sábado, 7 de junio de 2014

"NO HAY CAMA PA`TANTA GENTE"



 La declaratoria de emergencia por parte de los directivos de la Fundación San Vicente,  pues la demanda de sus servicios de urgencias, especialmente pediátricas, desborda la capacidad del hospital en Medellín, es muy preocupante; particularmente pienso que la clase dirigente de la ciudad debería tomar cartas en el asunto.

Ojalá esta  noticia no sea otra más que se ahoga entre tantas que se divulgan y pasan al olvido; esperamos que no dejen solas a las autoridades sanitarias cuando es a todos a quienes nos compete la solución en mayor o menor medida, de un problema a resolver desde las responsabilidades de cada sector según sus distintas variables.

Sabemos que la Administración Municipal atiende centenares de problemas que padece la capital antioqueña, tenemos claro que las autoridades locales se ocupan de un sinnúmero de necesidades, pero también es innegable que las obligaciones que competen a concejales, por ejemplo, no son por todos ellos asumidas como es debido.

Administración y Concejo, trabajando mancomunadamente, de tiempo atrás podrían haber  resuelto problemas que han sido diagnosticados  hace años, pero sus intereses principales, claramente de otro orden, han impedido actuar a tiempo facilitando que los conflictos avancen y se arraiguen perversamente.

De Medellín se habla maravillas, y aunque siempre se han ventilado las bondades de nuestra capital, en los últimos años han tenido más resonancia los premios internacionales que los múltiples problemas que padecemos a diario.

A la capital de Antioquia llegan entonces todos los días familias  desplazadas violentamente pero también muchas de manera voluntaria. Aquí se instalan en los barrios más pobres, hombres y mujeres de todas las edades provenientes de departamentos vecinos así como de los municipios cercanos y lejanos que conforman la geografía antioqueña; y desde luego, consecuentemente,  demandan servicios públicos, de salud, educación, empleo  y vivienda.

Muchos de quienes aumentan desmedidamente nuestra población urbana, vinieron a buscar trabajo honradamente, pero son incontables los que se dedican a la delincuencia; ah,  y no pocos foráneos reclaman del gobierno casa, carro y beca, teniendo propiedades y tierras en sus localidades de origen.

Si revisáramos estadísticas, nos encontraríamos con que en Medellín un altísimo porcentaje de la población a la cual hay que resolverle sus  demandas individuales o colectivas, no nacieron aquí, pero si acaso, fueron sus padres los que llegaron provenientes de alguna parte de Antioquia o del Chocó.  Con lo anterior pretendo decir que, por más esfuerzos que se hagan para satisfacer las exigencias de los habitantes de hoy, en nuestra ciudad “ya no hay cama pa`tanta gente”.

La movilidad se está agotando entre carros y motos; los habitantes de calle se han convertido casi en amenaza pública; la salud mental de los que tienen mínimamente el sustento, así como de algunos que lo buscan sin buenos resultados, empieza a rayar con el desquiciamiento; se sabe de escuelas oficiales y colegios particulares en donde  reina la violencia juvenil; las calles están siendo escenarios de ataques individuales o de la delincuencia organizada cada vez más agresiva y cruel.  Y ni hablar de los problemas a raíz del tráfico de drogas ilícitas y conflictos relacionados.

Aquí no nacen nuevas empresas, y si se crean rápidamente tiene que desaparecer. Los pequeños negocios si acaso sobreviven mantienen la zozobra cotidiana del atraco, el “tumbis”, la corruptela y la “vacuna”.

Medellín es hoy una ciudad que padece múltiples problemas originados en violencias de todo tipo, diagnosticadas hace años y desatendidas oportunamente, en donde le caben culpas a las administraciones, autoridades, dirigencia y corporados, por omisión o por acción.