, comentarios, entrevistas y

en las inevitables redes sociales, con su seriedad y objetividad, algunas veces, o

acomodos a libretos (inclusive en medios tradicionales) más de lo creemos. Entre

comunidades organizadas, familias y grupos pensantes y participativos que se

prestan a los análisis sin apasionamientos, y fuertes e influyentes posiciones de

contratistas de profesión; también entre sectores con interés legítimos y otros no

tanto, se da más desconcierto y desconfianza que certezas. Ser capaces de

analizar, por ejemplo, las grandes diferencias entre los discursos de Gustavo Petro

e Iván Cepeda, siendo ambos representantes auténticos de la izquierda

colombiana (no aparecidos oportunistas) testimonia la incapacidad de definir

cuándo entre tantos aspirantes, que dicen ser de derecha, centro o izquierda, hay

congruencia entre lo que se dice, se siente y se manifiesta. Traducir a lo que se

espera a la hora de gobernar, con respecto al discurso de campaña, requiere la

juiciosa interpretación que sin duda no está aún posicionada en las mentes del

potencial votante. Confrontemos discursos con hechos antes de decidir a quien le

damos nuestro valioso voto.


Empecemos por aceptar que, los valores y principios de las distintas

características de quienes se postulan como representantes de una u otra

ideología, con hechos contradicen lo que predican. Si, por ejemplo, la derecha,

propende por la preservación de la identidad cultural, y, entre otras, la defensa de

la soberanía, pero las acciones de sus representantes no se compadecen con ese

principio, no podemos decir que son consecuentes con sus posturas. Si los de la

izquierda se quedan en el discurso porque a la hora del té confieren prioridades a

sus contrarios, ameritan cuestionamientos. Y si los que se dicen de centro, es

decir, ajenos a componendas de extremas, quizás no están equilibrando la libertad

económica con la justicia social, o acaso no promueven un cambio social gradual

fundamentado en las realidades del país, o ignoran el mercado con regulación,

ponen en duda sus auténticas determinaciones.

Miremos como provechoso el amplio abanico de candidatos, aunque será la

dirigencia política (con sus grupos de presión) la que defina nombres para entrar

en la contienda, entre tantos hay figuras conocidas que ya han mostrado su

talante, otras no tanto, pero estos deberán identificar sus apoyos pues de quiénes

se rodean cuenta mucho.

(Publicado en el Reverbero de Juan Paz)