sábado, 26 de octubre de 2013

BOBITOS SI PERO CON LA CONSCIENCIA TRANQUILA

Me mandaron  el artículo “Bobitos No” escrito por Esteban Carlos Mejía; y sentí indignación al leerlo pues allí  el autor nos mete a todos los antioqueños en el mismo costal que tanto me choca: el de los “vivos”. En mi sentir es muy cierto lo que el columnista afirma sobre esa mentalidad de tumbadores  con la que nos relacionan a los paisas, pero de ahí –lo que ya es bastante grave porque es verdad- a generalizar, hay mucho trecho.

Según Mejía, a nuestros hijos los formamos con una estructura –interpreto yo- más peligrosa que la de las torres del Conjunto Residencial  Space;  se deduce de su escrito que todas las familias paisas nos desplomamos frente a cualquier señita de plata sea cual sea su procedencia y no nos importa ni cinco si para conseguirla hay que aprovecharse de los demás. Qué pena con el respetable señor Esteban Carlos pero no a todos nos formaron en esa “cultura” ni todos los papás estamos educando a nuestros hijos con esa mentalidad. Si de algo nos sentimos orgullosos miles de hijos en este Departamento, es de haber recibido como herencia una frente en alto, obrar en consecuencia y dar a nuestros descendientes exactamente el mismo ejemplo.

Y ¡ni se diga! en cuanto a la satisfacción que nos despierta el ver a los hijos comportándose conforme a principios  de sana moralidad,  (tampoco como mojigatos) como ciudadanos de bien,  eso no tiene comparación, es un sentimiento tan hondo y grato como lo sería de tristeza, vergüenza y desilusión si fuera lo contrario lo que viéramos en nuestros seres queridos.

Reitero eso sí, ni modo que se pueda negar, centenares de “vivos” también existen entre las montañas que nos rodean, y lo más penoso es que les parece mucha gracia aquello de “bobito no”.

Que los hay, los hay,  y son  muchos, se notan sobre todo en los pueblos  y ciudades pequeñas; a Medellín han llegado desde años atrás y siguen llegando;  se camuflan bajo diversas máscaras, inclusive algunos hacen de políticos “generosos”, de esos hay decenas que llegaron pobres, pero eso sí, cargados de malicia, y se llenaron de plata.

Aun así, siendo tumbadores de fama,  muchos paisas siguen haciendo de las suyas y siguen los ingenuos cayendo en manos de  los hábiles “enredadores”. En cuanto a mujeres “fieras” sí que las hay también, son “muy avispadas” ellas, como dicen las mamás de esas “angelitas”. Innegable también, antioqueñas templadas, buenas para formar honradas y muy decentes familias, son la mayoría - de ayer y de hoy- sin duda alguna.

La llamada “malicia indígena” se ve a diario y se seguirá viendo; es la misma que aún conservan los descendientes directos de los que usaban taparrabo, ya “civilizados”, e igual la evidencian los que siguen perteneciendo a las comunidades  que reciben y reciben privilegios representados en  –esas sí- verdaderamente generosas  ayudas; particularmente les pertenecen –sin esfuerzo alguno- tierras gratuitas para que cultiven y alimenten  a su hijos, pero ellos prefieren dejarlas aunque  las tomen otros para cultivos ilícitos, aquellos dueños naturales las abandonan y simplemente se hacen los  bobos (que de eso no tienen un pelo) para seguir viviendo del cuento porque de esa manera no tienen que sudarla como la sudan centenares de antioqueños trabajadores, honrados, luchadores y “rebuscadores a lo bien”, ejemplo de generaciones.


Ah,  pero volviendo a los dueños de tierras sin sudarlas,  vimos hace poco que si no les dan  otras garantías que piden, en todo caso que no sean tierras para cultivar con juicio, salen a bloquear las vías –con todo el daño que esto acarrea - y a tirar piedra a la fuerza pública, porque para eso si tienen ánimos, pero para trabajar la tierra que les dio la Constitución por derecho propio, son unos pobrecitos desamparados.  

Me duele profundamente ver a los niños indígenas tirados en las aceras de  Medellín aprendiendo a vivir del cuento; como sería de maravilloso que sus padres los tuvieran  disfrutando de sus condiciones naturales, aprendiendo de las gentes buenas que llegan a esas comunidades a impartir conocimientos diversos para una vida digna dentro de su propia cultura;  pescando en los ríos, criando especies menores para alimentarse, cosechando y gozando de la belleza imponente y limpia de sus territorios.

De esos niños que vemos tirados con sus mamás en las calles de Medellín, algunos van a crecer en la miseria y van a querer cuando grandes salir a tirar piedra y a bloquear vías porque no les enseñaron a trabajar con berraquera y decencia; otros, ojalá sean muchos, van a ser atendidos por alguna institución que los protege y les da la educación que necesitan para que entren a formar parte de los miles y miles de ciudadanos de bien que salen adelante en Antioquia sin necesidad de llevarse por delante a los demás.

Y es que hablando de “tumbis” son muchas las formas de sacar provecho de los ingenuos; por ejemplo: sabemos que  hay algunos individuos en Colombia que se hacen  pasar por  “sacrificados en nombre de la Patria”,  nos tumban cada rato con sus leyes ejerciendo un oficio muy legal por cierto, bien remunerado,  y les seguimos creyendo aunque son unos vivos. Por lo demás, todos no son antioqueños mi respetado señor Carlos Esteban, ni todos –aunque parece que la mayoría si- pertenecen al club de  “bobitos no”.