martes, 27 de octubre de 2015

NO SE DEJARON "TORIAR"

Para algunos analistas políticos, una de sus conclusiones a la luz de los resultados de la jornada electoral de este 25 de octubre, en lo que respecta a Medellín y Antioquia, es dar como perdedores a Uribe y a Fajardo. Discrepo de esa opinión.

El expresidente Álvaro Uribe no ganó ni alcaldía ni gobernación, pero le puso al Concejo de Medellín seis concejales que en lista cerrada alcanzaron curul simplemente porque llevaba la marca del CD. Ni idea, para la gran mayoría de sus electores, quiénes la conformaban, pero no importó, votaban por esa lista y punto. Así entra a esta corporación gente nueva, jóvenes deseosos de cumplirle a la ciudadanía, pero sobre todo a su jefe político.

Ganó Uribe, también salió airoso con el resultado de  la Asamblea  pese a que  era lista de voto preferente y por lo tanto el esfuerzo individual era infinitamente superior, así y todo  lograron siete curules. Gracias a la estrategia de repartirse las subregiones defendiendo las tesis de Uribe,  arrasaron.

El mismo fenómeno no se vio para el caso de la alcaldía en la capital antioqueña, sin embargo aquí tampoco perdió Uribe.  Juan Carlos Vélez, quien creyó que el impulso del exmandatario que lo encaramó en las encuestas era suficiente hasta el día de las elecciones, no calculó el oxígeno que debía agregar de su parte, así que muy poco hizo por sostenerse arriba con esfuerzos propios.  Un hombre de bien que no supo empoderarse de su papel y menos comunicar las promesas que lo diferenciaran;  se confió dado el  respaldo de quien sigue siendo el líder más admirado por una inmensa mayoría de electores en Medellín.  

El elevado número de votos que sacó Andrés Guerra confirma el respaldo de los antioqueños al Senador Álvaro Uribe, además, al contrario de Juan Carlos Vélez, Guerra Hoyos genera empatía y cautiva con su discurso, así no sea de gran profundidad lo que diga, lo que en él no es debilidad sino fortaleza pues le imprime calidez.

Sergio Fajardo, hace de su capacidad de comunicar, su mejor arma. Su candidato Federico Restrepo,  en cambio,  hombre de trayectoria y ejecuciones indudables, no logró acercarse a los potenciales electores, con la “familiaridad” (o artificios más bien) que caracteriza a la los políticos y que tanto cuenta para conquistar votos. Recordemos que a votar mueven más las emociones que el raciocinio.

El mandatario actual de los antioqueños, Fajardo Valderrama,  trabaja con dedicación y sincero compromiso por  el mejoramiento de sectores antes  desatendidos; solamente sus detractores niegan lo evidente: una gestión muy importante que sensibilizó de manera distinta a los jóvenes, llevándolos a un valioso interés por la educación como herramienta para las oportunidades. Fajardo exige a sus colaboradores tan altos resultados,  que inclusive los tiene, máxime a estas alturas, extenuados. Un aspecto que debilita una de las variables más importantes del entorno laboral es el clima organizacional, así que me atrevo a decir que  en su Administración, no sería raro que  aumentaran las incapacidades por altos niveles de estrés.


Fajardo no perdió (tiene Alcalde a partir del 2016,  como lo tiene Uribe aunque muy pocos uribistas votaron por él) un alto porcentaje de  quienes dieron su voto en favor de Federico Gutiérrez es fajardista. A Salazar lo acompañaron hasta el final y con el voto, los “alonsistas” puros, aquellos que lo aprecian y admiran por su talante e inteligencia, independientemente de quién lo avale,  de sus debilidades de personalidad o carácter.

Los fajardistas entendieron que el guiño del matemático finalmente era por Gutiérrez y lo siguieron sin duda. ¿Quién perdió entonces? Su candidato Federico Restrepo que a pesar de ser  impecable ciudadano, hombre de gestión y capacidades indiscutibles, no tiene de político ni un pelo de su blanca e ilustre cabeza. Esto confirma que Restrepo se aparta de una de  las características más comunes entre los políticos: “Suscitar esperanzas, aunque después  se desvanezcan”. Federico Restrepo no es de discursos construidos para engatusar.

