·
Alegra la decisión que nos otorga el reconociendo de ser la ciudad más
innovadora del mundo, reconocimiento que compitió Medellín con las ciudades de
Tel Aviv y Nueva York.
Es un premio ganado por los hechos de la
gente que vive y sufre su ciudad, que trabaja aquí desde distintos frentes, se
esfuerza por crecer, lucha por sacar adelante una familia “a lo bien”. Es un
galardón gracias a los optimistas que no desmayan y son buenos a pesar de
tantas dificultades. Es la gente emprendedora, estudiosa, sacrificada, juiciosa;
la gente de la cultura, de los medios de comunicación, de las ONGs, de las
comunidades organizadas, entre otros, la que hizo méritos para alcanzar el
galardón.
También merecen sentirse orgullosos de la distinción,
aquellos personajes que han sido alcaldes de Medellín y que en su conciencia
saben que durante su gestión trabajaron con responsabilidad, honestidad y ganas;
esas ganas que nacen del amor generoso que lleva al desvelo por mejorar las condiciones
de vida de las comunidades más vulnerables.
Igualmente deben sentirse muy satisfechos con nuestro
premio, aquellos políticos que muy en su interior saben que han luchado de
verdad por la ciudad y sus gentes - se les haya reconocido o no- estos sí
pueden sentirse contentos con el galardón pues aportaron su granito de arena
para que Medellín alcance logros que nos enorgullecen.
A los mandatarios y políticos que han
trabajado para incrementarse sus condiciones particulares de riqueza y llenar apetitos
individuales, hay que decirles que se queden calladitos y no se las vengan a
dar ahora de “aportantes” en el proceso innovador.
No hay felicidad completa, y la verdad sea
dicha, en medio de la celebración hay una realidad inocultable que debe pesar
en las conciencias de algunos representantes de los distintos poderes estatales,
corporaciones públicas y fuerzas militares, pues tuvieron en sus manos la
manera de hacer algo a tiempo para frenar los males desbocados que vienen
creciendo en la ciudad y no lo hicieron. En Medellín cogió aterradora ventaja el delito, la
corrupción y toda esa mescolanza de maldades que nos azotan y que se tejen
desde las mafias más azarosas que nos podamos imaginar.
- · Nos satisfizo enormemente la decisión de la Sala Penal del Tribunal de Bogotá al ratificar la condena de 60 años de prisión, que la juez 27 penal de Bogotá le impuso el 25 de septiembre del año pasado al teniente Raúl Muñoz Linares por triple homicidio y doble acceso carnal violento; hechos relacionados con el crimen de los menores de Tame, Arauca, en octubre del 2010, dos niños y una niña, enterrados por el propio canalla quien luego de su infamia, regresó muy campante al trabajo, bañado y cambiado.