Antes de cerrar la negociación
entre el gobierno colombiano y las FARC, con el fin de recobrar la paz alterada desde
hace unos 60 años en nuestro territorio, este 23 de junio se firmaron algunos acuerdos, los que se constituyen en
compromisos parciales, dentro de la totalidad de puntos a concertar para poder dar por finalizadas las
conversaciones en La Habana.
Es evidente el desconocimiento de
los alcances con respecto a lo ya pactado en la fecha mencionada, pues durante
todas las etapas de la negociación ha habido el suficiente “ruido” originado por la oposición,
como para desligitimar el proceso, al cubrirlo con un pesado manto de dudas
.
Con el comportamiento histórico
de las FARC, no es difícil hacer ver a la guerrilla como mentirosa, y si a esto
se agrega el desgano que nos caracteriza a la hora de profundizar en las informaciones que nos “bombardean” desde los
medios, la confusión e imprecisiones resultan
siendo de inconveniencia mayúscula para serenar los ánimos y permitir pensar
positivamente.
¿Es importante entonces, o no, la
fecha del 23 de junio de 2016 para la historia social y política de Colombia? Increíble
que senadores de la República (secundados por otros políticos regionales y locales)
digan en los micrófonos que, no solamente no es un día trascendental, sino que aseguren hoy,
un día después de los acuerdos parciales firmados, esta frase que oí en Radio
Noticias esta mañana: “Lo que pasó ayer es muy grave”.
¿Grave? ¿Grave para quién? ¿Para
los colombianos? ¿Para el país? No, grave para la credibilidad en los
opositores insensatos que siguen empeñados en empantanar las conversaciones, inspirados,
tal vez, en motivaciones toxicas, reveladas en frases a veces lacrimosas que llegan a conmover a los fans de quien las
pronuncia, y otras envalentonadas que emocionan hasta la adoración a esos
mismos.
La oposición es sana en una
democracia, sin duda alguna; oírla, leer entre líneas y analizar fríamente sus
posturas es necesario, pero entre esto y considerarlas “palabra de Dios”, hay un gran trecho. Todo
ese que ocupan los fanáticos.
En el método de negociación
(porque para la negociación pacífica de conflictos existen métodos) explícitamente
se señala un principio, o dicho de otra manera, una constante, entre cuatro, que debe acompañar todo el proceso: “Separe
las personas, del problema”. Este es un capítulo de la mayor importancia transmitido
en Harvard a sus alumnos, por parte de los maestros de la escuela de
negociación, reconocidos en el mundo, encabezados por Roger Fisher.
Sin ser ni mucho menos experta en
el tema, me aventuro a decir que la directriz dada, acatada y puesta en marcha para llegar a los
acuerdos, interés de las partes, está enmarada en el método denominado “Negociación
según Principios”, y me atrevo a decirlo por lo que trasciende en los medios llámense “enmermelados”
o “envenenados”.
Creo que tanto Santos como el expresidente
Uribe, mucho más este último, son conocedores del método que muy seguramente está conduciendo el doctor Humberto De La Calle; y en tal caso,
a Santos le toca lidiar con la oposición por un lado, con la opinión pública por otro, sin descarriarse del método “Negociación por
Principios”, fundamentalmente, permaneciendo inmune a las presiones. Mientras que
Uribe, inteligentemente, diseñó su propia estrategia basándose en que, como contraparte,
no negociador, mejor atacar a las personas y no el problema, concentrándose en
las posiciones, no en los intereses. Y
es que otro principio del modelo Harvard
de negociación, dice: “Concéntrese en los intereses, no en las posiciones”;
contrariando esto se obstruye el proceso.
¿Cómo empeora la oposición, el galimatías
que crea tanto desconcierto entre los colombianos al asegurar que el proceso de
paz es el peor engaño de toda nuestra historia? Tergiversando los otros dos principios del
método que, a mi modo deber, adoptaron en La Habana. El tercer principio dice: “Genere
una variedad de posibilidades antes de decidirse a actuar”. Esto ha hecho
Santos en distintas oportunidades, frente a lo cual la oposición sale al paso “interpretándolo”
como “otro sartal de mentiras y contradicciones”, pero lo cierto es que para la
eficacia de la estrategia opositora, generar posibilidades debe señalarse como retractación
o “patraceo”, jamás como principio.
Y finalmente el cuarto principio reza
así: “Insista en que el resultado se
base en algún criterio objetivo”, directriz que a mi modo de ver De La Calle ha
cumplido al pie de la letra; mientras la oposición, sutilmente, de principio a
fin, ha pregonado y seguirá pregonándolo por los siglos de los siglos, como la búsqueda de un resultado que alimenta el ego
de Santos y que por lo tanto no será un acuerdo basado en criterios objetivos,
sino exclusivamente personales.