Mientras en Antioquia y el país,
el bullicio político sumido en peleas
inútilmente grotescas y enredos
jurídicos, no nos deja sacar borradores en limpio de cómo van las candidaturas
presidenciales, se fue de este mundo, silencioso, sereno, con toda su sabiduría y simplicidad
admirables, Andrés Uriel Gallego Henao.
No he conocido a ninguno –y estoy
casi segura de que no conoceré- otro ser humano, con tanta fuerza interior y
tan poca preocupación por lo banal, como
él. Tenía todavía mucho para dar, pero
su caminar por este mundo era hasta ahí y él no lo apresuró con exigencias
terrenales. Andrés Uriel Gallego era de carácter inquebrantable e infinitamente
cálido a la vez.
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Qué campañas tan insubstanciales las de los
aspirantes a ocupar la Presidencia de Colombia.
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La izquierda se quedó corta. En la derecha hay
más de lo mismo con máscaras distintas.
El del centro derecha parece gato entalegado. Y el centro progresista es
más insípido que verde.
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Los potenciales electores esperábamos tener claros para el 25 de mayo, los
argumentos que nos impulsaran a votar por un programa de gobierno transformador,
fundamentado tanto en aspiraciones ideológicas como en necesidades sentidas.
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Nos siguen decepcionando… y seguimos esperando; como
la esposa sumisa que cree en las promesas del marido borracho cuando éste le
jura que no vuelve a beber.
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Pero eso sí, a la hora del té no me le quito a
la defensa del proceso en busca de la paz.
(Así parezca más
ingenua que la mujer del borracho).