lunes, 5 de marzo de 2012

Humberto López, único en el tema de RRPP

Humberto López López fue de los grandes del periodismo en nuestro medio, pero en el tema relacionístico fue único en Colombia. La Historia de las Relaciones Públicas en nuestro país la hizo el Dr. López; como maestro y asesor en la materia fue genial (genial en el sentido estricto de la palabra). Nació en Valdivia, Antioquia, pero vivió en Cali su niñez y parte de su juventud, para luego radicarse en Medellín.

En el aula de Relaciones Públicas, a las 6 de la mañana en la Universidad de Antioquia, cada palabra suya, sus gestos, toda frase, fueron magistrales. Humberto López defendió toda su vida el ejercicio de las relaciones públicas como una rama muy importante de la comunicación institucional y a él le aprendimos que no podíamos permitir que fuera manoseada por falsos relacionistas quienes no tenían idea del manejo profesional que debe dársele a los grupos de interés corporativo.

Recordamos a diario sus enseñanzas, en nuestro ejercicio profesional siempre estamos haciendo lo que él nos enseñó y de él aprendimos a ser muy estrictos en la planeación y ejecución de los programas relacionísticos.
Alguna vez en clase, hace más de 30 años, el Profesor Humberto López nos dijo: “aprendan Mandarín, en un futuro no muy lejano, habrá que negociar con los chinos igual que con los gringos”.

Nos vimos por última vez con el Dr. Humberto López en un importante hotel de la ciudad cuando ya se le veía decaído, aunque algunas semanas antes lo habíamos sentido con una buena dosis de vitalidad en otro hotel de Medellín; fue concretamente en octubre del año pasado cuando se acercaba la fecha de elecciones, ese día teníamos la responsabilidad de un conversatorio con el ex Presidente Álvaro Uribe y una cena, el evento, con invitados de alta representación en el sector empresarial, hacía parte de los actos de campaña del Dr. Rodrigo Mendoza, en ese momento aspirante a la Asamblea de Antioquia; allí, en el hall del Hotel, le contamos al Dr. Humberto López cómo teníamos diseñado el protocolo para esa noche y él nos lo aprobó totalmente, ello nos llenó de satisfacción pues, a pesar de los años y la experiencia, siempre nos sentimos simples aprendices de nuestro respetado profesor.

Pasaron más de 30 años desde que nuestro maestro de Relaciones Públicas nos trasmitió sus sabias enseñanzas y toda vez que lo veíamos nos dirigimos a él diciéndole Profesor, aunque hubiéramos estado al frente de tantas actividades relacionísticas, él tenía la última palabra y seguía siendo nuestro gran maestro.

Y una anécdota que dice de cómo nuestro profesor, aquel que veíamos tan elegantemente vestido, tan exigente con sus alumnos, también tenía su lado muy humano: Estaba yo en embarazo de mi primer hijo y cursando el último semestre de Comunicación Social-Periodismo en la U. de A., las clases con el Dr. Humberto eran a las 6 de la mañana y yo iba corriendo para clase pues a él no se le podía llegar tarde, no me había dado cuenta de que mi profesor subía las escalas para el aula detrás de mí, me alcanzó y me dio: “Vas a tener que bautizarlo Alma Mater porque va a nacer en un corredor de la Universidad si seguís con esas carreras, ah, y te lo digo, va a ser un varoncito”, mi hijo no nació en la Universidad, alcancé a recibir el grado embarazada, nació a los 15 días de graduarme y como él me lo dijo, tuve un niño.

(Le dedico esta pequeña crónica a otro maestro, éste, del Periodismo en Antioquia, César Pérez Berrío, su solidaridad con el gremio, su alto sentido de la amistad, son de inmenso valor para nosotros su colegas y amigos: “Mi adorado poeta argelino, cómo te quiero!”).