miércoles, 24 de abril de 2019

ESCASEZ DE CANDIDATOS IDÓNEOS

 Al día siguiente de la posesión de Federico Gutiérrez como alcalde de Medellín, es decir, el 2 de enero de 2016, el editorial de El Colombiano, en alguno de sus apartes decía con respecto al mayor reto del gobernante local, dadas las características de la capital antioqueña, que “…se trata de una misión superior en una ciudad que busca eliminar alianzas siniestras…”. En la misma fecha, por nuestra parte, escribimos: “Erradicar el mal al que se refiere el medio antioqueño, no es un desafío muy difícil de lograr, es más bien imposible. A mi modo de ver (y no por simple pesimismo o desconfianza frente al nuevo mandatario) son varias las razones que hacen de ese propósito un objetivo inalcanzable: Cogió mucha ventaja (el mal), las alianzas son además de perversas, inescrupulosas, o son obligadas; y lo peor es que la ambición, como madre de la corruptela, engendra la traición. (Traición que no es precisamente de los amigos, es a los principios que se juran respetar por encima inclusive de la propia vida)”.

 A ocho meses de terminarse la administración del ingeniero Federico Gutiérrez, nos duele reafirmarnos en lo escrito cuando comenzaba aquel 2016 mientras pensábamos en la inmediata puesta en marcha de los planes del nuevo alcalde; él deseaba, firmemente, cumplir sus promesas de campaña para estar satisfecho al culminar este 2019. En ese entonces dijimos, en El Portal de Claudia Posada, retomando el editorial en mención con respecto al mayor compromiso de Gutiérrez y las expectativas creadas en cuanto a su nombre, corta trayectoria pública pero notoria, “frescura” y cordialidad, esto: “Creo en Federico Gutiérrez y en su palabra; él (es) un político distinto, afable, descomplicado y lleno de buenas intenciones para bien de Medellín y sus habitantes; a él no le interesan las metas egoístas que a veces obnubilan a los mandatarios, quiere logros para satisfacciones colectivas, pero si su gran reto es “eliminar alianzas siniestras” en ese aspecto lamentablemente va a fracasar; hasta al propio Jesucristo le iba quedando duro cumplir su plan porque se le infiltró Judas”.

 Y es que a propósito de lo que recordamos en cada Semana Santa, particularmente en la re-creación de la Última Cena, se nos presenta una mesa presidida por el líder acompañado de quienes allí debían estar y ser leales a sus mandatos; sin embargo, Jesús sabe que entre ellos está el traidor. Es así que hoy, ya no nos imaginamos al mandatario fijando objetivos y metas de acuerdo con sus planes, sino al alcalde frustrado en sus deseos; y quizás ahora con la certeza de que no fue suficiente su buena voluntad, ni el ímpetu para orientar los objetivos a cumplir; es decir, con conocimiento de causa, él podrá asegurar, tal vez, que hay traidores al deber, a las obligaciones e instituciones, y son ellos quienes impiden llevar a cabo lo prometido a la ciudadanía.

“Romper aquellas cadenas de ambición, las que en algunos casos están mezcladas con el miedo o la amenaza, y meterse con quienes actúan soterradamente encubriendo verdaderos fines, es como tratar de sacarle el veneno a una serpiente a punta de besos, o arrancarle la piel a un lobo hambriento con mensajes subliminales”. Lo dijimos en otro párrafo del artículo publicado el 2 de enero de 2016. Judas entonces, podríamos decir, representa a todos aquellos que de alguna manera se atraviesan en los logros de un mandatario, por satisfacer deseos particulares.

 La corrupción ha existido siempre, existe en Colombia de manera desbordada y en ella juegan todo tipo de traiciones: Se venden ideología y conciencias; se encubren fechorías, o se participa en ellas; se maquinan perversidades que afectan el erario, y se miente por coimas. Traicionan aquellos que hacen tratos “chuecos” desde lo público, con los privados; los que desde sus curules benefician a los poderosos a cambio de recompensas jugosas; los que dicen ajustarse el sueldo por debajo de cuerda, porque es irrisorio.

La corrupción siempre existirá, y existe ahora porque se acabaron los escrúpulos, la honradez pasó de moda, y el honesto es un “pendejo”. Entre ciertos grupos poblacionales, se ridiculiza la decencia y se enaltece la “viveza”. La niñez y la juventud se forman en familias ambiciosas que aceptan ingresos mal habidos, con cierta complacencia irresponsable que corresponde a mentalidades que ignoran el daño que hacen a la sociedad, creen que su satisfacción -indudablemente banal - es inocua, o no les importan las consecuencias.

 Y ni qué decir de quienes, no siendo tan ignorantes, perteneciendo por lo demás, algunos de ellos, a clases privilegiadas económica o socialmente -metidos en la política para aumentar sus pequeñas o grandes fortunas- se las dan de “café con leche” y vociferan sandeces para tapar sus ambiciones corruptas.

En tal escenario de corruptela ¿Qué creen que pueden hacer limpiamente por las comunidades, los candidatos a concejos y asambleas, lo mismo que a las alcaldías y gobernaciones, la gran mayoría de aspirantes que están ofertando sus nombres, sin evaluar las escasas fortalezas que tienen para responder adecuadamente a ocupaciones de tan alta responsabilidad, como es el caso, por ejemplo, para Medellín y Antioquia? ¿Cómo van a responder a las presiones, sin el “vuelo” suficiente para enfrentar problemas graves ligados a la corrupción, para alcanzar los logros que les sean esquivos?

Esperemos para mayo, o en junio a más tardar, que esté decantado el abanico de aspirantes. Si no hubo suficiente meditación en Semana Santa, que sea en Pentecostés; con la colaboración del Espíritu Santo, confiamos en que las reflexiones nos eviten mandatarios y curules sin idoneidad, escasos de talento, cortos de inteligencia, o ilusos. Los necesitamos, particularmente para la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, con amplia y calificada trayectoria, experiencia en el manejo de conflictos, solvencia en los conocimientos o el saber, habilidades de negociador, reconocimiento ético, mucha decencia y carácter.

(Publicado el 23 de abril en El Reverbero de Juan Paz)