martes, 30 de septiembre de 2014

MEDELLÍN: UN BUEN VIVIDERO CON PROBLEMAS GRAVES

Una de mis periodistas preferidas en Colombia es María Jimena Duzán, ella hace  periodismo  del bueno a mi modo de ver  y es muy valiente con sus apreciaciones;  en general los  artículos de opinión en nuestro país son muy interesantes, pero para mí los de María Jimena están entre los mejores.
Pocas veces estoy en desacuerdo con las opiniones de la periodista Duzán,  quien su más reciente artículo publicado en  la Revista Semana tituló: ¿De qué Medellín hablamos?. Respeto plenamente lo expuesto por ella en su columna, aunque difiero totalmente con algunos apartes.
Somos muy dados  a “hablar del baile según nos vaya en él”.  En todas las ciudades del mundo hay gente que habla bien y residentes que hablan mal de sus “vivideros”. Medellín no es la excepción, igual sucede en Bogotá a donde han  recibido a miles de foráneos que buscan mejor vida, así como llegan a los municipios del área metropolitana del Valle del Aburrá,  y entonces a unos les va bien y hablan maravillas de la ciudad que los acogió, y otros hablan pestes pues sufren los rigores de un sin número  de situaciones que igual se padecen en tantos lugares de  muchos países.
No he estado en Cúcuta más de cuatro días en mi vida, y sin embargo pasé dos sustos: En la puerta del Hotel, mientras pagaba en la recepción, sacaron mis maletas del carro y me dejaron apenas con lo que tenía puesto; y otro día caminando por una de sus calles me quitaron los aretes sin el más mínimo dolor, es decir, con manos de seda (cuando las mujeres todavía chicaneábamos con alhajas de oro y perlas originales). Sin embargo, no puedo afirmar que la capital de Norte de Santander es un atracadero. En cambio nací y me crie en Medellín y nunca he sido víctima de un atraco; por lo anterior no puedo asegurar tampoco que en la capital antioqueña no hay atracadores.
El crecimiento desordenado de las  grandes ciudades colombianas, en donde cabe culpa a distintos sectores, hace que  las crisis sociales se agudicen y aparezcan problemas tan graves como los de Medellín. Lo de la prostitución por ejemplo, ejercida en algunos sectores  bajo las condiciones impuestas por unos  “patronos” que  intervienen  en ella utilizando prácticas degradantes, fue denunciado hace años por el Concejal Luis Bernardo Vélez, médico que ha investigado el tema y luchado desde su curul de manera ejemplar para que se le oiga y se tomen medidas eficaces que por lo menos atajen  las perores formas del negocio reprochable de la explotación sexual a menores.
Pero desde luego que “Hablar de Medellín sin ser paisa es casi un sacrilegio” no es del todo cierto, es una exageración de la excelente periodista Duzán, creo que para significar que de nosotros no se puede hablar mal porque somos muy regionalistas.
Frente al documental sobre la capital antioqueña transmitido por el canal 4 de Londres, realizado por el periodista peruano Guillermo Galdos,   hubo posiciones diversas, no se trata pues de que casi todos aquí le hacemos coro al “…discurso idílico que se ha ido asentando en el imaginario de la mayoría de los paisas…”, no.
Por otra parte,   el “pecado” que cometió el reportero no fue informar sobre una verdad,  ni riesgos, ese es nuestro deber; más bien, su falta de sentido común fue publicar una de las realidades negativas nuestras con  semejante titular: “Medellín, el burdel más grande del mundo”. Al respecto,  el  autor del reportaje dijo a la W Radio: Cualquier título que se le hubiese puesto hubiese sido sensacionalista, así se presente como ‘Blancanieves’ iba a generar controversia, no es normal que una sociedad que se las da de las más modernas de América lo permita. En Londres no se ven niñas de 10 años prostituyéndose en las calles ni ofreciendo servicios sexuales”.
En las redes sociales se dispararon los comentarios a favor de la capital antioqueña, sí, claro, pero eso tampoco es “pecado”. Es que no podemos aceptar que se meta  a nuestra ciudad toda,  en semejante costal tan vergonzoso, sin tener la mínima delicadeza con sus habitantes. Se trataba de un informe periodístico, no se trató de un artículo de opinión en el que titular es otra cosa.
La verdad es que nuestra ciudad ha crecido tanto, en todo sentido, para lo bueno y para lo malo, que ciertamente no podemos compararnos con Londres, allí son muy organizados,  entre otras, las prostitutas están unidas a través de asociaciones como la ECP (Colectivo Inglés de Prostitutas) que existe para que se les respete su derecho al trabajo. Y en cuanto a los niños, desde luego se les respetan sus derechos, no se les vulneran de manera infame como en Colombia.
En Londres, el Barrio Sojo, uno de los más turísticos de esa ciudad, es la zona que alberga la actividad ejercida bajo la modalidad de casas de citas, es decir, sitios en los que se concentran las trabajadoras sexuales en espera de los clientes, es lo que prevalece  en la capital del Reino Unido. Aquí, en cambio, los servicios se ofrecen en la calle y bajo la influencia, de alguna manera, de  los dueños de territorios en toda la ciudad. Ah, y hay otra modalidad que tal vez tampoco existe en Londres y por eso quizás impresionó tanto al reportero peruano: Un taxista de la capital antioqueña, muy “amablemente” le presentó en su celular las imágenes de algunas trabajadoras sexuales que él  recomienda.
¿Innovación? Si es así, seguro no es la que nos enorgullece, tenemos gente maravillosamente creativa que se inventa formas de percibir ingresos de manera muy decente, honrada y sin perjudicar a los demás, mucho menos vulnerando los derechos de niños y jóvenes, o violentándolos. Tenemos combos tenebrosos, corruptela infiltrada hasta donde menos lo pensamos, inseguridad, narcotráfico, prostitución, en fin, problemas que cogieron ventaja en Medellín y que pueden existir en otras ciudades grandes, medianas y pequeñas de Colombia y el mundo.
Lo de la prostitución infantil, indudablemente,  debe ser cuanto antes atendido por las autoridades, sin dilación alguna.