viernes, 24 de junio de 2016

"LO QUE PASÓ EN LA HABANA ES MUY GRAVE"

Antes de cerrar la negociación entre el gobierno colombiano y las FARC,  con el fin de recobrar la paz alterada desde hace unos 60 años en nuestro territorio, este 23 de junio  se firmaron algunos  acuerdos, los que se constituyen en compromisos parciales, dentro de la totalidad de puntos a concertar  para poder dar por finalizadas las conversaciones en La Habana.

Es evidente el desconocimiento de los alcances con respecto a lo ya pactado en la fecha mencionada, pues durante todas las etapas de la negociación ha habido el  suficiente “ruido” originado por la oposición, como para desligitimar el proceso, al cubrirlo con un pesado manto de dudas
.
Con el comportamiento histórico de las FARC, no es difícil hacer ver a la guerrilla como mentirosa, y si a esto se agrega el desgano que nos caracteriza a la hora de  profundizar en las  informaciones que nos “bombardean” desde los medios,  la confusión e imprecisiones resultan siendo de inconveniencia mayúscula para serenar los ánimos y permitir pensar positivamente.

¿Es importante entonces, o no, la fecha del 23 de junio de 2016 para la historia social y política de Colombia? Increíble que senadores de la República (secundados por otros políticos regionales y locales) digan en los micrófonos que, no solamente no es  un día trascendental, sino que aseguren hoy, un día después de los acuerdos parciales firmados, esta frase que oí en Radio Noticias esta mañana: “Lo que pasó ayer es muy grave”.

¿Grave? ¿Grave para quién? ¿Para los colombianos? ¿Para el país? No, grave para la credibilidad en los opositores insensatos que siguen empeñados en empantanar las conversaciones, inspirados, tal vez, en motivaciones toxicas, reveladas en frases a veces lacrimosas  que llegan a conmover a los fans de quien las pronuncia, y otras envalentonadas que emocionan hasta la adoración a esos mismos.
La oposición es sana en una democracia, sin duda alguna; oírla, leer entre líneas y analizar fríamente sus posturas es necesario, pero entre esto y considerarlas  “palabra de Dios”, hay un gran trecho. Todo ese que ocupan los fanáticos.

En el método de negociación (porque para la negociación pacífica de conflictos existen métodos) explícitamente se señala un principio, o dicho de otra manera, una constante, entre cuatro,  que debe acompañar todo el proceso: “Separe las personas, del problema”. Este es un capítulo de la mayor importancia transmitido en Harvard a sus alumnos, por parte de los maestros de la escuela de negociación, reconocidos en el mundo, encabezados por  Roger Fisher.

Sin ser ni mucho menos experta en el tema, me aventuro a decir que la directriz dada,  acatada y puesta en marcha para llegar a los acuerdos, interés de las partes, está enmarada en el método denominado “Negociación según Principios”, y me atrevo a decirlo por lo  que trasciende en los medios llámense “enmermelados” o “envenenados”.

Creo que tanto Santos como el expresidente Uribe, mucho más este último, son conocedores del  método que muy seguramente está conduciendo  el doctor Humberto De La Calle; y en tal caso, a Santos le toca lidiar con la oposición por un lado,  con la opinión pública por otro,  sin  descarriarse del método “Negociación por Principios”, fundamentalmente, permaneciendo inmune a las presiones. Mientras que Uribe, inteligentemente, diseñó su propia estrategia basándose en que, como contraparte, no negociador, mejor atacar a las personas y no el problema, concentrándose en las posiciones,  no en los intereses. Y es que  otro principio del modelo Harvard de negociación, dice: “Concéntrese en los intereses, no en las posiciones”; contrariando esto se obstruye el proceso.

¿Cómo empeora la oposición, el galimatías que crea tanto desconcierto entre los colombianos al asegurar que el proceso de paz es el peor engaño de toda nuestra historia?  Tergiversando los otros dos principios del método que, a mi modo deber, adoptaron en La Habana. El tercer principio dice: “Genere una variedad de posibilidades antes de decidirse a actuar”. Esto ha hecho Santos en distintas oportunidades, frente a lo cual la oposición sale al paso “interpretándolo” como “otro sartal de mentiras y contradicciones”, pero lo cierto es que para la eficacia de la estrategia opositora, generar posibilidades debe señalarse como retractación o “patraceo”, jamás como principio.


Y finalmente el cuarto principio reza así: “Insista en que el resultado se base en algún criterio objetivo”, directriz que a mi modo de ver De La Calle ha cumplido al pie de la letra; mientras la oposición, sutilmente, de principio a fin, ha pregonado y seguirá pregonándolo por los siglos de los siglos, como la  búsqueda de un resultado que alimenta el ego de Santos y que por lo tanto no será un acuerdo basado en criterios objetivos, sino exclusivamente  personales.