Para
algunos analistas políticos, una de sus conclusiones a la luz de los resultados de la jornada electoral de este 25 de octubre, en lo que respecta a Medellín y Antioquia, es
dar como perdedores a Uribe y a Fajardo. Discrepo de esa opinión.
El
expresidente Álvaro Uribe no ganó ni alcaldía ni gobernación, pero le puso al Concejo
de Medellín seis concejales que en lista cerrada alcanzaron curul simplemente
porque llevaba la marca del CD. Ni idea, para la gran mayoría de sus electores,
quiénes la conformaban, pero no importó, votaban por esa lista y punto. Así entra
a esta corporación gente nueva, jóvenes deseosos de cumplirle a la ciudadanía, pero
sobre todo a su jefe político.
Ganó
Uribe, también salió airoso con el resultado de la Asamblea pese a que era lista de voto preferente y por lo tanto el
esfuerzo individual era infinitamente superior, así y todo lograron siete curules. Gracias a la
estrategia de repartirse las subregiones defendiendo las tesis de Uribe, arrasaron.
El
mismo fenómeno no se vio para el caso de la alcaldía en la capital antioqueña,
sin embargo aquí tampoco perdió Uribe. Juan
Carlos Vélez, quien creyó que el impulso del exmandatario que lo encaramó en
las encuestas era suficiente hasta el día de las elecciones, no calculó el oxígeno
que debía agregar de su parte, así que muy poco hizo por sostenerse arriba con
esfuerzos propios. Un hombre de bien que
no supo empoderarse de su papel y menos comunicar las promesas que lo
diferenciaran; se confió dado el respaldo de quien sigue siendo el líder más admirado
por una inmensa mayoría de electores en Medellín.
El
elevado número de votos que sacó Andrés Guerra confirma el respaldo de los
antioqueños al Senador Álvaro Uribe, además, al contrario de Juan Carlos Vélez,
Guerra Hoyos genera empatía y cautiva con su discurso, así no sea de gran
profundidad lo que diga, lo que en él no es debilidad sino fortaleza pues le
imprime calidez.
Sergio
Fajardo, hace de su capacidad de comunicar, su mejor arma. Su candidato Federico
Restrepo, en cambio, hombre de trayectoria y ejecuciones indudables,
no logró acercarse a los potenciales electores, con la “familiaridad” (o artificios
más bien) que caracteriza a la los políticos y que tanto cuenta para conquistar
votos. Recordemos que a votar mueven más las emociones que el raciocinio.
El
mandatario actual de los antioqueños, Fajardo Valderrama, trabaja con dedicación y sincero compromiso por
el mejoramiento de sectores antes desatendidos; solamente sus detractores
niegan lo evidente: una gestión muy importante que sensibilizó de manera
distinta a los jóvenes, llevándolos a un valioso interés por la educación como
herramienta para las oportunidades. Fajardo exige a sus colaboradores tan altos
resultados, que inclusive los tiene, máxime
a estas alturas, extenuados. Un aspecto que debilita una de las variables más
importantes del entorno laboral es el clima organizacional, así que me atrevo a
decir que en su Administración, no sería
raro que aumentaran las incapacidades
por altos niveles de estrés.
Fajardo
no perdió (tiene Alcalde a partir del 2016, como lo tiene Uribe aunque muy pocos uribistas
votaron por él) un alto porcentaje de
quienes dieron su voto en favor de Federico Gutiérrez es fajardista. A Salazar
lo acompañaron hasta el final y con el voto, los “alonsistas” puros, aquellos
que lo aprecian y admiran por su talante e inteligencia, independientemente de quién
lo avale, de sus debilidades de personalidad
o carácter.
Los
fajardistas entendieron que el guiño del matemático finalmente era por Gutiérrez
y lo siguieron sin duda. ¿Quién perdió entonces? Su candidato Federico Restrepo
que a pesar de ser impecable ciudadano,
hombre de gestión y capacidades indiscutibles, no tiene de político ni un pelo
de su blanca e ilustre cabeza. Esto confirma que Restrepo se aparta de una de las características más comunes entre los políticos:
“Suscitar esperanzas, aunque después se
desvanezcan”. Federico Restrepo no es de discursos construidos para engatusar.
