miércoles, 18 de diciembre de 2013

ANTONIO JOSÉ CABALLERO, EL GRAN REPORTERO COLOMBIANO PARA EL MUNDO

Insustituible, dice la comunicación divulgada por César Pérez Berrío, Presidente del Club de la Prensa, refiriéndose al periodista Antonio José Caballero, fallecido ayer. Y así es, se dice que todos somos reemplazables, pues la verdad es que en el reporterismo colombiano de las últimas décadas, nadie  como él. Con esa pasión, con tal convicción de su deber, con su carácter recio, y la capacidad de estar siempre en donde un excelente reportero debía estar, para mí, ninguno como él.
Maestros del periodismo colombiano pueden existir otros, pero del auténtico reporterismo, el de la calle, sin temor ni arrodillamientos, el de la búsqueda seria para el equilibrio informativo y la mayor objetividad posible: Antonio José Caballero.

Decir, como lo he oído desde anoche, que Caballero es “ejemplo para las actuales y futuras generaciones del periodismo”, es utilizar una frase tan manida como falsa, lo que a él lo movía a trabajar como lo hacía, no se asume por el simple deseo de parecerse al modelo; esa actitud frente a una misión profesional, individual, se lleva en la sangre, en la mente, en  el corazón. Antonio José Caballero tenía olfato periodístico, habilidades para el oficio y mucha sensibilidad social.

Profesionales y empíricos del periodismo los hay buenos informadores, así como tenemos  importantes entrevistadores, pero de ahí a creer que se pueda hacer reporterismo desde la casa y por teléfono, hay una enorme distancia.

El reconocimiento que da el compromiso auténtico, frente al deber ser o esencia misma del trabajo reporteril,  jamás lo alcanzarán aquellos, dizque  periodistas, que se las dan de reporteros “especializados” creyéndose  protagonistas, cuando debemos entender que apenas somos  puentes; esos que se pavonean como reyecitos entre las fuentes y se autoproclaman “estrellas”,  nunca llegarán ni a los tobillos de lo que fue Antonio José Caballero.

Siento profundamente la muerte de Caballero, él era necesario en el periodismo colombiano por su universalidad, su independencia, su formación y cultura; él era imprescindible para hacernos sentir a los periodistas en nuestro país, que para el mundo, teníamos a un colega representándonos con sobradas fortalezas para ejercer el oficio con alto sentido del compromiso ético; él inspiraba respeto cuando se acercaba a sus fuentes, no por su carácter severo, sino por su intelecto.

En la personalidad de Caballero llamaba la atención, sin duda alguna, que sabía estar en cualquier parte respetando  las diferencias, las culturas y sobre todo las dignidades; por lo demás, su presentación era impecable, acorde con el sitio, el compromiso y las circunstancias. 

Como todo ser humano, Antonio José Caballero tenía defectos, el más notorio fue su mal genio, explotaba por pequeñeces, se irritaba fácil en el entorno laboral  - y es posible que en el familiar y social, no lo sé- por eso, no lo niego, además de haberlo admirado enormemente, me sentía identificada con él pues sé cómo sufrimos los que tenemos esa debilidad.


Lo llevaré por siempre en mi corazón. Paz en su tumba.