La agresividad que se evidencia
en instituciones educativas, entre compañeros de clase y de estudiantes contra
profesores, es el reflejo de lo que se ve en las calles, barrios y de manera
brutal al interior de las familias.
En las calles hay agresividad no
solamente cuando se presentan riñas,
también cuando conductores de todo tipo de vehículos, de servicio público y particulares, insultan a
otros por nimiedades; también es un mal síntoma que se atropellen vías, se violen normas de tránsito
y se utilice tanto el pito como el acelerador para mostrar afán desmesurado e
intolerante.
Entre otras cosas, en Medellín hay
conductores tan descarados que parquean su carro o moto sobre la franja roja
exclusiva para los buses del Metroplus, de manera que le toca esperar
pacientemente a los conductores de este excelente servicio, a que aparezca el
conchudo y le despeje su espacio para recoger pasajeros.
De la violencia en los barrios ni
hablar, este es un tema de grandes proporciones con el que no han podido porque
sus tentáculos son aterradores.
Las familias, cada vez más
disfuncionales, están haciendo de la nuestra
una sociedad muy enferma, en la que niños y jóvenes llevan la peor parte.
Así las cosas, cuando uno se
entera de que un padre de la Patria, supuestamente es el autor de unos twiter vergonzosos,
en los que trata a otro político con palabras del más grueso calibre, le dice
asqueroso y lo reta a duelo dándole la gabela de que escoja el arma para que
solucionen el asunto de una vez, se pierde cualquier esperanza de ver algún día
a nuestro país en paz y los espíritus desarmados.
(Publicado en
www.elportaldeclaudiaposada,blogspot.com)