Por Claudia Posada
El
asunto de la paz en Colombia se convirtió en caballito de batalla para los
opositores que han calificado el proceso, sus objetivos y estrategias, como
algo despreciable. Se inventaron dos o tres frases sacadas de un guion en el
que incluyen otras para esgrimir como argumento contra todo lo que no sea de su
línea, “fuera de lo cual no hay salvación”. Volverlo trisas y echarle tierra a
un proceso de enorme complejidad es el máximo placer de los amigos de la
violencia. Porque quien no le camina a la paz es porque prefiere la violencia.
Sectores que no van más allá de decir “Paz sí pero no así” tal parece que se
consideran los únicos con derechos en Colombia, intimidan con dardos de veneno
ideológico, posturas huecas y cascadas de insensateces.
Esta
semana en Medellín, se llevó a cabo el Primer Encuentro Nacional de Ciudades
por la Paz, señalado por sus organizadores como un intercambio de experiencias
para contribuir al diálogo social y político con una agenda de discusión sobre
los diferentes escenarios y desafíos que atraviesa el país en los asuntos de
construcción de paz. Medellín, Cali y Bogotá compartieron sus iniciativas
institucionales, propuestas restaurativas, procesos territoriales, redes de
memoria e iniciativas de la sociedad civil con las que apuestan por la paz. Los
análisis giraron alrededor de los temas: Paz Territorial Urbana, Paz Total, y
Los Barrios para la Paz Integral.
Al
finalizar las jornadas de dos días, se presentó un manifiesto a manera de conclusiones en el que se recoge el
interesante resultado de este
el Primer
Encuentro de Ciudades por la Paz; significa entonces que por más que se ha
querido enterrar el proceso de paz, y de manera particular pretender posicionar
la Paz Total como un embeleco sin rumbo, por ahora queda el manifiesto como
testimonio de la otra Colombia, la que quiere seguir adelante en nombre de las
víctimas, en contra de creadores de conflictos enfrentando desafíos. En éste se
abordan siete peticiones al Gobierno Nacional, y se le solicita darles a
las ciudades la oportunidad de ser epicentros de la construcción de paz urbana, lo
mismo que reconocer los avances logrados
en varias de ellas al recordar iniciativas, procesos
territoriales y proyectos civiles de
paz y reconciliación, además del trabajo institucional en la implementación del
Acuerdo de Paz.
Para
aquellos que no ven en todo esfuerzo por la paz, en el proceso mismo del
Acuerdo de Paz, en las dificultades sorteadas, en los tropiezos esquivados, en
las zancadillas rehuidas, el Encuentro en Medellín y su Manifiesto es una mala
noticia. Para nosotros en cambio, motivo suficiente para recobrar bríos que
animen las buenas intenciones. “Este
evento posibilitó la juntanza de universidades de Bogotá, Medellín y Cali que
vienen haciendo propuestas, no solo desde los escritorios; además, una
interlocución con diversas organizaciones sociales, comunitarias y ONG que
están a la vanguardia de los procesos de construcción de paz y, sobre todo, de
las experiencias de cómo los gobiernos locales venimos aportando a la
implementación urbana del Acuerdo de Paz”, dicho por el secretario de la No-Violencia en la
capital antioqueña, Luis Eduardo Giraldo.
Después de realizar los tres páneles y los dos foros
previstos, las organizaciones participantes,
instituciones y universidades, acordaron elevar las siete propuestas al Gobierno Nacional, enfocadas en conflictos generadores de
violencia en la vida urbana, asumiendo
una mayor consciencia del trasegar en las ciudades; y que el
capítulo sobre el Acuerdo de Paz en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026
incluya dar a las ciudades la posibilidad de incidir en la territorialización
del acuerdo desde lo urbano.
El
miedo e incertidumbres que golpean las ilusiones y martillan en el corazón de
muchos colombianos, crecen con las voces malintencionadas dirigidas
precisamente a los que más sufren la indolencia de las clases dominantes. Es
increíble cómo no se prevé que cada una de las provocaciones al mandatario son
golpes al país e incentivos a la violencia. Si no se quiere trabajar por la
paz, por lo menos no se le ataque. El conflicto armado no cesará mientras los
generadores de violencia vean la falta de cohesión entre los ciudadanos.
(Publicada
en El Reverbero de Juan Paz el 23 de mayo de 2023)