Si alguna actitud, proeza o hazaña
es catalogada de acto de heroísmo, es aquella fuera de lo cotidiano o “normal”,
capaz de hacer hombre o mujer del común, en donde se arriesga la propia vida
por defender a otros y en la que está en clara situación de altísimo riesgo el
defensor por salvar, bien sea a personas o animales; y, desde luego, en grado
sumo está el héroe cuando se trata de defender la patria, este resulta ser el mayor ejemplo
de heroísmo.
Así que aunque digan lo que digan,
me parece absurdo, exagerado y hasta ridículo,
que los medios radiales, televisivos, presentadores y comentaristas, el domingo
pasado hayan llamado a los jugadores de nuestra
tan querida y admirada –con todos los méritos deportivos y humanos- selección
de fútbol, con el adjetivo de “Héroes”.
Pasamos de una situación de polarización
política que nos tenía hartos y divididos, al terminar la segunda vuelta de las
elecciones a Presidente de la República, y entramos al Mundial plenos de
alegría y unidos en torno a nuestra selección;
maravillosas todas esas expresiones sanas de jolgorio –las otras rayan
con la estupidez- eso es muy positivo.
La disciplina y entrega de los futbolistas nuestros en Brasil son actitudes que
alientan e invitan a que las responsabilidades se tomen con seriedad y
optimismo. En cambio qué inconveniente el mensaje que se da cuando son
evidentes las manipulaciones perversas que observamos en algunos políticos de
tanta influencia que son un pésimo ejemplo.
Las distorsiones que se observan en
trabajadores de los medios de comunicación que utilizan erróneamente vocablos y
frases alegremente, sin dimensionar el
poder de la palabra y el valor del lenguaje, pueden ser muy dañinas; y lo digo refiriéndome
al campo deportivo y al político. Y reitero que fue excelente el cambio de impactos mediáticos –de
la campaña política al mundial, de la división a la unión- pero definitivamente
guardemos las proporciones a la hora de asignar adjetivos.