Aunque
la Educación, como transversal a todos los campos de desempeño del individuo en
la sociedad, sea mirada por algunos representantes de la clase política
colombiana, más como un embeleco de algún mandatario de turno, que como la
única forma de propiciar la equidad y la futura empleabilidad de los jóvenes,
se llegó el momento de emprender el camino despejado hacia una posición y
manejo muy distintos, con respecto a esta prioridad.
Sea
por lo obtuso de un pensamiento anquilosado en la mayoría de la clase política
colombiana, o bien porque sus temores al posicionamiento de otro tipo de
dirigentes, no han aceptado la realidad que no requiere mucha argumentación, en
todo caso es decepcionante que los deberes que les corresponden, sean
suplantados por afanes personales.
Centrándonos
nada más en opiniones consultadas por los medios a partir del hecho conocido
como “la multa a la empanada”, descubrimos cómo, personajes de la vida pública,
afianzan un enfoque totalmente erróneo del porqué se presentó lo sucedido.
No
es de extrañar las condiciones de desigualdad en Colombia, mientras se ignore o
desestime el valor de la Educación. Simplemente limitarse a defender el recurso
de las ventas estacionarias en espacio público, como “el rebusque del sustento”
porque esa es, dijeron, “la realidad del país”, da grima. No tienen capacidad
de discernir más allá de una situación “anecdótica”.
Así
que entonces ¿Aceptemos esa realidad y no hagamos nada por cambiarla? No, el
emprendimiento, la innovación, el descubrimiento de talentos, la explotación de
habilidades y el desarrollo de competencias, definitivamente deben estar
incluidos en los planes educativos de hoy; llevarlos a contenidos de políticas públicas
de Estado, para que se nos garantice a los ciudadanos su permanencia aunque se
cambie cada cuatro años de gobierno y gobernantes, es inminente. ¿A quiénes
corresponde lo anterior? Obviamente a los legisladores y a todo aquel que pertenezca
a las esferas de poder y decisión.
De
la reciente carta abierta dirigida al presidente Iván Duque, escrita con lujo
de competencia por el académico y ex comisionado coordinador de la antigua
Misión de Sabios, Carlos Eduardo Vasco Uribe, extraemos este párrafo:
“Siento pues tener que decir que la
educación desapareció del todo en la convocatoria de la nueva Misión de
ciencia, tecnología e innovación, y casi totalmente del articulado del Plan de
Desarrollo. No es pues, ni de lejos, la nueva Misión una continuación y
perfeccionamiento de la antigua. Es más bien el entierro de tercera de la
sección más importante del informe “Colombia al filo de la oportunidad”, en el
que esta lápida funeraria le cambia totalmente el sentido a aquella frase del
Maestro Gabo sobre la educación: que debería ser “una educación desde la cuna
hasta la tumba”. Pero no esta tumba...”
Conversando al respecto con otro
académico, Sebastián Barrientos, entendimos la oportunidad extraordinaria para
Medellín y Colombia, del Centro para la Cuarta Revolución Industrial
de Colombia (C4IR), y comprendimos el dolor que se evidencia en el profundo
y lúcido mensaje del ilustre señor Carlos Eduardo Vasco Uribe, al gobierno
nacional.
Barrientos, antioqueño, abogado de la
Universidad de Medellín, Magister en Administración de Negocios (MBA) con interesantes
estudios como el doctor Vasco (aunque de distinta generación), es actualmente y
desde hace 17 años el director ejecutivo de Grasshopper International, compañía
líder en la asesoría de Educación Internacional y consejería académica para
estudios en destinos norteamericanos, europeos, asiáticos y latinoamericanos. Como
autoridad en lo que debe ser la Educación de hoy con miras a un futuro que no
está lejano, lo buscamos para que nos hablara de las sociedades digitales desde
el punto de vista de la Educación.
Los centros para la cuarta revolución
Industrial son una iniciativa del Foro Económico Mundial; de acuerdo con el
experto Barrientos, este es un reto valiosísimo dado que Colombia no está preparada
para la Industria 4.0; él dice, y es enfático en ello, se requieren carreras,
tecnologías, grados y pre-grados que formen para el desarrollo del talento.
Reconozcamos entonces que nos estamos
quedando muy atrás en Educación. El mercado educativo colombiano no está
llenando las expectativas para la empleabilidad del futuro. Según Sebastián Barrientos,
se necesitan universidades fuertes que ofrezcan programas como Inteligencia
Artificial, Internet de las Cosas, Blockchain, Desarrollo de Programación,
Desarrollo de Apps, entre otros de la era digital.
Medellín, a través de Ruta N, será la
encargada de gestionar el Centro para la cuarta revolución industrial,
escenario global propicio al intercambio de conocimiento, en el que se le
apostará al futuro de nuestro país. Para el doctor Sebastián Barrientos, la
capital antioqueña ha demostrado una capacidad de resiliencia admirable y lleva
la delantera en innovación, indudablemente, sobre las demás ciudades de
Colombia, de ahí que se prepara para encajar en las sociedades digitales.
El C4IR estará afiliado a la red de
Centros para la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial, uno de
los centros de pensamiento más importantes del mundo. Es una entidad sin ánimo
de lucro que reúne a los principales expertos, dirigentes empresariales,
académicos y líderes de opinión mundiales.
No en vano, Medellín levará a efecto el
21 de marzo próximo, el evento +Superior Education Forum, por cuenta de Grasshopper
International; este será un espacio propio y oportuno para educadores,
proveedores de servicios de la industria, y estudiantes. La programación
contempla conversatorios magistrales a cargo de personalidades nacionales y
extranjeras en temas de innovación y tecnología orientados a mostrar cuáles son
los retos de la educación en nuestro país.
Ruta N, cuyo objetivo es consolidar una
economía del conocimiento para generar condiciones que favorezcan los negocios
y el emprendimiento, es prueba de la iniciativa en nuestra ciudad. Qué
importante sería para los jóvenes de hoy, que aquellos que toman las decisiones
trascendentales en materia educativa, desde todos los ámbitos, reconozcan que la
capital de Antioquia se ha consolidado como la ciudad de la innovación en
Colombia, y actúen en consecuencia.
Recordemos, por lo demás, que Medellín es una de las capitales con mejor
desempeño económico en América Latina, según Global Metro Monitor, de The
Brookings Institution.
Tal vez aceptando que ha faltado mucho
apoyo al verdadero protagonismo útil, para darle paso a la Educación en el
sitio que merece, y reconociendo que las alianzas público-privadas son
necesarias para cambiar posiciones obsoletas y discursos pretéritos, dejaremos
de oír lamentos altisonantes que provienen de voceros definitivamente obtusos
para responder a los desafíos.
Pensemos quiénes son esos actores de la
vida pública inferiores a su posición privilegiada; ellos impiden la necesaria
transformación de la Educación limitándose a criticar. Borrémoslos de nuestras preferencias.