· OPINION
juanpaz 25 Julio, 2020
Por Claudia
Posada
Aplaudimos el enfoque que la actual Administración Municipal de Medellín
ha dado a la razón de ser de Ruta N, en consonancia con su objetivo, misión y
visión institucionales. Se percibe el interés de generar empleo relacionado con
ciencia, tecnología e innovación, para lo cual, aseguran, darán prioridad a
programas de investigación – los que buena falta
hacen- considerando que han carecido de financiación para el
desarrollo que necesita la ciudad, de suerte que la dependencia en
mención, esta vez, será fortalecida con recursos importantes. Dijo por estos
días el Secretario de Desarrollo Económico, Alejandro Arias García que “Ruta N
debe ser capaz de activar la tecnología digital al servicio de la calidad de
vida y la creación de ecosistemas de innovación, integrando la tecnología
existente a través de un diálogo inteligente entre el mundo físico y el del
espacio digital que permita visionar los modelos territoriales del futuro”.
Indudablemente esas palabras suenan muy bien y queremos creer que en ese
sentido se trabajará.
Por otra parte, hemos sabido de algunas dependencias municipales en las
que se pretende limitar recursos para programas que, si bien no suenan tan
cosmopolitas, están cumpliendo objetivos de bien económico para grupos
organizados laboral y socialmente, con el fin de seguir adelante con las
labores productivas que garantizan el sustento a los participantes que tienen
en ellas su único ingreso. Tal es el caso de emprendedores que desde
hace algunos años forman parte de cadenas de comercialización de productos del
campo (de las zonas rurales de la capital antioqueña) a los que artesanalmente
agregan valor, transformándolos en testimonios de la cocina ancestral de la
región. Para algunos servidores públicos, nuevos en las esferas del
poder local, las ocupaciones tradicionales que no sean tan atractivas como sí
lo son la Inteligencia Artificial, la Internet de las Cosas, Blockchain,
Desarrollo de Programación, Desarrollo de Apps, etc., parece que no ameritan
atención.
El asunto al que nos referimos justamente en este mismo medio de
información y opinión, el año pasado, cuando en una columna hablamos del reto
de las universidades en cuanto a educar conforme a las necesidades de formación
a pleno tono con el mundo moderno, significó que es necesario pensar en las
nuevas generaciones y su futuro laboral; pero sin desconocer que entre las
actuales, activas laboralmente, hay un sinnúmero de rebuscadores no
necesariamente ignorantes o carentes de iniciativa; los hay laboriosos, y
creativos con habilidades admirables a quienes la municipalidad no puede dejar
al garete caprichosamente. No se trata de objetar una gestión con
prioridades precisas como las necesarias, por ejemplo, para no quedarnos
rezagados con respecto a la Industria 4.0; así como tampoco pretender que se
frenen perspectivas en el horizonte de posibilidades para respuesta del sector
público, que eviten el anquilosamiento tan común cuando admiten la permanencia
de funcionarios negligentes, o nombran a similares solamente, en uno y otro
caso, por recomendación de… ¡Usted no sabe quién soy yo!
Por lo demás, bien vale la pena recordar, a propósito de la elección de las mesas directivas de Cámara y Senado este 20 de julio, cómo los dichosos acuerdos y motivaciones para determinada votación, cacareados como si fueran verdades mondas y lirondas, enmascaran intereses soterrados que tienen que ver como bien sabemos, con pretender ganarse otro escaño más arriba en las esfera de poder y decisión, aparentando el ánimo de servir a los buenos colombianos que se preparan con mucho esfuerzo y sacrificios y necesitan una oportunidad. Por igual, en los niveles territoriales, falacias parecidas sustentan los argumentos que esgrimen los políticos para jugársela en campaña electoral por Zutano o Mengano, cuando buscan compensaciones que acarician con afán: nombramientos, sin duda, a los que tienen derecho aunque no los necesiten para subsistir pues ya tienen y les sobra (para ahorrar).
Así que lo
cuestionable no es el cumplimiento de promesas personales, sino la desfachatez
con la que piden y dan sin importarles si están de por medio los méritos que
deberían valer por encima de los apetitos burocráticos que los atornillo en el
poder (a ellos y a su parentela). Para la clase política, casi en su totalidad,
no hay tales acuerdos programáticos; no es cierto que tal o cual matiz,
fracción, o mejor, partido (como lo señalan los reglamentos) se una a
determinado candidato por coincidencias ideológicas que los llevan a buscar
servir bajo un mismo esquema de entrega a los ciudadanos; no, quien crea
todavía en el ideal de servir desde el poder, está atrasado un siglo en la
interpretación del discurso político. Los ideales sociales se enterraron con
los idearios de partido.
Para los colombianos que se preparan con sacrificios, para quienes
logran triunfos académicos y son reconocidos entre los mejores perfiles de
excelentes personas, pero son ciudadanos del montón, no hay
burocracia en niveles altos que les permita cumplir sueños de bienestar personal
y colectivo; confórmense con conseguir un trabajito que seguramente es inferior
a sus expectativas y conocimientos pues le quedó faltando lo principal: Dado el
caso, poder gritar (gracias a los apellidos, o por obra y gracia del
jefe político): ¡Usted no sabe quién soy yo!