El ex
mandatario Álvaro Uribe está haciendo tanto - o más- por montar a Oscar Iván
Zuluaga al poder como hizo por subir a la Presidencia de la República a Juan Manuel Santos; o sea que Zuluaga debe
tener clarísimo que de ser elegido Presidente de Colombia tendrá que hacer, al
pié de la letra, lo que le señale Uribe. Y hasta aquí no he dicho nada distinto a lo que tenemos claro todos los
colombianos.
Pero hay algo
que a estas alturas sigue siendo confuso ¿Qué fue realmente lo que puso a Uribe
en contra de Santos hasta el punto de mantenerse todo el tiempo ocupado en
hacer ruido frente a la gestión presidencial de quien fuera antes su aliado?
Dicen los uribistas que el motivo es simple: deslealtad, mientras los santistas
aseguran que simplemente Santos no hizo lo que Uribe le ordenó
incondicionalmente. En resumen, esas respuestas no aportan motivos concretos, no
dicen algo preciso; y los colombianos, a estas alturas, seguimos sin saber por qué Santos resolvió no
obedecer a su promotor, aunque seguramente
sabía, desde que se metió de
candidato apoyado por Uribe, que a éste no
se le pueden salir del camino “ni para coger florecitas” .
En todo caso,
Uribe aumentó su ruido en la actual campaña electoral y logra con lujo de
competencia su objetivo: Los colombianos no quieren saber de Santos como Presidente
otros cuatro años; mejor dicho, Uribe supera a J. J Rendón en materia de estrategia
fundamentada en subirle volumen a los mensajes que neutralizan al opositor. Contra
la táctica que adelanta exitosamente Uribe, los santistas, y mucho menos el
propio Santos, han sabido blindarse.
En cambio, en
las últimas semanas de la campaña actual, es evidente que el estratega
brasilero, contratado para cambiarle la imagen poco simpática a Zuluaga,
consiguió rápidamente lo necesario para que el candidato de Uribe despegara,
comunicando con altas dosis de empatía,
su programa de gobierno.
Otra cosa clarísima,
esta campaña se llevó cuidadosamente al campo emocional del elector, lo que
será demostrado el 25 de mayo cuando gane quien mayores y más intensas
emociones haya despertado. Y si hay segunda vuelta, doblemente demostrado.
Por Santos van
a votar quienes tiene intereses particulares –y los que ellos logren arrastrar-
pues son beneficiados directamente con la reelección. Por Zuluaga se decidirán
quienes admiran -o adoran- a Uribe, pase
lo que pase y digan lo que digan de él. Por Peñalosa votan quienes
racionalmente esperan con él un giro total en la manera de gobernar; mientras
por las señoras López y Ramírez se deciden
aquellos que votan según sus convicciones ideológicas, es decir, con
pocas excepciones, los que van a las urnas siguiendo un ideario político.
Ah, pero desde
luego, tanto ruido que nos tiene “jartos” además de confundidos, va a alejar de
las urnas a un buen número del electorado. Los ciudadanos amigos de votar como
buen ejercicio ciudadano, prefieren esta vez quedarse en la casita “y que se
maten entre ellos”.