Uribe y Fajardo poseen el teflón que los  protege de la  crítica. Quienes creen en ellos no aceptan maledicencias, vengan de donde vengan, y por lo tanto no las creen. Esa es una de las particularidades  de los líderes, por eso no encajan en el común de los demás, de ahí que no pocas veces resultan fenómenos electorales cuando se meten en la lucha por el poder.

Pero a diferencia de Uribe, Fajardo no tiene equipo, tiene amigos, y ellos lo protegen de la “contaminación” del pueblo encerrándolo en una campana de cristal para que ninguno otro por fuera de los mismos, se involucre en su vida pública. El uribismo en cambio abrió puertas y conformó listas. El fajardismo no sacó listas propias pues eso exigiría actitud abierta.  

El elector independiente, aquel que no vota “amarrado” en Medellín, logró el objetivo esta vez para Federico Gutiérrez, un político fresco, simpático, descomplicado y con lenguaje propio. Gutiérrez si tuvo equipo, a él se acercaron universitarios y profesionales jóvenes con deseos de hacer parte de la renovación política que el Alcalde electo  no  proclamó en campaña pero sí encarnó, él fue receptivo y abrió las puertas generosamente y sin egoísmos para dar oportunidades.

La actitud serena y no beligerante con la que apareció desde comienzos de su campaña el hoy gobernador electo, le granjeo interesantes y vastas simpatías, muchos de sus contradictores de otros momentos, depositaron esta vez su confianza en el nuevo Luis Pérez. Nunca se ha dudado de las capacidades e inteligencia del mandatario que tendrá Antioquia a partir del 1 de enero de 2016, aunque fue mucha la resistencia que se atravesó en su propósito.

 ¿Cuál es entonces la debilidad de Pérez Gutiérrez? El otro extremo de los fajardistas: tanta apertura a la clase política que llegan a él buenos, malos y regulares en cuanto a pulcritud y valores.

Con Pérez ahora conciliador, esquivo a la pelea, deseoso de gerenciar para  los sectores urbanos y rurales de los pequeños y medianos municipios, con  el sano afán de atajar las migraciones hacia la capital del Departamento,  situación tan inconvenientes para las gentes y para la ciudad misma,  está claro que  dará prioridad a proyectos para potenciar las localidades y crear condiciones que permiten progresar  sin necesidad de los penosos desarraigos a los que se acude en busca de mejor calidad de vida y oportunidades.

Y con  Gutiérrez, quien por naturaleza es  ajeno a los conflictos, además exteriorizando sinceridad en el discurso que cautivó a sus electores, en Antioquia y  Medellín se respiran expectativas grandes.

Más retos y tropiezos le esperan a Federico Gutiérrez que a Luis Pérez; por fortuna otra de las cualidades del Alcalde electo es la humildad, así que seguramente no dudará en recurrir a dos amigos quienes, desde estilos muy distintos y prioridades bien diferentes, con sus caminos recorridos, Uribe y Fajardo, pueden  ayudarle para que oyéndolos, aunque tomando sus propias decisiones pues es clara su independencia, resuelva por lo menos algunos de los graves problemas sociales que golpean a Medellín.


Estamos tan hartos de actitudes bélicas, violencias de todo tipo, lenguaje agresivo, reacciones irritadas e irritantes y una guerra cincuentona que nos agobia día tras día, que nada raro sería encontrarnos con que la explicación a los sorpresivos resultados de este 25 de octubre en las urnas, sean la demostración de cuánto anhelamos riendas más serenas y conciliadoras, tal cual así vimos a Luis Pérez y a Federico Gutiérrez en sus respectivas campañas. Ninguno de los dos aceptó polémicas o meterse  en  rencillas y no se dejaron “toriar”.