Ojalá esta noticia no sea otra más que se ahoga entre tantas que
se divulgan y pasan al olvido; esperamos que no dejen solas a las autoridades
sanitarias cuando es a todos a quienes nos compete la solución en mayor o menor
medida, de un problema a resolver desde las responsabilidades de cada sector
según sus distintas variables.
Sabemos que la Administración Municipal atiende centenares de problemas que
padece la capital antioqueña, tenemos claro que las autoridades locales se
ocupan de un sinnúmero de necesidades, pero también es innegable que las
obligaciones que competen a concejales, por ejemplo, no son por todos ellos
asumidas como es debido.
Administración y Concejo, trabajando mancomunadamente, de tiempo atrás
podrían haber resuelto problemas que han sido diagnosticados hace
años, pero sus intereses principales, claramente de otro orden, han impedido
actuar a tiempo facilitando que los conflictos avancen y se arraiguen
perversamente.
De Medellín se habla maravillas, y aunque siempre se han ventilado las
bondades de nuestra capital, en los últimos años han tenido más resonancia los
premios internacionales que los múltiples problemas que padecemos a diario.
A la capital de Antioquia llegan entonces todos los días familias desplazadas
violentamente pero también muchas de manera voluntaria. Aquí se instalan en los
barrios más pobres, hombres y mujeres de todas las edades provenientes de
departamentos vecinos así como de los municipios cercanos y lejanos que conforman la
geografía antioqueña; y desde luego, consecuentemente, demandan servicios públicos, de salud,
educación, empleo y vivienda.
Muchos de quienes aumentan desmedidamente nuestra población urbana,
vinieron a buscar trabajo honradamente, pero son incontables los que se dedican
a la delincuencia; ah, y no pocos foráneos reclaman del gobierno casa, carro
y beca, teniendo propiedades y tierras en sus localidades de origen.
Si revisáramos estadísticas, nos encontraríamos con que en Medellín un
altísimo porcentaje de la población a la cual hay que resolverle sus demandas
individuales o colectivas, no nacieron aquí, pero si acaso, fueron sus padres
los que llegaron provenientes de alguna parte de Antioquia o del Chocó. Con
lo anterior pretendo decir que, por más esfuerzos que se hagan para satisfacer
las exigencias de los habitantes de hoy, en nuestra ciudad “ya no hay cama
pa`tanta gente”.
La movilidad se está agotando entre carros y motos; los habitantes de calle
se han convertido casi en amenaza pública; la salud mental de los que tienen
mínimamente el sustento, así como de algunos que lo buscan sin buenos
resultados, empieza a rayar con el desquiciamiento; se sabe de escuelas
oficiales y colegios particulares en donde reina la violencia
juvenil; las calles están siendo escenarios de ataques individuales o de la
delincuencia organizada cada vez más agresiva y cruel. Y ni hablar
de los problemas a raíz del tráfico de drogas ilícitas y conflictos
relacionados.
Aquí no nacen nuevas empresas, y si se crean rápidamente tiene que
desaparecer. Los pequeños negocios si acaso sobreviven mantienen la zozobra
cotidiana del atraco, el “tumbis”, la corruptela y la “vacuna”.
Medellín es hoy una ciudad que padece múltiples problemas originados en
violencias de todo tipo, diagnosticadas hace años y desatendidas oportunamente,
en donde le caben culpas a las administraciones, autoridades, dirigencia y
corporados, por omisión o por acción.