La actitud colérica de los
muchachos que en gavilla cometen actos vandálicos en inmediaciones de los estadios es reflejo de una sociedad
agresiva, irritada, belicosa, impulsada por diversas razones, de distinto orden,
pero particularmente atizada por posturas muy similares, –en cuanto a la
ofensiva- individuales, cuya arma no es la piedra sino la lengua.
En jóvenes, muchos de ellos
drogadictos, nacidos y criados en medios agresores, tales comportamientos hasta
se entienden, no se aceptan ni se justifican, pero se llegan a comprender
porque son muchachos vulnerables frente a las motivaciones que impulsan a la
perversidad. Pero cuando se trata dizque de gente educada, rodeada de
satisfacciones, plenamente consciente de lo que es el respeto, la tolerancia y
las buenas costumbres, y hasta pertenecientes a clases privilegiadas –así hayan llegado a ellas no precisamente por
“cuna”- en donde se codean inclusive con
la diplomacia, (lo que hace pensar que algo han aprendido de su finura y
sutilezas) ahí si es imperdonable, reprochable, inaceptable y nada comprensible
que tales “personalidades” manejen un lenguaje tan provocador y camorrista.
Las piedras lanzadas por los revoltosos, parecen panes dulces de Navidad
si las comparamos con las frases disonantes de algunos que aspiran llegar a
corporaciones públicas.
Hace ya algunas décadas los
hombres de la vida política colombiana empezaron a implantar la desatinada moda
de enfrentarse a sus contradictores con agresiones verbales que antes no
trascendían pues no eran tan públicas como hoy en día cuando los avances
tecnológicos en materia de telecomunicaciones permiten responderse de una y
participar a todo tipo de colectivos sociales de sus altanerías, y entonces se ponen en evidencia mensajes
escritos con la cabeza caliente
–aprendizajes que son una herencia más de las tantas y pésimas copiadas de los narcos por individuos de todas las
clases y condiciones- dando un ejemplo bárbaro a la juventud, permeable como una esponja.
Me encantaron las declaraciones de
la historiadora Diana Uribe en Medellín con relación a la búsqueda de la paz; quedé
maravillada con su respuesta optimista e inteligente cuando les dijo a los periodistas
que si algunos buscaron votos con la guerra porqué ahora otros no los pueden
buscar con la paz. Ella, que si sabe de qué habla dijo que, esta es una
oportunidad única para los colombianos y fue enfática en señalar que 60 años de
guerrilla no se resuelven en pocos meses.
Lo más triste de todo es que
aquellos que más critican el proceso de paz que adelanta Santos - sólo para
mantener el caos y la insatisfacción para provecho propio- son quienes más conocen de las limitaciones y tropiezos que
rodean tan complicados procesos, pero
como sus intereses son mezquinos estimulan y orquestan descontento en los
colectivos que les copian.
·
Varias imprecisiones –a mi modo de ver- en la
columna reciente de “Juan Guerra” con respecto al Diputado Rodrigo Mendoza Vega:
(Transcribo el aparte)
“SERÁ QUE INSISTE?
El Consejo de Estado admitió la demanda de pérdida de investidura interpuesta contra el presidente de la cámara de representantes, Hernán Penagos, porque cuando fue elegido era todavía diputado en ejercicio ya que no renunció a su curul en la asamblea de Caldas.
A esa eventualidad pudo estar enfrentado el diputado de Antioquia, Rodrigo Mendoza Vega, quien también – en el colmo del descaro – aspiró en las últimas elecciones a la cámara sin haber renunciado como debió haberlo hecho, a su escaño en la asamblea departamental.
Menos mal que resultó quemado y se fue a la burocracia de la contraloría nacional, de la cual regresó a la asamblea para reemplazar a uno de sus colegas que se retiró.
Mendoza Vega está en las mismas condiciones que hace cuatro años, es decir en la asamblea, con ganas de cámara. Será que renuncia a su curul o se hará nuevamente el vivo: me lanzo y si salgo, bien; si no, regreso a la asamblea. La sabiduría insta a omar atenta nota del caso de Hernán Penagos”.
El Consejo de Estado admitió la demanda de pérdida de investidura interpuesta contra el presidente de la cámara de representantes, Hernán Penagos, porque cuando fue elegido era todavía diputado en ejercicio ya que no renunció a su curul en la asamblea de Caldas.
A esa eventualidad pudo estar enfrentado el diputado de Antioquia, Rodrigo Mendoza Vega, quien también – en el colmo del descaro – aspiró en las últimas elecciones a la cámara sin haber renunciado como debió haberlo hecho, a su escaño en la asamblea departamental.
Menos mal que resultó quemado y se fue a la burocracia de la contraloría nacional, de la cual regresó a la asamblea para reemplazar a uno de sus colegas que se retiró.
Mendoza Vega está en las mismas condiciones que hace cuatro años, es decir en la asamblea, con ganas de cámara. Será que renuncia a su curul o se hará nuevamente el vivo: me lanzo y si salgo, bien; si no, regreso a la asamblea. La sabiduría insta a omar atenta nota del caso de Hernán Penagos”.
1. Hace ya
varias semanas los medios de comunicación locales más escuchados y leídos
en materia política, informaron que el diputado Rodrigo Mendoza Vega no
aspira a la Cámara, y expresaron claramente que por el Partido de la “U”,
equipo del Senador Germán Hoyos, aspira el Dr. León Darío Ramírez,
a quien Mendoza le prestará todo el apoyo y colaboración.
2. Interpreto
(yo) la frase: “Menos mal que resultó quemado y se fue a la burocracia de la
contraloría nacional,…” como un halago, pues el papel de Mendoza en la Contraloría
General de Medellín (No en la Nacional como se señala erróneamente en el comentario
que trascribí) fue tan interesante, especialmente para él, que siempre se
refiere a esos meses en el Ente de control como una de las experiencias
laborales más importantes para su
creciente y rico aprendizaje; y es que la gran satisfacción de Mendoza se
fundamenta en aportar a la vida pública su riqueza intelectual, lograda con
mucha dedicación, sacrificios y méritos propios, fortalezas que muy pocos
políticos en Antioquia pueden exhibir en su hoja de vida.
3. Rodrigo Mendoza no es un vivo, es un político que busca
oportunidades como las buscan todos, pero él {y algunos otros, desde luego- por medios legítimos, lícitos, de manera
decente, honesta. “Vivos” los conozco, los hay por docenas en la vida pública y
posan de honrados.