Había que ver la transmisión del debate de ayer desde la Comisión
Segunda del Senado, el que, en mi sentir, dejó el mismo sabor
amargo de los tragos que pasamos a diario los colombianos.
Si el transcurrir –y resultados- de la campaña reciente por
la Presidencia de Colombia evidenció una fuerte polarización de
convicciones, la conclusión de lo visto ayer es el endurecimiento de
tales posturas a favor y en contra del exmandatario, hoy
Senador, Uribe. El deseo sincero hacia la búsqueda de la verdad se relegó para
dar paso a las defensas propias y de terceros. No se debatieron argumentos sino
que se atacaron personas.
Oímos argumentaciones inspiradas en todo tipo de motivaciones, desde los
sentimientos personales, emocionales, hasta los más virulentos y rencorosos,
sin faltar los fastidiosamente cínicos.
El lenguaje y tono de algunas señoras, de lado y lado, riñe bastante con
la necesaria mesura que exige el tema esencial –tan sumamente delicado- del
debate, y las implicaciones del mismo; lo cual no quiere decir que
esperábamos planteamientos en los que “se dore la píldora”.
Por su parte los señores –sin referirme a citante y citado- permitieron
con sus exposiciones recordar acontecimientos históricos que precisamente por
dolorosos no podemos olvidar a la hora de pedir y rendir cuentas. Serenos
algunos, conciliadores pocos, mordaces los más. Y tampoco quiere decir que, conciliador, sea
lo mismo que pusilánime; no, es que las virtudes del conciliador son esas que
encontramos en declaraciones y escritos del Papa Francisco, por ejemplo, quien
sabe decir francas verdades sin veneno. (Bueno, no es que esperara
símiles del Papa, no, ni de cardenales siquiera, no era el Vaticano sino el
Congreso, pero sí hubiera sido un gran avance por lo menos más respeto
y menos ponzoña).
En todo caso, después de tanta expectativa, los colombianos del montón
que queríamos tener elementos para no caer en posturas subjetivas,
terminamos confirmando que definitivamente en la clase política hay escasos
ejemplos de decencia y sinceridad, y muchos de habilidosa monserga.