Una
de mis periodistas preferidas en Colombia es María Jimena Duzán, ella hace periodismo
del bueno a mi modo de ver y es
muy valiente con sus apreciaciones; en
general los artículos de opinión en
nuestro país son muy interesantes, pero para mí los de María Jimena están entre
los mejores.
Pocas
veces estoy en desacuerdo con las opiniones de la periodista Duzán, quien su más reciente artículo publicado en la Revista Semana tituló: ¿De qué Medellín
hablamos?. Respeto plenamente lo expuesto por ella en su columna, aunque
difiero totalmente con algunos apartes.
Somos
muy dados a “hablar del baile según nos
vaya en él”. En todas las ciudades del
mundo hay gente que habla bien y residentes que hablan mal de sus “vivideros”.
Medellín no es la excepción, igual sucede en Bogotá a donde han recibido a miles de foráneos que buscan mejor vida,
así como llegan a los municipios del área metropolitana del Valle del Aburrá, y entonces a unos les va bien y hablan maravillas
de la ciudad que los acogió, y otros hablan pestes pues sufren los rigores de
un sin número de situaciones que igual se
padecen en tantos lugares de muchos países.
No
he estado en Cúcuta más de cuatro días en mi vida, y sin embargo pasé dos sustos:
En la puerta del Hotel, mientras pagaba en la recepción, sacaron mis maletas
del carro y me dejaron apenas con lo que tenía puesto; y otro día caminando por
una de sus calles me quitaron los aretes sin el más mínimo dolor, es decir, con
manos de seda (cuando las mujeres todavía chicaneábamos con alhajas de oro y
perlas originales). Sin embargo, no puedo afirmar que la capital de Norte de
Santander es un atracadero. En cambio nací y me crie en Medellín y nunca he
sido víctima de un atraco; por lo anterior no puedo asegurar tampoco que en la
capital antioqueña no hay atracadores.
El
crecimiento desordenado de las grandes
ciudades colombianas, en donde cabe culpa a distintos sectores, hace que las crisis sociales se agudicen y aparezcan
problemas tan graves como los de Medellín. Lo de la prostitución por ejemplo, ejercida
en algunos sectores bajo las condiciones
impuestas por unos “patronos” que intervienen en ella utilizando prácticas degradantes, fue
denunciado hace años por el Concejal Luis Bernardo Vélez, médico que ha
investigado el tema y luchado desde su curul de manera ejemplar para que se le
oiga y se tomen medidas eficaces que por lo menos atajen las perores formas del negocio reprochable de
la explotación sexual a menores.
Pero desde luego que “Hablar de Medellín
sin ser paisa es casi un sacrilegio” no es
del todo cierto, es una exageración de la excelente periodista Duzán, creo que
para significar que de nosotros no se puede hablar mal porque somos muy regionalistas.
Frente al
documental sobre la capital antioqueña transmitido por el canal 4 de Londres,
realizado por el periodista peruano Guillermo Galdos, hubo
posiciones diversas, no se trata pues de que casi todos aquí le hacemos coro al
“…discurso idílico que se ha ido
asentando en el imaginario de la mayoría de los paisas…”, no.
Por otra
parte, el “pecado”
que cometió el reportero no fue informar sobre una verdad, ni riesgos, ese es nuestro deber; más bien, su
falta de sentido común fue publicar una de las realidades negativas nuestras
con semejante titular: “Medellín, el burdel más grande del mundo”.
Al respecto, el autor del reportaje dijo a la W Radio: “Cualquier título que
se le hubiese puesto hubiese sido sensacionalista, así se presente como
‘Blancanieves’ iba a generar controversia, no es normal que una sociedad que se
las da de las más modernas de América lo permita. En Londres no se ven niñas de
10 años prostituyéndose en las calles ni ofreciendo servicios sexuales”.
En las redes sociales
se dispararon los comentarios a favor de la capital antioqueña, sí, claro, pero
eso tampoco es “pecado”. Es que no podemos aceptar
que se meta a nuestra ciudad toda, en semejante costal tan vergonzoso, sin tener la
mínima delicadeza con sus habitantes. Se trataba de un informe periodístico, no
se trató de un artículo de opinión en el que titular es otra cosa.
La verdad
es que nuestra ciudad ha crecido tanto, en todo sentido, para lo bueno y para
lo malo, que ciertamente no podemos compararnos con Londres, allí son muy organizados,
entre otras, las prostitutas están unidas
a través de asociaciones como la ECP (Colectivo Inglés de Prostitutas) que
existe para que se les respete su derecho al trabajo. Y en cuanto a los niños, desde
luego se les respetan sus derechos, no se les vulneran de manera infame como en
Colombia.
En
Londres, el Barrio Sojo, uno de los más turísticos de esa ciudad, es la zona
que alberga la actividad ejercida bajo la modalidad de casas de citas, es
decir, sitios en los que se concentran las trabajadoras sexuales en espera de
los clientes, es lo que prevalece en la
capital del Reino Unido. Aquí, en cambio, los servicios se ofrecen en la calle
y bajo la influencia, de alguna manera, de los dueños de territorios en toda la ciudad. Ah,
y hay otra modalidad que tal vez tampoco existe en Londres y por eso quizás
impresionó tanto al reportero peruano: Un taxista de la capital antioqueña, muy
“amablemente” le presentó en su celular las imágenes de algunas trabajadoras
sexuales que él recomienda.
¿Innovación?
Si es así, seguro no es la que nos enorgullece, tenemos gente maravillosamente
creativa que se inventa formas de percibir ingresos de manera muy decente,
honrada y sin perjudicar a los demás, mucho menos vulnerando los derechos de
niños y jóvenes, o violentándolos. Tenemos combos tenebrosos, corruptela infiltrada
hasta donde menos lo pensamos, inseguridad, narcotráfico, prostitución, en fin,
problemas que cogieron ventaja en Medellín y que pueden existir en otras
ciudades grandes, medianas y pequeñas de Colombia y el mundo.
Lo de la prostitución
infantil, indudablemente, debe ser
cuanto antes atendido por las autoridades, sin dilación alguna.