Uribe
y Fajardo poseen el teflón que los protege
de la crítica. Quienes creen en ellos no
aceptan maledicencias, vengan de donde vengan, y por lo tanto no las creen. Esa
es una de las particularidades de los líderes,
por eso no encajan en el común de los demás, de ahí que no pocas veces resultan
fenómenos electorales cuando se meten en la lucha por el poder.
Pero
a diferencia de Uribe, Fajardo no tiene equipo, tiene amigos, y ellos lo
protegen de la “contaminación” del pueblo encerrándolo en una campana de
cristal para que ninguno otro por fuera de los mismos, se involucre en su vida pública.
El uribismo en cambio abrió puertas y conformó listas. El fajardismo no sacó
listas propias pues eso exigiría actitud abierta.
El
elector independiente, aquel que no vota “amarrado” en Medellín, logró el
objetivo esta vez para Federico Gutiérrez, un político fresco, simpático, descomplicado
y con lenguaje propio. Gutiérrez si tuvo equipo, a él se acercaron universitarios
y profesionales jóvenes con deseos de hacer parte de la renovación política que
el Alcalde electo no proclamó en campaña pero sí encarnó, él fue
receptivo y abrió las puertas generosamente y sin egoísmos para dar
oportunidades.
La
actitud serena y no beligerante con la que apareció desde comienzos de su
campaña el hoy gobernador electo, le granjeo interesantes y vastas simpatías,
muchos de sus contradictores de otros momentos, depositaron esta vez su
confianza en el nuevo Luis Pérez. Nunca se ha dudado de las capacidades e
inteligencia del mandatario que tendrá Antioquia a partir del 1 de enero de
2016, aunque fue mucha la resistencia que se atravesó en su propósito.
¿Cuál es entonces la debilidad de Pérez Gutiérrez?
El otro extremo de los fajardistas: tanta apertura a la clase política que
llegan a él buenos, malos y regulares en cuanto a pulcritud y valores.
Con
Pérez ahora conciliador, esquivo a la pelea, deseoso de gerenciar para los sectores urbanos y rurales de los pequeños
y medianos municipios, con el sano afán de
atajar las migraciones hacia la capital del Departamento, situación tan inconvenientes para las gentes y
para la ciudad misma, está claro
que dará prioridad a proyectos para
potenciar las localidades y crear condiciones que permiten progresar sin necesidad de los penosos desarraigos a los
que se acude en busca de mejor calidad de vida y oportunidades.
Y
con Gutiérrez, quien por naturaleza es ajeno a los conflictos, además exteriorizando sinceridad
en el discurso que cautivó a sus electores, en Antioquia y Medellín se respiran expectativas grandes.
Más
retos y tropiezos le esperan a Federico Gutiérrez que a Luis Pérez; por fortuna
otra de las cualidades del Alcalde electo es la humildad, así que seguramente
no dudará en recurrir a dos amigos quienes, desde estilos muy distintos y
prioridades bien diferentes, con sus caminos recorridos, Uribe y Fajardo, pueden
ayudarle para que oyéndolos, aunque
tomando sus propias decisiones pues es clara su independencia, resuelva por lo
menos algunos de los graves problemas sociales que golpean a Medellín.
Estamos
tan hartos de actitudes bélicas, violencias de todo tipo, lenguaje agresivo,
reacciones irritadas e irritantes y una guerra cincuentona que nos agobia día tras
día, que nada raro sería encontrarnos con que la explicación a los sorpresivos
resultados de este 25 de octubre en las urnas, sean la demostración de cuánto
anhelamos riendas más serenas y conciliadoras, tal cual así vimos a Luis Pérez
y a Federico Gutiérrez en sus respectivas campañas. Ninguno de los dos aceptó polémicas
o meterse en rencillas y no se dejaron “toriar”.